miércoles, 20 de julio de 2016

Un niñito molesto llamado Bolaño

Por Hinde Pomeraniec
La Nación, Argentina. 19.10.2015



Nació en Chile, se hizo adulto en México, fue padre en España, escribió y amó en todos lados, todo el tiempo. Se llamó Roberto Bolaño y murió en 2003, a los 50 años, muy enfermo y esperando un hígado de reemplazo, que no llegó. Su literatura -copiosa, refulgente, abrumadora- sigue ahí, iluminando almas que buscan tesoros en letra escrita. El de Bolaño fue y es un mundo original, con lengua y reglas propias, y sostenido por personajes que van y vienen por sus relatos y espacios físicos e íntimos que se reproducen y amplifican. Ingresar al mundo Bolaño es, también, fascinarse con una frase hallada en uno de sus infinitos cuadernos y exhibido en un documental por su esposa, escuchar la anécdota risueña de alguno de sus amigos contando alguna de sus bromas de humor negro, ver una foto o dos o diez del hombre miope y delgado con sus anteojos enormes y el cigarrillo eterno o revolver entre las frases textuales de la que fue su última entrevista -en donde dejó grandes claves acerca de su filosofía de vida- en busca de pistas que, además, consigan dar nueva luz a la obra del autor de Los detectives salvajes.

Una curiosidad: aquella última entrevista no llegó a partir de la insistencia de nadie, sino que fue una propuesta, casi un encargo final en forma de mail a Mónica Maristain, una periodista argentina radicada en México. Decía el correo enviado desde Blanes, en la Costa Brava, seguramente de madrugada.

Ay, Maristain: Aún respiro. Ya soy el segundo de la cola. Besos, Bolaño.
PD: ¿Por qué no hacemos una entrevista, ligera, levísima, frívola incluso -son las que más me gustan- casi póstuma?

La entrevista se publicó en Playboy el mismo mes de la muerte de Bolaño. De sus entrañas salieron muchas frases que hoy identifican al escritor, como que fue feliz "todos los días, al menos un ratito", que "casi nunca" pensaba en los lectores, que Borges, Bioy y Bustos Domecq eran algunas de las cosas que más lo divertían, que se sentía un escritor latinoamericano o que su única patria eran sus dos hijos. También en esa entrevista volvió a las declaraciones estridentes, como la diferencia "años luz" entre una escritora (Silvina Ocampo) y una escribidora (Marcela Serrano) y su renovado desprecio por la literatura de Isabel Allende o Paulo Coelho. "Ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio", sentenció al mejor estilo punk el escritor que sostenía que el tiempo de las novelas basadas en un argumento y en las formas lineales y archiconocidas de contar ese argumento ya había pasado.




Años después, la propia Maristain escribió Bolaño. El hijo de Míster Playa. No es un libro de crítica literaria, sino una biografía periodística, un retrato del escritor elaborado a partir de testimonios de personas que estuvieron cerca; familiares, amigos, vecinos y amores que, a través de recuerdos y anécdotas, permiten reconstruir diferentes épocas de su recorrido literario, hoja de ruta que va desde los tiempos en que Bolaño era el poeta revoltoso fundador del movimiento del Infrarrealismo en el DF mexicano al momento en que se convirtió en el premiado autor de culto que se aferraba a la literatura como tabla de salvación, mientras criaba en un pueblo de la playa a sus pequeños hijos y daba las puntadas finales a su legado. En la tapa del libro, hay una foto obtenida por el agudo ojo de Daniel Mordzinski, en donde se ve a un Bolaño mimetizado entre las hojas y mirando hacia un horizonte que se percibía cada vez más corto. "De Bolaño, lo mejor son sus libros. Sus personajes son compañeros de viaje de nuestras propias vidas", escribe hoy Maristain, también por mail, desde México, buscando separar el mito de la obra. "Es imposible no recordar la última entrevista, sus chistes, sus llamadas telefónicas y sobre todo su afán de robarte el corazón, y estar siempre presente: era como un niñito molesto que quería toda la atención", concluye.

