viernes, 3 de abril de 2020

Roberto Bolaño y la creación de 2666: crímenes, fragmentación y muerte

Pablo Retamal N.
La Tercera, Culto. 19.12.2019



Como un equipo de fútbol que busca agónicamente el gol para salvarse del descenso, el reloj corría con una malvada velocidad turbo para Roberto Bolaño en el año 2003. Estaba bastante mal de salud debido a una enfermedad hepática que lo tenía en lista de espera para un transplante de hígado. En rigor, llevaba mucho tiempo así, “más de diez años” según él mismo señaló en una entrevista publicada el 18 de abril de ese año (poco menos de cuatro meses antes de su deceso) recogida en el volumen Bolaño por sí mismo, de Andrés Braithwaite (Ediciones UDP, 2011).

En la citada conversación le preguntan: ¿Cuál es, exactamente, su estado de salud? Y Bolaño responde: “Bueno, la respuesta más cercana a la realidad sería: aquí estamos. Mi salud mental no está muy afectada, lo que no es poco para los tiempos que corren, y aunque ahora me canso mucho más que antes, en verdad muchísimo más que antes, mi salud física, por llamarla de algún modo, tampoco ha caído en picada. En realidad, cuando uno habla de la salud, sobre todo de la propia salud, debe ir con mucho cuidado, sobre todo si lo que uno intenta es no hacer pornografía”.

¿Cómo lo afecta su enfermedad en su vida cotidiana?
Bueno, me suelo desmayar en las plazas públicas, lo que resulta muy poético y, además, me recuerda un poema de Parra. Eso es magnífico: vivir como un turista en el interior de un poema de Parra. Otra cosa es cuando me desmayo en los trenes. Allí el despertar es distinto, siempre te encuentras rodeado por una multitud que te echa aire, que te recomienda bajarte en la próxima estación, que invariablemente no es tu estación, etcétera. Por lo demás, no me afecta en nada.

Cinco partes, cinco novelas
Pero aunque Bolaño dijese “no me afecta en nada”, lo cierto es que para esa fecha ya la cosa se le hacía insostenible, aunque hacía por lo menos un par de años que el autor de Estrella distante había tomado conciencia de que su tiempo se agotaba. Así, como Raymond Carver escribiendo cuentos mientras luchaba contra un cáncer, Bolaño se abocó a terminar una idea que venía trabajando al menos desde 1998.

En enero de 2001, concedió una entrevista para Antonio Lozano de la revista “Qué leer”, de Barcelona, donde ya daba cuenta de la existencia de su próxima gran novela: “2666, es una obra tan bestial, que puede acabar con mi salud, que ya es de por sí delicada. Y eso que al terminar Los detectives salvajes me juré no hacer nunca más una novela río: llegué a tener la tentación de destruirla toda, ya que la veía como un monstruo que me devoraba”.

Por su parte, en la nota a la primera edición del libro, el crítico literario Ignacio Echevarría -y amigo de Bolaño- señaló: “La escritura de 2666 ocupó a Bolaño los últimos años de su vida. Pero la concepción y el diseño de la novela son muy anteriores, y retrospectivamente cabe reconocer sus latidos en este y aquel libro de Bolaño, más en particular entre los que fue publicando a partir de la conclusión de Los detectives salvajes (1998), que no por casualidad concluye en el desierto de Sonora”.

En su artículo para el diario La Vanguardia, “El archivo de Roberto Bolaño contiene dos novelas inéditas”, el periodista Josep Massot aporta otro antecedente a los orígenes de la novela. “La primera vez que Roberto Bolaño escribió el nombre de Benno von Archimboldi fue en 1988, en Blanes, donde vivía como escritor inédito, a la edad de 35 años. Es el inicio de la trama de la novela 2666, publicada tras su muerte, pero el escritor chileno tenía en la cabeza un universo narrativo en el que más que de títulos individuales puede hablarse de una obra total. Una obra que ahora se recibe con entusiasmo febril en EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia, y que le ha convertido en nueva referencia internacional de las letras hispanas”. Así, Bolaño siempre pensó que 2666, sería su acto final. Un monumental telón de cierre.

Meticuloso, el autor de Amuleto fue a tratar con su editor en Anagrama, Jorge Herralde, los términos en que pensaba la publicación de esta novela. “La idea original de Bolaño fue, naturalmente, publicarla en un volumen, pero en los últimos tiempos, obsesionado como siempre por el bienestar económico de sus amadísimos hijos, decidió que se publicara en cinco volúmenes en varios años”, cuenta el mismo Herralde en su autobiografía Un día en la vida de un editor (Anagrama, 2019). Incluso, Bolaño dejó estipulados el orden y la periodicidad en que debían publicarse los cinco libros (uno por año), y hasta el precio a negociar con Herralde.

La parte de los críticos
Fundamentalmente, 2666 se divide en cinco partes (La parte de los críticos, La parte de Amalfitano, La parte de Fate, La parte de los crímenes y La parte de Archimboldi), y arranca con unos críticos literarios en busca de un escritor cuasi legendario -aunque vivo- llamado Benno von Archimboldi. Cada una de las cinco partes de la novela convergen en un punto común, la ficticia ciudad de Santa Teresa, un guiño a Ciudad Juárez, en México. Donde, entre otras cosas, ocurre una serie de crímenes contra mujeres.

Pero esa centralidad es solo aparente. Para el profesor de literatura Chris Andrews, la fragmentación del libro es la clave. “En 2666 la tensión aumenta por medio de la fragmentación y la alternancia, y, al igual que la parte II de Los detectives salvajes, está descentralizada o transferida, dependiendo más de las historias brevemente narradas de los personajes marginales que de la respuesta a una pregunta primordial”, explica en su obra Roberto Bolaño: un universo en expansión (Ediciones UDP, 2018).

