martes, 6 de marzo de 2007

3 de noviembre





Sé perfectamente en qué consiste el realismo visceral. Tengo algunos años, pocos, pero alcanzo a darme cuenta de esta farsa, de este fraude maquinado entre dos paredes, por dos mentes, si bien brillantes, a la vez oscuras y manipuladoras. Mentes de personas extranjeras, ambas, aunque por el tono bien pudieran ser de cualquier parte, del desierto, de la costa o de una isla. Prefiero mantenerme al margen, a la expectativa, a ver si de pronto se da un cupo de participar, de poner en evidencia, de desenmascarar aquel grupillo de poetas vagabundos, que no hacen más que emborracharse y robar libros; pocas veces escribir, menos veces compartir lo escrito. Putos, malditos putos enardecidos, ya quisieran ellos preparar algunas pócimas. Vaya, cómo los detesto.