Ese niñito molesto que hoy es leyenda alguna vez fue disléxico, escribió su primer cuento a los siete años y leía tanto que el médico le había recomendado dejar los libros para acabar con su obsesión. Pero el doctor no lo consiguió y hay lectores en todo el mundo que agradecen su fracaso. El testamento literario de Bolaño es 2666, voluminosa odisea en la que cuatro profesores de literatura van tras los pasos de un escritor alemán desaparecido y en donde, gracias a la audacia de un autor, temas como la Segunda Guerra, las migraciones y los femicidios de Ciudad Juárez (Santa Teresa, en la ficción) hacen estallar el género narrativo.

La palabra final de la novela es "México", país congelado en su memoria. País en donde la literatura se le había convertido en sangre y al que Bolaño, como una suerte de conjuro, nunca quiso volver.






jueves, 9 de junio de 2016

Seis (+ 1) razones por las que Roberto Bolaño es más divertido que ver televisión

Por Simón Posada
Univision.com, 04.03.2016




El escritor chileno es noticia ya que Alfaguara le quitó a la editorial Anagrama el privilegio de publicar sus libros. Nosotros, nos dedicamos a recopilar las razones por las que Bolaño promete más diversión que cualquier serie de televisión, incluyendo House of cards.


1. Bolaño usaba los libros como almohada

La figura de los escritores siempre ha estado asociada con personajes aburridos y estrictos, que creen que rayar los libros o dormirse leyendo es un pecado mortal. Pero Bolaño no era así, de hecho, a la revista Playboy México le dijo que “un libro es la mejor almohada que existe”. Y continuó: “…me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza”. Y también arremete contra la escritura y dice que, a pesar de que no le aburre escribir, conoce ocupaciones más divertidas: “ser atracador de bancos, por ejemplo. O director de cine. O gigoló. O ser niño otra vez y jugar en un equipo de fútbol más o menos apocalíptico. Desafortunadamente el niño crece, al atracador lo matan, el director se queda sin dinero y el gigoló enferma”.


2. Bolaño tiene zombis

Si usted es fan de The walking dead, entonces Roberto Bolaño tiene algo para usted. “El hijo del coronel” es un cuento en que el narrador cuenta que se siente identificado con una película de zombis, en la que una chica es mordida por un zombi, su novio trata de salvarla y, a su vez, el papá de él también intenta hacerlo. Bolaño se inspiró en la película Return of the living dead III para escribirlo.


3. Bolaño tiene blowjobs

Y muchos. “En el silencio del piso solo se escuchaba el chasquido de su lengua, la saliva que envolvía mi verga, sus dientes entre mis venas, su paladar rosado. ¡Su paladar rosado!”. Eso ocurre en Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. “Ella tenía mi verga en su boca, pero no apretándola, no chupándola, sino solo acariciándola con la punta de la lengua. La tenía como una pistola dentro de su funda. ¿Ves la diferencia?”, comentan en Los detectives salvajes sobre los blowjobs de María Font.


4. Bolaño sabe qué es tener sexo sin ganas

“Por la noche X lo invita a compartir su cama. B en el fondo no tiene ganas de acostarse con X, pero acepta. Por la mañana, al despertar, B está enamorado otra vez. ¿Pero está enamorado de X o está enamorado de la idea de estar enamorado?”. Eso ocurre en el libro Llamadas telefónicas.


5. Bolaño sabe hacerse el tonto

Nos lo explica muy bien en Los detectives salvajes: “23 de diciembre. Hoy no pasó nada. Y si pasó algo es mejor callarlo, pues no lo entendí”.


6. Bolaño amaba los sábados

“Me subo a la moto y atravieso las calles en donde gente más extraña que tú y que yo se prepara para pasar un sábado divertido, un sábado a la altura de sus expectativas, es decir un sábado triste y que no llegará jamás a encarnarse en lo que fue soñado, planeado con minuciosidad, un sábado como cualquier otro, es decir un sábado peleón y agradecido, bajito de estatura y amable, vicioso y triste”. En el cuento “Putas asesinas”, en el libro del mismo nombre.