Sin embargo, no es casualidad, tiene que ver con la forma muy particular en que el autor de Amuleto trabajaba sus relatos. “Los textos narrativos de Bolaño no dividen ordenadamente su universo ficticio en secuencias de eventos separadas, cada una con inicio, mitad y final. Su “poética de la inconclusión” es una poética tanto de continuidad como de fragmentación, y la deriva de sus historias conspira en contra de cualquier noción de desenlace definitivo”, apunta Andrews en su citado trabajo.
Pero, ¿será tan así? ¿Será que efectivamente la tensión de la novela se ve aumentada debido a la fragmentación? La crítica literaria Lorena Amaro señala: “Es una pregunta extraña. La estructura fragmentaria, o más bien episódica, permite ir dejando cabos abiertos, cuestiones sin hilvanar. Esos pozos supongo que van conformando en los lectores el lado siniestro de la historia, con y sin mayúsculas”.

Por su parte, la crítica literaria y académica de la PUC, Patricia Espinosa, piensa de otro modo. “Hay una tensión posterior al acto de lectura, pero también hay una tensión interna en el proceso mismo de ir leyendo la novela, cada una de las partes están tensionadas en sí mismas”.

¿Qué caracteriza a esta novela? Para Amaro, hay una palabra clave: “Sublimidad. 2666 provoca en el lector la sensación de un mal absoluto, inabarcable, una incomodidad que se construye en virtud de la acumulación de historias, de fragmentos, de escenas que evocan algo ausente y terrible, incluso cuando no son violentas, incluso cuando las imágenes surgen de lo cotidiano o de conversaciones aparentemente banales”.

Para Espinosa, la novela tiene una cualidad: “Está el recurso de la polifonía, la multiplicidad de voces, o la multiplicidad de focos. Cada una de las partes está centrada en una temática y en un personaje, no son capítulos son partes. Un problema analítico es decir ¿qué conecta cada una de las partes? En la superficie aparecen desconectadas, pero en la profundidad hay una conexión de cada una de las partes con otras. Entonces, lo que desarrolla Bolaño en ese libro es un modelo de estructura fragmentaria, que requiere que el lector se esfuerce en términos de buscar de qué manera las partes se van unificando unas con otras para conformar una unidad”.

Sobre esto mismo, Patricia Espinosa recalca la importancia de la forma. “En Bolaño siempre está la preocupación de cómo estructurar un libro, cómo hacer una novela estructurando, pero también desestructurando. Hace este trabajo de jugar con las partes. Hay una idea de romper con el canon, las partes tienen que ver con un todo, cada vez que uno escucha la palabra ‘parte’, en cualquier contexto, es porque es un trozo de algo mayor. Acá hay partes que quedan autónomas, eso significa que Bolaño lleva el fragmentarismo a su máxima expresión, estaría desacreditando el modelo narrativo aristotélico y de la novela unitaria. Es un fragmentarismo posmoderno, que no tiene la idea de unidad de la obra, pero sí va a jugar con eso”. Además, agrega otro rasgo fundamental. “En todo el libro no podemos leer una línea escrita por Archimboldi. Jamás. Eso lo oculta, lo mismo con Los detectives salvajes cuando nunca podemos leer un poema de Belano y Lima, nunca hay un verso. Podemos saber hasta los títulos de los libros que Archimboldi publicó pero no sabemos cómo escribe. Ni siquiera un fragmento, dos líneas. Eso se constituye como un secreto, entonces, Bolaño opta por la figura de autor”.

Pero Patricia Espinosa también cree que 2666 es, en cierta medida, “una alegoría latinoamericana”. ¿Por qué? “Porque Bolaño elige especialmente la muerte de las mujeres, y que no es una muerte porque sí -es asesinato de mujeres-, como símbolo de esta ciudad apocalípitca, de este continente apocalíptico, casi como una distopía donde hay cadáveres y nombres y documentos que nunca van a ser investigados. En ese sentido hay una conexión con las demandas feministas del día de hoy, con todo lo que ha sido lo de Lastesis y lo que significa poner el ojo en el hecho de que a las mujeres las estén matando y que hay una indiferencia política al respecto, y eso también se ve en el libro de Bolaño. Hay una cantidad infinita de cuerpos, nombres, un trabajo policial pero que no sirve de nada porque la posibilidad de identificar quién asesinó a esas mujeres, es algo que no se realiza. Ahí hay un guiño a Kafka, porque ve a la justicia como algo inoperante y definitivamente no puede hacer más que clasificar”.

*

Finalmente, 2666 salió al mercado en octubre de 2004, más de un año después de la muerte de Bolaño. Fue su segunda obra póstuma, tras el volumen de cuentos El gaucho insufrible (2003). Pese al deseo de su autor, la obra salió compilada en un solo tomo, ¿por qué? Responde Jorge Herralde en su citada autobiografía: “Nos pareció, y creo que con razón, que con esos cinco libros de características tan variadas, y además con ediciones tan separadas en el tiempo, la visión de conjunto de la importancia del libro se vería muy mermada, con graves perjuicios no solo literarios, indiscutiblemente, sino incluso económicos”.

Sobre lo mismo, Ignacio Echevarría, en la citada nota, aseguró: “Aunque toleran una lectura independiente, las cinco partes que integran 2666, aparte los muchos elementos que comparten (un tejido sutil de motivos recurrentes), participan inequívocamente de un designio común. No vale la pena empeñarse en justificar la estrucutura relativamente “abierta” que las abarca, tanto menos cuando se cuenta con el precedente de Los detectives salvajes. Si esta novela se hubiera publicado póstumamente, ¿no hubiera dado pie a todo tipo de especulaciones acerca de su inacabamiento?”.

Asimismo, Echevarría indica que la decisión de un solo cuerpo siempre fue la idea inicial del autor. “Bolaño, él mismo excelente cuentista y autor de varias nouvelles magistrales, se jactó siempre, una vez embarcado en la redacción de 2666, de habérselas con un proyecto de dimensiones colosales, que dejaba muy atrás, en ambición tanto como en extensión, a Los detectives salvajes. La envergadura de 2666 es indisociable de la concepción de original de todas sus partes, también de la voluntad de riesgo que la anima, y de su insensata aspiración de totalidad”.

Recientemente, el diario español El País colocó a 2666 en el primer lugar de su ránking de los mejores 50 libros del siglo XXI. “2666 es lo mejor de una producción literaria prematuramente interrumpida”, escribió Ana María Moix en Babelia en 2004. Asimismo lo hizo LA Tercera Culto, con una selección de las 10 mejores obras literarias de lo que va del siglo, y nuevamente, lidera 2666.

¿Es la mejor obra de Bolaño? Responde Lorena Amaro: “Se proyecta claramente como un texto mayor, muy abarcador, muy erudito, una novela de largo aliento. Por lo mismo su calidad no es pareja (atributo de muchas “obras maestras”: su extraña imperfección). Destaco sobre todo “La parte de los críticos” y “La parte de Archimboldi”. Una de las dos es, en sí misma, una “obra maestra” (y mi favorita). En todo caso, con Bolaño es difícil decir cuál es su mejor trabajo. Yo tengo un especial cariño por dos libros “menores”, que se desprenden de textos mayores: Estrella distante (de La literatura nazi en América) y Amuleto (de Los detectives salvajes)”.

Por su parte, Patricia Espinosa, si bien reconoce el valor de esta novela, va por otro camino. “Creo que esta es una tremenda obra, grandísima, excepcional, pero me quedo con Los detectives salvajes, ¿por qué? por lo vanguardista, creo que es una novela que arrasa con el concepto de vanguardia y por la forma de novela, destruye los centros y es imposible decodificar los acertijos. Es más rupturista, más fresca, menos oscura. 2666 es más política, con el tema de los femicidios, y Los detectives salvajes es más literaria, es una poética intraliteraria”.










martes, 24 de marzo de 2020

Roberto Bolaño: "Nunca he pretendido explicar Chile con mi narrativa ni con mi poesía"

Por Antonio Díaz Oliva
La Tercera, Culto. 28.02.2020



Aparece una entrevista perdida que el autor de 2666 -muerto el año 2003- dio para la televisión argentina. “Ni trabajando en todos los oficios más humildes me hice un escritor proletario, ni de masas”, dice Bolaño. “Aunque estuviera con la mierda hasta el cuello conservaba una exquisitez de inglés-chilensis”.

Días atrás apareció en Thepostarchive una entrevista perdida al autor de Los detectives salvajes. Thepostarchive es un canal de YouTube que rescata conferencias y charlas con intelectuales y escritores de talla mundial, como James Baldwin, Susan Sontag, Joan Didion y Malcolm X, entre otros. La entrevista data, al parecer, del último año de Bolaño (en un momento dice que tiene 50 años, la edad que tenía cuando murió). Y fue parte de “Perfiles de dos continentes”, programa de televisión con entrevistas a escritores y artistas de América Latina y España, del canal cultural argentino Canal (á). “No tenía idea de que había tantos intelectuales chilenos en el exilio”, dice Bolaño luego de la introducción de “Perfiles de dos continentes”, en la cual se muestra el centro de Santiago con micros amarillas. “En cualquier caso el exilio actual de los escritores chilenos es de alguna manera un exilio dorado”.

Con cigarro en mano el autor se refiere a sus padres (“Mi madre leía algunos libros; mi padre leía novelas de vaqueros”); el oficio de escritor (“Es bastante duro ser escritor; bueno, tampoco hay que exagerar”); su juventud como poeta (“Neruda es lo que yo pretendía ser a los veinte años”); y el mismo Pablo Neruda (“Escribió tres libros muy buenos; el resto, la gran mayoría son muy, muy, muy malos”). “Jorge Edwards decía, o tal vez las palabras no son suyas, o tal vez es una invención suya, de que hubo alguna vez un escritor chileno que no pudo ser escritor, entonces se quedó en escritor chileno”, dice Bolaño. Y remata: “Ser escritor chileno está un grado por debajo que ser escritor”.

México y el exilio
Bolaño recuerda su llegada a Ciudad de México desde Chile en 1968: “Fue como cambiar el potrero por una metrópolis”. Y su primer día de escuela en México, cuando un compañero de clases lo retó a pelear. “Un bautizo en plan azteca”, recuerda. El rival, su compañero de clases, era un chico mexicano, bajito, el cual, dice el autor, chileno, por lo demás no sabía pelear. En vez de atacarlo, dice, Bolaño prefirió “conducir” la pelea hacia el empate. “Estaba seguro de que lo tumbaba con dos puñetazos, pero me di cuenta de que si lo tumbaba después iban a venir todos los demás”, recuerda. “Nunca nadie más quiso pelear conmigo”.

De su primer regreso a Chile, durante los días previos al golpe de Estado, se refiere especialmente a la figura de Salvador Allende. “Para nosotros, en esos años, era más bien conservador”, dice. “Yo recuerdo que hay un momento, en el once de septiembre, en el que estoy esperando que me den armas para salir a luchar, y escucho que Allende dice en su discurso, entre líneas, vayan a sus casas, ya pasará el tiempo y volverá el hombre nuevo a caminar por las alamedas”. Si bien Bolaño lo consideró una suerte de traición, ya que estaban dispuestos a luchar por él (“solo los jóvenes”), en el momento de la entrevista lo reconsidera: “Es una de las cosas que ennoblece a Allende: el evitarnos la muerte (…). El aceptar la muerte para él mismo, pero evitárnosla para nosotros”.

Todavía funcionando, Canal (á) es un canal de televisión de cable argentino enfocado en la cultura (principalmente de Buenos Aires). Actualmente es propiedad del Grupo Clarín; otros artistas entrevistados en “Perfiles de dos continentes” han sido la solista uruguaya Laura Canoura, el escritor Hernán Rivera Letelier y la actriz Margarita Sanz. “Si me tuviera que reencarnar -lamentablemente no creo en la reencarnación- me gustaría ser un caballero rural belga. Pero no de ahora, sino de los 50 y de los 60”, dice el autor de 2666 al final de la entrevista que dura menos de media hora. “No hay nada más distinto de un caballero rural belga a un caballero rural anglo-chileno”.










jueves, 19 de marzo de 2020

Bruno Montané: "Duele que el dinero del legado de Bolaño se use para demandar a sus amigos"

Por Javier García
La Tercera, Culto. 21.01.2020



Bruno Montané nació en Valparaíso en 1957, luego vivió en Santiago en los años de la Unidad Popular. Tras el golpe de Estado, con 17 años, Bruno Montané llegó a México, en 1974. Allí conoció a Roberto Bolaño y Mario Santiago y juntos crearon el movimiento infrarrealista que quedaría para siempre registrado como “realvisceralismo”, en la novela Los detectives salvajes, donde Montané inspira al personaje Felipe Müller.