7. Bolaño sabe decir mentiras

“Me siento como Pinocho”, dijo al recibir el Premio Rómulo Gallegos.





martes, 10 de mayo de 2016

Bolantes

Carlos Franz
El País, España. 16.10.2015




Escritor mayor aconsejando a uno más joven: “Lea a Cervantes”.
Escritor joven: “Me da lata. Prefiero a Bolaño”.
Escritor mayor: “Bueno, algo es algo. Al menos está leyendo a Bolantes”.
Escritor joven: “¿A quién?”.

En la obra de los buenos autores siempre encontramos a los grandes que vinieron antes. En Bolaño podemos leer a Cervantes. A diferencia de muchos de sus discípulos, el chileno seguramente lo sabía porque escribió: “Cervantes, que en vida fue menospreciado y tenido por menos, es nuestro más alto novelista”.

Esa adhesión no fue un mero peaje al Parnaso. El cervantismo de Bolaño lo hallamos confirmado en sus novelas mayores. Los detectives salvajes y 2666 son obras tan episódicas como el Quijote. En ambas conocemos una sucesión de aventuras que se justifican en sí mismas, sin que avance un argumento o trama progresiva. Además, tal como en el libro de Cervantes, en los de Bolaño también encontramos novelitas intercaladas e historias muy ajenas a la acción principal. La obra del manco de Lepanto y éstas del hepático de Blanes (Blanes es el pueblo donde en sus últimos años vivió y murió del hígado, Bolaño) son novelas “en mosaico”, construidas con fragmentos de los que siempre faltan muchos.

Como en el Quijote las aventuras de los personajes bolañescos transcurren con autonomía. Sólo las hilvana una meta o ideal: la búsqueda de una escritora o escritor desaparecido, Cesárea Tinajero o Benno von Arcimboldi. Para realizar esa búsqueda los personajes de Bolaño hacen “salidas” similares a las de Don Quijote. Viajes urbanos, cercanos pero profundos, o largas travesías por países y desiertos lejanos. Tantos viajes conllevan la aparición de innumerables personajes secundarios y la ramificación de historias independientes. Esto incide en que tales salidas terminen con resultados casi siempre inútiles, absurdos o desastrosos. Los detectives-poetas-quijotes de Bolaño nunca encuentran al escritor desaparecido, probablemente porque él o ella es sólo la personificación de un sueño: el de unir poesía y vida. O, mejor aún, el sueño de encarnar la poesía en la vida.

Algo no muy diferente le ocurre a Don Quijote. Su ideal de restaurar la caballería andante —o de devolver la poesía al mundo— se aleja cada vez que intenta realizarlo. Esa distancia viaja con él personificada en su escudero, el buen Sancho que se esmera en desmentir las maravillas que ve su amo, desnudando a los molinos de sus apariencias de gigantes.

Pero es en Sancho, precisamente, donde se rompe este paralelo entre el manco de Lepanto y el hepático de Blanes. En el elenco de Bolaño hay pocos, poquísimos sanchos que con su sensatez compensen la locura poética de sus jóvenes detectives-quijotes.

Los personajes bolañescos son en su mayoría escritores. Autores realizados o frustrados pero obsesionados con la literatura. Mientras que en Cervantes ese lector enloquecido que es Don Quijote recibe los constantes avisos de un Sancho analfabeto —pero sabio— que a cada paso lo llama a levantar los ojos de sus libros para fijarlos en el mundo real. Esa dualidad Don Quijote lector-Sancho analfabeto amplía el universo de Cervantes. Su héroe no se limita a buscar un ideal literario. Su experiencia se concreta en el duro aprendizaje de una realidad más grande que los libros. Alonso Quijano, que no siempre estuvo loco, sabe bastante de esa realidad; pero en esta enseñanza el gran maestro es Sancho. En tanto que los héroes poetas de Bolaño no tienen —ni desean tener— quien les enseñe un camino que los llevaría fuera de la literatura.

Por esa carencia de Sancho la obra bolañesca sólo se asemeja al Quijote, sin llegar a equipararse con ella. En el chileno también falta que uno o dos de sus personajes principales se vuelvan “tipos”, caracteres cuya personalidad evoquemos fácilmente al recordarlos o al encontrarnos con personas reales semejantes. En las obras mayores de Bolaño los personajes principales no se constituyen en arquetipos, como lo son Don Quijote y Sancho.