En 1976 Montané se trasladó a Barcelona, España, y su vínculo con Bolaño continuaría. Incluso juntos escribieron y publicaron poemas a cuatro manos. “He aprendido poesía, también, y camaradería cotidiana, de Bruno Montané, quien llegó a mi casa en México, en 1974, cuando tenía 17 años y yo 21, y de allí en adelante cuántas aventuras, recitales, préstamos, S.O.S., conversaciones en el fondo de la gillette”, apunta Bolaño en la antología Entre la lluvia y el arcoíris (1983), de Soledad Bianchi. Más tarde dirá sobre los versos de su amigo: “Montané escribe como un naturalista que cree en muy pocas cosas y que sin embargo sigue haciendo su trabajo con tesón”.

Hijo de la poeta y pintora Helga Krebs, quien participó con uno de sus dibujos en el libro Chistes parra desorientar a la policía poesía (1982), de Nicanor Parra, y del arqueólogo Julio Montané, autor del Atlas de Sonora, que Bolaño usó para escribir sobre México; Bruno Montané es autor de los poemarios El maletín de Stevenson (1979-1981), El cielo de los topos (1987-1995) y Mapas de bolsillo (2013). Ahora reúne esos tres títulos más un conjunto de inéditos en la antología El futuro, disponible en Chile por editorial Candaya.

Antes del estallido social de octubre, Montané llegó con su mujer al sur de Chile. Ahora está en Santiago y regresará en febrero a España. Vino dos veces antes, solo algunos días, incluso compartió un festival con el poeta Leopoldo María Panero, en 2004, pero esta es su estadía más larga en 45 años. “Yo no tuve vida adulta en Chile, que sí la estoy viviendo estos días. Con respecto a la revuelta social, me parece una cosa increíble este espíritu colectivo que se ha generado. Los muros que también han hablado, oscilando sus mensajes entre la rabia y la poesía. Mi adolescencia en Chile fue durante la UP, pero había un lenguaje distinto, más regulado. Hoy hay una nueva manera de cómo decir las cosas”, comenta Montané.

De bromas y juicios
“El mito fue de carne y hueso y respiró,/ pero ahora ríe en el fulgor de ese oleaje/ que desafía todas las derivas”, escribe Bruno Montané en el poema “Un nuevo mito”, parte de esos versos inéditos apuntados en una libreta con el nombre de El futuro, que le dieron título a la antología que ahora publica. El ejemplar abre con un prólogo del crítico español Ignacio Echevarría: “No queda en este libro testimonio alguno de la prehistoria del poeta Bruno Montané, activo partícipe de la neovanguardia mexicana de la década de los setenta”.

Sobre ese pasado, señala Montané, unos de los pocos sobrevivientes tras la muerte de Mario Santiago (1998) y Bolaño (2003): “Lo más importante del infrarrealismo era el ideal de grupo, luego la personalidad y genialidad de Mario y Roberto eran totalmente nucleares. Pero el infrarrealismo también fue una genial broma poética colectiva, generada por ellos”.

El poeta cuenta que se escribió decenas de cartas con Bolaño. Ese material pudo haber ido a parar a algunas universidades norteamericanas e incluso al Archivo del Escritor en la Biblioteca Nacional de Chile. Pero finalmente, en 2017, la Biblioteca Nacional de España adquirió el epistolario formado por 44 cartas (fechadas entre 1976 y 1997), 18 tarjetas postales y 3 piezas manuscritas de Bolaño. “Quizá lo mejor hubiese sido que quedaran en Chile, pero yo estaba con un problema económico grueso en ese momento y, bueno, se quedaron en España. El epistolario de Roberto es buenísimo, cada carta de él es un texto que vale mucho”, señala Montané. Entre esos documentos hay un texto de 14 páginas que Bolaño escribió tras la lectura de Purgatorio (1979), del poeta Raúl Zurita.

Montané lamenta que no se puedan publicar esos papeles. Además, recuerda que Bolaño mantuvo una extensa correspondencia, entre otros, con Antoni García Porta (Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce) como con el poeta Carlos Edmundo de Ory. “Está en Cádiz ese epistolario y es maravilloso porque Carlos hacía copia de las cartas”, dice Montané.

Ayer, el crítico Ignacio Echevarría se refirió al epistolario de Bolaño en la columna “Malas cartas”, en el suplemento El Cultural, de El Mundo: “La procelosa correspondencia de Roberto Bolaño, por ejemplo, sin duda una de las vetas más ricas y asombrosas de cuanto escribió, no puede ser publicada sin el consentimiento de sus herederos, no al menos hasta que sus derechos pasen a dominio público”.

Hace diez días, Echevarría fue absuelto en un juicio en España. Carolina López, viuda de Bolaño, lo demandó por “atentar contra el honor y la intimidad de su familia”, al afirmar que el escritor mantuvo una relación con Carmen Pérez de Vega. Ante el resultado López deberá pagar los costos del proceso. En ese juicio Montané sería testigo, pero se excusó porque se encontraba en Chile.

Sobre los juicios que ha emprendido la viuda de Bolaño, comenta Montané: “Duele que el dinero del legado de Bolaño se use para demandar a sus amigos. Ahora también esta última resolución deja en evidencia que una demanda tiene que corresponder a algo demandable. Ha sido un buen punto, como precedente, en este asunto de las demandas literarias”.










lunes, 2 de marzo de 2020

El barrio más oscuro de su memoria

Por Raúl Silva
Inédito, 2020


Testimonio de Horacio Caballero sobre Mario Santiago Papasquiaro

Su personalidad y su figura son las de un caballero andante. Su nombre es una premonición: Horacio Caballero Silva. Su verbo se desborda para hacer brotar un nuevo y ancho río. Es un hombre de palabras que se airean en conversaciones interminables, bebiendo café y mezcal Tehuana. Es un tejedor de historias a la velocidad del instante. Fue amigo de Mario Santiago Papasquiaro y guarda recuerdos de sus encuentros, como quien sabe bien que la ausencia es una presencia que los momentos de entrañable amistad sellaron para siempre. Horacio es un poeta anónimo cuyos mejores versos flotan en el medio ambiente:

            “Es lo que Mario Santiago tenía. Había descubierto el lenguaje necesario para decir todas las cosas sin usar un lenguaje elegante, oculto, inauténtico. Él quería un lenguaje verdadero, auténtico, que saliera del barrio más oscuro de su memoria y que pudiera visitar nada más las realidades azotadas, dolientes. Escogía a la prostituta, al enfermo de sífilis, al purulento. Las cosas más desagradables las convertía en impulso, en aliento, en presunción de creatividad poética. Se las arreglaba para decir cosas grandiosas entre ruinas, y dice cosas muy hermosas de repente: “nuestro señor el aguacero”, con ese modo de encontrar la armonía de los contrarios y los pasos de un estado al otro.

            Se gozaba demasiado atacando a los demás. Había un mundo verdaderamente espantoso para él, entonces su arte surge en la medida que el mundo es  un rival al que puede, a través de sus versos, atacar. Este rival imaginario que también es él mismo, porque en determinados momentos se reconcilia y logra estados poéticos diferentes. Este ser con el que combate perpetuamente me recuerda a un personaje de la Biblia que luchó contra un ángel toda la noche. Creo que, guardando las diferencias,  Mario Santiago se la pasó luchando contra un ángel, Blue Demon o Santo, el enmascarado de plata, contra ese tipo de mitos a los que él apreciaba. Arremete contra ellos y trata de desenmascararlos. De repente se le olvidan. Pero es el principio de su batallar y su impulso continuamente reforzado. En él hay una idea de la fuerza amorfa, brutal, de lava derretida, como la que Rimbaud describe en la Carta del vidente: “Si lo de lo profundo viene amorfo, lo doy amorfo, si trae forma, lo doy con forma”. Ese tipo de testamentos, de los que fue heredero legítimo Mario Santiago, pueden servirnos mucho para entender no sólo sus motivaciones, sino el secreto de sus recursos. Además de que se la pasaba en esos estados de malestar que deja el haber bebido diez días seguidos, esa irritación del nervio y del estado pensante, bajo la disciplina que la alcoholización le produce a un  individuo con el talento que él tenía. Al mismo tiempo, ese estado de volver arte el mal humor. Es como pedirle a un prisionero que haga arte con las experiencias de la celda, del celador, de los prisioneros que lo acosan y de toda la decepción y frustración que le produce el no poder salir en muchos años de ese sitio.
           
            Mario Santiago investigaba a la prostituta, al prisionero, al que murió de cirrosis, al mediocre, investigaba al criminal, al vividor, al que le roba a los demás con su profesionalismo. Todo el inventario de sinvergūenzas estaba perfectamente valorado por él y lo aprovechaba hablando no de personajes sino con metáforas que aludían a ese tipo de seres. Sus metáforas tienen la característica hermética de contener compactos de seres compactados que viven en una promiscuidad, en un horror, en una soledad indiferente. Toda esta sociología de seres excepcionalmente defraudados, tristones y resentidos, tenían la revancha en el verso agresivo y sorpresivo de Mario Santiago. Él, ahora sí que se hacía cargo de causas perdidas y las llevaba a expresarse a través de su palabra. En el universo secreto al que arriba con mucho esfuerzo el poeta, están invitados todos los personajes que menciona y algunos que, aunque no los nombra, están presentes porque los respeta. A fin de cuentas, es un ser que se gana a pulso cada instante de libertad, que quema, que incendia, que convierte en un montón de ruinas o en pleno poema  mira cómo se resquebrajan las verdades, las cosas. Luego, con esos pedacitos arma nuevas criaturas animadas, sólo para que el poema tenga una expansión, una extensión, una forma encantada, como un monstruo que con un beso se convierte en princesa. Esas historias que nos cuentan de niños, él las recreaba. En muchos momentos vemos cómo hace los milagros de transformar lo horrible en maravilloso o desenmascarando lo maravilloso con todas sus complicidades con una humanidad que él definitivamente no puede salvar. La mira toda leprosa y toda enferma. Se especializa con las enfermedades de los pobres: la sífilis, la tuberculosis. Pero no sólo las enfermedades, sino la locura, el ímpetu y la dignidad que le agrega a sus esfuerzos de persona que maltrata con la palabra a otras palabras. Entonces, es la lucha contra esa personalidad con la que no para de tener conflictos, que puede ser Dios, un ángel o cualquiera de los demonios que él menciona. Porque no menciona a los demonios de acuerdo al nombre que tienen en las tradiciones musulmanas o judías o cristianas. Cuando digo que él menciona a los demonios es que él menciona la embriaguez, la pobreza, la sordidez. Las conjura y se pelea con ellas, no son sus socias sino sus formas de provocar al abismo para sacar lo que Rimbaud decía: a ver qué sacas, ¿lo amorfo?, dalo, sigue dando lo amorfo, si trae forma dalo con forma. Entonces podemos ver que lo amorfo y lo irracional, en el ímpetu de versificador, finalmente le da forma a estos cauces de lava derretida. Creo que Mario Santiago trabaja la fuerza como un peón, como un cargador, como un guerrero que no ha parado de combatir a los españoles en la conquista o a los gringos en la invasión. No le interesa la historia, le interesa enfrentar enemigos, encontrar rivales, provocar respuestas, ecos, convertir sus propias palabras en motivos de burla. No porque se esté burlando de sí mismo. Él tiene que burlarse de lo que es digno de burla. En su plástica, el lenguaje sirve para presentar lo que más detesta y para pulverizar esas entidades. De esta batalla salen de pronto versos maravillosos, sueltos o insólitos, o dentro de un poema hay cuatro claves que te permiten advertir que el trabajo tiene más significado.

            Una de las cosas que le producen más placer es llegar al momento del éxtasis de la gran poesía. Lo convierte en sorpresa, aprovecha esta forma de exteriorizarse como alguien sorprendido porque la cosa ya está diciendo con más energía una verdad. Sabe hacer muy bien los contrastes y las verdades a las que se permite tener derecho son las verdades del pobre y del que sufre, del que tiene un resentimiento más grande por lo que la humanidad no tiene que por lo que a él le falta.