Con todo, pese a esa falta de sanchos y otras diferencias, sigue siendo cierto que el hepático de Blanes fue un distante pero aprovechado discípulo del manco de Lepanto. Una de las influencias más patentes y potentes de Cervantes en la narrativa contemporánea se halla en la obra de Roberto Bolaño. Y a su turno, a través de Bolaño, esa influencia cervantina se proyecta sobre buena parte de la narrativa joven en español.

Muchos que hoy sólo leen a Bolaño no saben que leen a Bolantes.





jueves, 14 de abril de 2016

Alfaguara publicará dos inéditos de Roberto Bolaño

por Matías Néspolo
La Nación, Argentina. 04.03.2016




Aún no se conocen detalles del acuerdo, pero se presupone una operación importante, en cuanto a cantidad de ceros. Alfaguara se queda con la totalidad de la obra del Roberto Bolaño, incluidos los centenares de libretas y mecanoscritos inéditos del llamado Archivo Bolaño. Incluso anuncia para noviembre próximo, en el marco de la FIL de Guadalajara, el lanzamiento de dos nuevos inéditos que vienen a engrosar su obra póstuma, la novela primeriza El espíritu de la ciencia ficción y un libro de relatos todavía sin título.

Del traspaso editorial circulaban algunos rumores, y ayer Alfaguara, el sello del gigante Penguin Random House (PRH), los confirmó en un comunicado oficial. Y quien está detrás de esa abultada operación es el temible "Chacal", Andrew Wylie, el agente literario más importante del mundo, en representación de los herederos, la viuda, Carolina López, y los hijos de Bolaño. Una ironía póstuma para el autor de Estrella distante, fallecido en 2003, que en vida se negó a tener agente literario, y cuya obra pasó a manos de la legendaria Carmen Balcells primero y de "El Chacal", a partir de 2008.

Lo cierto es que la novedad tiene dos caras. Es una pésima noticia para Jorge Herralde, el editor de Anagrama, la casa editorial del chileno de toda la vida, que pierde definitivamente a Bolaño de su catálogo. Y es una excelente noticia para los fans del autor de Los detectives salvajes porque el sello de PRH recuperará toda su obra en bolsillo -21 títulos, incluida su poesía y la novela a cuatro manos con A. G. Porta Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984), estos últimos hasta ahora en poder de editorial Acantilado- e incluso la publicará por primera vez en formato digital.

De la sonada novela póstuma El espíritu de la ciencia ficción poco se sabe; solo que está ambientada en México y fue escrita, por referencias en su correspondencia, a comienzos de los 80. Y también que una sección de ese manuscrito, "Manifiesto mexicano", fue incluido en la edición de La universidad desconocida. Otro tanto cabría decir de los cuentos anunciados. Pero una cosa es segura: no serán los últimos ni los únicos inéditos póstumos del chileno en esta segunda vida editorial en Alfaguara, porque la exposición Archivo Bolaño, 1977-2003 del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 2014 descubría más de 80 libretas y cerca de 40.000 páginas, entre originales y formato electrónico, entre las que se cuentan, además de la novela anunciada, otras tres primerizas. ¿Qué es publicable y qué no de todo ese ingente material? Sólo el temible "Chacal" Andrew Wylie y quizá su viuda lo sepan, y tengan la última palabra.



 

jueves, 7 de abril de 2016

"Me atrae esta película porque conserva el espíritu de Roberto Bolaño". Entrevista a Rutger Hauer

Por Rodrigo González M.

La Tercera, Chile. 31.12.2011




Es un actor del mundo. Un holandés errante. Durante el 2011 actuó en 12 películas y sus rodajes lo hicieron viajar de Polonia a Canadá, de Sudáfrica a Indonesia y de Hungría a Italia, por ejemplo. Rutger Hauer, el actor holandés de 67 años, que en 1982 logró que su rostro amenazante, sus ojos celestes y su pelo platinado se hicieran mundialmente conocidos como el replicante Roy Batty en Blade Runner, ahora está en Chile filmando la parte final de la película El futuro, de Alicia Scherson. Y no es un filme más de la directora de Play. Por el contrario, se trata de su adaptación de Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño.