            Otra cosa que puede permitirnos una pista para descubrir los recursos secretos de Mario Santiago es el placer que la da no ser monedita de oro. El placer que le da ser una mortificación hasta para las personas que más estima. Eso le costaba mucho. No se flagelaba como un místico en la celda de un convento, aunque podrían considerarse actividades por el estilo esas depresiones alcohólicas que indudablemente no eran placenteras. Lo placentero en él es encontrar calidades, no la belleza como una presencia o una estatua o una imagen maravillosa. No, no, no. Las pinceladas que llegan a tener estas calidades eran para él su gran encuentro con la poesía. No con la poesía bonita, sino la poesía que encontraba en esas astillas verdades supremas y eso era su esfuerzo de náufrago. Al mismo tiempo, cuando ya despertaba de su propio impulso y se daba cuenta de que su forma de no fracasar en el esfuerzo poético le procuraba el placer y el gusto de poder leerles a sus amigos el poema, a ver qué te parece esto, en una llamada telefónica a las tres de la mañana, cuando uno está más bien para descansar y dormir que para escuchar a un tipo con el que se necesita el triple de voluntad para entender que se trata de un artista excepcional...”.



* El presente texto forma parte del libro que está preparando Raúl Silva sobre el Infrarrealismo.












lunes, 13 de enero de 2020

Ignacio Echevarría quedó absuelto tras ser acusado de atentar contra el honor de Bolaño

Por Javier García
La Tercera, Chile. 12.01.2020


 

 
El crítico literario español y amigo del autor de Los detectives salvajes había sido acusado por la viuda del escritor, Carolina López, de “atentar contra el honor y la intimidad de su familia”. Sin embargo, la justicia dio la razón al columnista y López deberá pagar los costos del proceso.


Ocurrió el pasado viernes, Ignacio Echevarría envió un correo a sus cercanos: “Hoy se ha publicado la sentencia sobre la demanda que me interpuso Carolina López, y el resultado es que el juez la desestima íntegramente, condenándola a pagar las costas del proceso”, apuntó junto a otras palabras. “Ya habrá lugar o momento para comentarlo y celebrarlo particularmente”, agrega.

De esta manera se cerraba un caso judicial que a mediados de diciembre reunió en la Ciudad de la Justicia de Barcelona, en España, como testigos, nada menos que al agente Andrew Wylie y al fundador de Anagrama, Jorge Herralde. Esto, luego de que la viuda del escritor chileno Roberto Bolaño, Carolina López, tras efectuar una demanda contra Carmen Pérez de Vega, conocida como “la última pareja de Bolaño”, acusara al crítico Ignacio Echevarría de “atentar contra el honor y la intimidad de su familia” y exigir entonces 150 mil euros.

“Ignacio Echevarría, absuelto de atentar contra el honor de Bolaño”, apuntó hoy una nota el diario español La Vanguardia. “El titular del juzgado número 9 de primera instancia de Barcelona ha absuelto al crítico literario Ignacio Echevarría de atentar contra el honor y la intimidad de Roberto Bolaño y su familia, por lo que la viuda del escritor chileno, Carolina López, que le reclamaba 150.000 euros, debe asumir las costas del proceso”, señala el medio de comunicación.

En el email enviado a algunos amigos, Echevarría comentaba la sentencia: “Al frente de Putas asesinas, Roberto Bolaño puso este epígrafe de Horacio: ‘La demanda acabará en risas y tú te irás libre de cargos’. Se cumplieron las palabras. Más o menos”.

El reconocido crítico español, que trabajó en obras póstumas de Bolaño como 2666, era acusado tras publicar dos artículos en la prensa en 2016, donde el columnista se refiere al intento de López de borrar del relato biográfico de Bolaño el nombre de Carmen Pérez de Vega. Los textos son “Roberto Bolaño borrado”, aparecido el 23 de septiembre del 2016, en el suplemento “El Cultural” del diario El Mundo y Desmentido de un presunto albacea, del 23 de noviembre del mismo año, publicado por el diario El País.

En este último señala Echevarría: “Nunca hasta ahora me he referido a la vida privada de Carolina López ni de sus hijos. Me he limitado a dejar constancia de la relación de Roberto Bolaño con Carmen Pérez de Vega, y lo he hecho movido por el escándalo que me producía la insistencia de Carolina en negar esa relación y la prepotente manera en que ha acosado a Carmen Pérez”.










 

viernes, 29 de noviembre de 2019

¿Llamó Bolaño “estalinista” a Neruda?

Por Alberto del Castillo 
PlayGround. 11.08.2017




Un escritor me dijo una vez que no hablaría mal de otro escritor que estuviera vivo y, aunque pudiera parecer que esta frase complementa a la anterior, lo cierto es que el criterio de Bolaño para hablar mal de un escritor era simple: que no le gustara. Pérez-Reverte, Isabel Allende, Octavio Paz o Antonio Skármeta bien lo saben. Neruda no lo supo, porque murió cuando Bolaño recién tenía veinte años. Cuando apenas había empezado a criticarle.

La vara de medir que usó el autor de 2666 para arremeter contra Neruda no era exclusivamente cualitativa. No se refirió a él en los términos que lo hizo, por ejemplo, Vicente Huidobro: “(Neruda) escribe una poesía fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero. Es la poesía especial para todas las tontas de América”. No, a Bolaño le gustaban -o le gustaron, durante un periodo determinado- los versos de Neruda. “Franz Kafka es un hombre de un talento enorme. James Joyce, ahí hay talento. En Nicanor Parra hay talento. En Pablo Neruda, hubo talento”.

¿Hubo talento? ¿En qué momento empezó a existir? O, mejor, ¿cuándo dejó de haberlo?

“Neruda es gran poeta”, dijo Bolaño. “Él es más o menos lo que yo pretendía ser a los veinte años. Vivir como poeta sin escribir. Escribió tres libros muy buenos. El resto son muy malos. Pero él ya vivía como poeta y ejercía como poeta rey”.

Pero a Bolaño no le molestaba que Neruda viviera de la literatura. No parece haber restos de envidia por el hecho de que Neruda recibiera un Nobel y él apenas recibiera reconocimiento en vida. Tras esta crítica se esconde una respuesta a uno de los reproches que se le hacen a Bolaño: su ausencia de interés en la política. Como bien señala Andrés Ibáñez en su brillante análisis de la obra de Bolaño: “Lo cierto es que en la extensa obra de Bolaño la política apenas aparece. La política en el sentido inmediato y explícito, tal y como suele entenderse en España”.

De hecho, el compromiso político de Bolaño se puede resumir con estas palabras (de Ibáñez): “No quiso ser comunista después de conocer a los comunistas y ver que todos pensaban igual, y se hizo trotskista. Al ver que todos los trotskistas pensaban igual se hizo anarquista. Al venir a España y conocer a los anarquistas, decidió no ser nada”.

En 1952, Neruda recibió el Premio Stalin de la Paz [Es cierto, no es una ironía, existió el Premio Stalin de la Paz –Nota AB-]. Pareciera que, al igual que con Octavio Paz, la opinión (pobre) sobre Neruda estuviera basada en la hipocresía de su compromiso político: “El Neruda estalinista me molesta muchísimo, y en ese Neruda veo además mucha miseria humana”.

La fijación de Bolaño con Neruda va más allá, incluso llega a ser el elemento troncal de “Carnet de baile”, un cuento que se integra en Putas Asesinas. Es un relato breve a caballo entre la ficción, el ensayo y las memorias en el que habla, entre otras cosas, de su relación con Jodorowski y del propio Pablo Neruda: “Yo era por entonces un joven hipersensible, además de ridículo y muy orgulloso, y afirmé que el mejor poeta de Chile, sin duda alguna, era Pablo Neruda”, escribe Bolaño, haciendo referencia a su inmadurez para criticar al autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Más agresivo parece el término bajo el que en Los detectives salvajes cataloga tanto a Neruda como a Octavio Paz. En un momento de la novela, uno de sus personajes, el poeta Ernesto San Epifanio, distinguía entre varias corrientes o distintos tipos de poetas. Para él, están los maricones, que defienden la estética, y también los maricas, defensores de la ética. De Paz y de Neruda dice que son poetas maricas.

Roberto Bolaño nunca llegó a darle el lujo de elevar a Neruda a los puestos privilegiados de mejor-poeta-chileno: ese honor era para Nicanor Parra. Precisamente a esta idea hace referencia en “Carnet de baile”: “La literatura chilena gira en torno a un sol muerto que se llama Pablo Neruda y que es la principal coartada para que exista esa entelequia que llaman literatura chilena”.

No obstante, no se puede desdeñar la posibilidad de que las razones escondidas tras la crítica de Bolaño estuvieran ligadas a una cuestión de pose. En una de sus últimas entrevistas dijo que: “Residencia en la tierra o ciertas zonas del Canto general son una poesía tan alta, pero tan alta, que de alguna manera permite cualquier exceso posterior. Neruda es un gran poeta, pero un gran poeta”.

Resulta curioso, después de todo, que en su estudio de Blanes, en la biblioteca que le encargó a un ebanista -donde según cuentan guardaba los libros de los poetas que más le gustaban- tuviera amontonada la obra de Pablo Neruda y de Octavio Paz.











jueves, 3 de octubre de 2019

Las ficciones de un escritor chileno podrían incluir su colorido pasado

Por Larry Rohter
The New York Times, 27.01.2009
Traducción de Carlos Almonte
 




En la actualidad, pocos escritores son más aclamados que el novelista chileno Roberto Bolaño, quien murió de una enfermedad hepática en el año 2003, a la edad de 50 años. Su novela póstuma, 2666, apareció en numerosas listas de los mejores libros del 2008 [año de la aparición de 2666 en inglés], y el interés por él y por su obra se ha visto aumentado por una creciente reputación de escritor proscrito de vida difícil.

Ha sido su viuda, de quien estaba separado al momento de su muerte, y Andrew Wylie, el agente contratado después de distanciarse de los amigos y editores de Bolaño, los que ahora desafían la construcción de esa imagen. Difieren de la idea, sugerida (en principio) por el propio señor Bolaño, refrendada por su traductor estadounidense y mencionada en varias de las entusiastas críticas recientes de 2666 en los Estados Unidos, que refieren a que el autor alguna vez "tuvo tratos con la heroína".

[Respecto a la construcción de mitos]

Algunos de los amigos de Bolaño en México, país en el que vivió durante casi una década antes de establecerse cerca de Barcelona, ​​España, cuestionan otro aspecto de la historia de vida que él mismo construyó. Ellos dicen que el Sr. Bolaño, quien ha emergido rápidamente como el escritor latinoamericano más importante de su generación, no estuvo en Chile durante el golpe militar dirigido por el general Augusto Pinochet, a pesar de que él mismo se autoadjudica este honor.

Con respecto a la relación del Sr. Bolaño con las drogas, numerosos críticos y blogueros latinoamericanos y europeos se han puesto del lado de su viuda, acusando a los críticos y editores estadounidenses de distorsionar deliberadamente el pasado del escritor para encajarlo en el cliché comercial del artista perturbado. La vida y obra del Sr. Bolaño ha sido convertida en "un espectáculo trivial", reseñó Julio Ortega, crítico y académico peruano, en El País, el principal diario en España.

El origen de la controversia sobre la heroína [resuelto ya a estas alturas del 2019] se haya en un relato de cuatro páginas que apareció en un compilado titulado Entre paréntesis, publicado un año después de la muerte del Sr. Bolaño. El relato se titula "Playa", y su estructura se compone de una sola oración larga, cuyas palabras iniciales son: "Dejé la heroína, volví a la ciudad y comencé el tratamiento con metadona que me administraron en la clínica".