"Para ser sincero, no tenía demasiada idea de qué era Chile antes de llegar a este proyecto. Pensaba que la música era lo más importante acá, como cuando uno va a Panamá y escucha y ve el ritmo por todas partes. Pero no. Es un país, por lo poco que he visto, de palabras y de literatura. Es una sensación, no lo puedo explicar. Sólo es lo que percibo", dice Hauer, que acaba de personificar al pintor flamenco Pieter Bruegel en The mill and the cross y al legendario cazavampiros Abraham van Helsing en Drácula 3D, del maestro del horror italiano Dario Argento.

"Ha sido uno de los años más duros de mi vida, muchísimo trabajo, pero al mismo tiempo uno de los más interesantes", dice mientras se reclina en una silla del salón de fumadores del Hotel Crowne Plaza, donde se alojará por el par de semanas que dure su parte en El futuro. En el filme, con estreno para el segundo semestre de 2012, interpreta a Maciste, un ex campeón italiano de fisicoculturismo y estrella de películas de cine B, que ya solo, viejo y ciego, recibe en Roma la compañía ocasional de la joven Bianca (Manuela Martelli).


¿Por qué se involucró en el filme?
Por cuatro básicas razones: la novela, el guión, la directora y los actores. La actriz principal, Manuela Martelli, es muy buena: lo he comprobado en los ensayos. Se esfuerza, no se toma nada a la ligera. Y la directora, Alicia Scherson, es talentosa, respeta la novela original y no trata de transformarla a su antojo. Y, en fin, la obra de Bolaño es notable: está escrita como en papel de lija. Es dura, áspera, sin concesiones. He tratado de buscar más novelas de él, pero como paso viajando me cuesta mucho ir a alguna librería. Esta, Una novelita lumpen, la leí en alemán, ni siquiera está en inglés.

¿Qué le interesa de su personaje, Maciste?
Bueno, el tipo está ciego. Es una suficiente razón para que ya tenga interés. Y es difícil de hacer: desviar la mirada de todo el mundo, de las cámaras, pero al mismo tiempo no lucir como un idiota es algo complicado. Eso me motiva. Espero crear un personaje que no se haya visto antes. Además, se trata de tener una relación con esta chica, con Bianca. Una conexión que empieza como meramente funcional y luego se torna más tierna, sin que eso signifique sentimentalismos, ni llantos, ni nada de esos recursos bajos. Si hay algo que no soporto es andar gimiendo en las películas. Eso es fácil: lo complicado es conmover con la justa emoción, con la templanza.

¿Qué recuerdos tiene de Blade Runner, la película que lo hizo conocido en 1982?
Blade Runner es una gran película y mi primera experiencia exitosa en el cine estadounidense. Estuvimos rodando cerca de cinco meses. La última escena, aquella en que mi personaje del replicante muere y le salva la vida a Harrison Ford fue curiosa: esa parte del guión tenía cerca de 25 líneas, pero para mí no funcionaba así. Era demasiada pompa, mucha ópera, sobraba texto. Para mí, el replicante sólo tenía que decir lo justo y aquello, a mi juicio, era: "Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Tiempo de morir". Afortunadamente, me quede sólo con ese diálogo. Pocas veces en la vida de un actor existe la posibilidad de crear un lazo tan fuerte con el guión. Con esa película lo hicimos.






martes, 1 de marzo de 2016

Diccionario Bolaño

Por El Cultural, España. 30.12.2004
(Edición impresa)




Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más monumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas.


Autobiografía: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

Boom: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

Críticas: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.

Elvis: “Elvis for ever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

España: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

Exilio: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

Fútbol: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

García Márquez: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

Lema: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

Libros: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

Oficios: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

Paraíso: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

Política: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames”.

Reconocimiento: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

Remordimiento: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

Sexo: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

Triunfo: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.