Ya desde la portada de Entre paréntesis se describe al compilado como una colección de “ensayos, discursos y artículos diversos”. En la introducción, Ignacio Echevarría -crítico y editor español a quien el Sr. Bolaño nombró su albacea literario [con las posteriores destituciones y reasignaciones ya conocidas]- explica que el libro debería ser visto como "una especie de autobiografía hecha de fragmentos" a la vez que como una "cartografía personal" del Sr. Bolaño. Sin embargo, en posteriores entrevistas, el propio Echevarría y Jorge Herralde, editor del autor chileno en la prestigiosa editorial Anagrama, han explicado que la introducción y la portada de las futuras ediciones del libro se cambiarían para dejar en claro que “Playa” es, en realidad, una ficción (cambio que verá la luz ya en la versión en inglés de Entre paréntesis que New Directions publicará el año próximo). “La situación se presta para confusiones, debido a que a Bolaño le gustaba jugar bromas y crear misterios", mencionó Herralde. “Es una posibilidad el que haya estado tratando de tender una trampa a sus futuros biógrafos”, considera.

El texto en cuestión, “Playa”, fue publicado originalmente en el diario madrileño El Mundo, en julio del año 2000, como parte de una serie de relatos en que se pidió a treinta escritores que relataran el peor verano de sus vidas. El editor del suplemento literario, Manuel Llorente, dijo que la mayoría de los escritores respondieron con "relatos que eran clara e incuestionablemente autobiográficos", pero que nunca había estado seguro de la veracidad en la contribución de Bolaño. “Era sabido que Bolaño era un escritor que jugaba con la realidad, que creaba ambigüedades e identidades falsas, así que no importaba mucho si el relato presentado era verdadero o inventado”, dijo Llorente en una entrevista. "Para mí, lo único importante era su valor literario”.

El Sr. Wylie, quien comenzó a manejar el trabajo del Sr. Bolaño el año pasado, dijo en una entrevista telefónica que la viuda del escritor, Carolina López (a quien el Sr. Bolaño conoció después de mudarse a España a fines de la década de 1970), le había "mencionado de pasada" que ella consideraba que los informes sobre el uso de heroína de su esposo eran, al menos, "inexactos". Sin embargo, se negó a discutir el asunto más a fondo, diciendo que "el trabajo de detective literario" no le interesaba.

Pero la investigación literaria fue uno de los temas favoritos del Sr. Bolaño. Tanto 2666 como su predecesor igualmente elogiado, The Savage Detectives, tratan sobre bandas de poetas y críticos que intentan rastrear la verdad sobre escritores que han desaparecido de la historia o que se ocultaron detrás de versiones turbias de sus pasados. En entrevistas telefónicas desde España y México, los amigos y cercanos del Sr. Bolaño sugirieron que el autor siempre aceptó de buena gana la ambigüedad. "Él creó su propio mito", dijo la mujer con la que el escritor estaba involucrado románticamente al momento de su muerte (pidió que no se publicara su nombre porque quiere preservar su privacidad). "Nadie puede negar que él jugó ese juego, y él mismo, sin duda, sería el primero en admitirlo", culminó.

Según la biografía conocida, el Sr. Bolaño se mudó a México en 1968, pero regresó a Chile a principios de la década de 1970 para apoyar al gobierno socialista del presidente Salvador Allende. Luego fue supuestamente arrestado y encarcelado durante el golpe de estado que llevó al general Pinochet al poder el 11 de septiembre de 1973, pero fue salvado de una posible ejecución por dos guardias con los que había sido compañero en la escuela secundaria. Ellos fueron los que lo reconocieron y le permitieron escapar. Por otro lado, algunos de los amigos mexicanos del Sr. Bolaño, que estuvieron en Chile durante los años de Allende, dicen que el escritor estuvo en México durante el tiempo que afirmó haber estado en Chile.

A mediados de los 70 "hablamos mucho sobre Chile, y era obvio, para mí, que Roberto no había estado allí y, a la vez, que estaba dejando que la gente pensara que sí", dijo Ricardo Pascoe, un sociólogo y diplomático mexicano, cuyo hogar fue el escenario de algunas de las fiestas y lecturas que el Sr. Bolaño describiría más tarde en Los detectives salvajes. "Me preguntaba sobre cosas que cualquier persona que hubiera estado allí, habría sabido".

El padre del Sr. Bolaño, León, excamionero y boxeador, dijo desde México que creía que su hijo había estado en Chile, y recordó una conversación en la que el joven Bolaño le decía que "iba a viajar por tierra" para visitar a la hermana de su padre. Aunque no está seguro de la fecha de ese viaje, León Bolaño, ahora de 82 años y enfermo, dijo que después del golpe buscó y obtuvo las garantías del gobierno mexicano para evacuar a su hijo a través de la embajada de México en Chile.

A esto habría que decir que Pascoe fue uno de los miles de jóvenes latinoamericanos que viajaron a Chile después de que Allende fuera elegido en 1970, con el objetivo de participar en la revolución que todos habían estado esperando. Durante el derramamiento de sangre que acompañó al golpe de estado de Pinochet, él y un centenar de personas se refugiaron en la Embajada de México en Santiago hasta que pudieran ser repatriados. El Sr. Bolaño, dijo el Sr. Pascoe, "definitivamente no estaba allí". Dijo que una vez le preguntó directamente al Sr. Bolaño si había estado en Chile y "su respuesta fue tan vaga que me hizo querer decir: ¿Por qué no respondes sí o no? Pero me caía bien y nuestra amistad no se basaba en la política, así que no me importó. Pero está claro que no había estado allí”.

Los amigos mexicanos del Sr. Bolaño dijeron que simplemente estaba avergonzado de admitir que estuvo ausente de la que fue considerada la experiencia política definitoria de su generación. "Entiendo por qué mintió, porque se arrepintió de haberse perdido, de no haber estado allí", dijo Carmen Boullosa, novelista, dramaturga y poeta que mantuvo correspondencia permanente con el Sr. Bolaño.

Rodrigo Fresán, un novelista argentino que vive en Barcelona, ​​dijo: "La biografía de Roberto va a ser interesante de leer, y estoy agradecido de que solo fui su amigo y no el que tendrá que escribirla". Otros que conocen al Sr. Bolaño solo por su trabajo han llegado a la misma conclusión.

"Es un ejercicio difícil el tratar de mantenerse al día con los juegos de un escritor que juega con los hechos y la ficción", dijo Marcela Valdés, una de las críticas estadounidenses que se ha referido al uso de heroína en sus ensayos sobre el Sr. Bolaño. "En este caso, puede que nos haya atrapado".