jueves, 3 de enero de 2008

Roberto Bolaño: el peligro de la escritura

por Elisa Montesinos
PrimeraLínea















Transformar la literatura. Por eso escribe desde los 16 años, cuando dejó la escuela para asumir plenamente su oficio. Un viajero de toda la vida que volvió a Chile sólo cuando ya tenía una carrera afuera, sembrando de paso la polémica entre el 'gremio'.

"Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso". Es la opción de Bolaño, quien a los 47 años ha incursionado en novela, cuento y poesía, publicando en editoriales como Seix Barral y Anagrama. Pareciera ser también lo que les exige a los demás.

Nuestro país lo reconoce tarde. Tras una prolongada ausencia regresó para recibir el Premio Municipal de Literatura 1998 por su libro de cuentos Llamadas telefónicas; al año siguiente el Consejo del Libro premió Los detectives salvajes, novela que antes obtuviera el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos. El 2000 lo cerró con el lanzamiento en Barcelona de Nocturno de Chile, por cuyas páginas transitan Neruda, Allende, Pinochet y Lafourcade.

Hablar de Bolaño es hablar de literatura arriesgada, "política y tensa", como él prefiere definirla. Inevitable penetrar en otra zona no menos tensa, como son las susceptibilidades, los resentimientos, el ego herido. El escritor pareciera traer la polémica incorporada, por lo que varios de sus pares se niegan a opinar sobre su persona. Desde aquella primera visita en que fue invitado a cenar en casa de Diamela Eltit y le devolvió la mano en forma poco caballerosa. De esa comida y otras “impresiones” que le provocó su entrañable patria escribió en la Revista Ajoblanco. Los dichos causaron indignación, pero no lograron detener sus “comentarios”.


Los dardos van y vienen

Abrió el año una vez más con “tensión”. Fue en Bruselas, alguien tuvo la idea de poner juntos en una mesa sobre literatura a Carlos Franz, Jaime Quezada y Roberto Bolaño. Este último cuestionó la narrativa chilena actual, incluso la anterior. Los dardos alcanzaron a Francisco Coloane y El último grumete de la Baquedano, "novela cursilona" en opinión de Bolaño. La defensa no se hizo esperar. Tal vez en su carácter resida la esencia que lo lleva a iniciar tanta rencilla. Jovana Skármeta, relacionadora pública de la Editorial Fernández de Castro, lo ha acompañado las tres veces que ha venido a Chile y tiene la mejor impresión de él: "es una persona súper directa, por lo mismo las polémicas. Es sincero, como que ya fuera español desde el punto de vista de la forma de ser; no anda haciéndose el simpático". Sin desperdiciar la oportunidad critica: "Nadie es profeta en su tierra porque finalmente acá se le reconoce una vez que la gloria la consigue afuera".

Entre los poetas chilenos que admira está Nicanor Parra, para quien no se mide en elogios, tan esquivos para el resto. Ni Donoso, ni Rivera Letelier, ni Sepúlveda se salvan. De este último ha dicho que es exitoso porque su literatura vende y es muy digerible, de la nueva narrativa chilena que es "fragilísima" y de José Donoso que es "autor de tres libros y tiene algunos abominables". A la defensa de Donoso salió entonces Franz, señalándolo como el punto más alto de la narrativa chilena del siglo pasado, con capacidad de escribir en varios registros, mientras Bolaño "cultiva uno y hasta se ha vuelto monótono". Diamela Eltit devolvió los dardos: "patero y cortesano", le dijo, además de "no muy inteligente".

De Hernán Rivera Letelier comentó que "escribe muy mal". Desde Antofagasta responde el autor de La reina Isabel cantaba rancheras: "¿Usted quiere hacerme pelear más aún con él? Preferiría que no, porque ya nos hemos tirado varias piedras por ahí. Apenas lo conozco. No hemos intercambiado palabras, más que un saludo; yo le apreté la mano y él la dejó lánguida. Eso es todo". La cosa ha sido más que nada a través de los medios. "Todo pasó en forma totalmente gratuita. Yo estaba aquí en la pampa escribiendo y me llegaron unos pencazos de él sin tener arte ni parte".

El poeta Sergio Parra lo conoció junto con Pedro Lemebel cuando vino aquella primera vez. "Él tenía una comida en el Mulato con Fontaine y Franz y los dejó a todos ellos botados y se fue con nosotros al Club Peruano". Después volvió, se encontraron en el lanzamiento de la Revista Matadero -que edita Parra-, pero sólo estuvo un rato y se fue "porque tenía miedo que le pegaran". Prosigue: "Pasa que había una situación aquí: la nueva narrativa chilena era intocable". Juicio en absoluto compartido por Sergio Gómez, considerado integrante de un movimiento que él mismo califica de irreal: "la nueva narrativa es un invento que no tiene ningún asidero y Bolaño cae en el juego de decir que existe, cuando no es así. Lo que es discutible son las directrices comerciales que hubo para vender libros en Chile hace diez años. Pero que lo discutan los gerentes, no los escritores; ¡no tiene nada que ver!".


Escribir con cojones

Escribe sobre la escritura, asunto complejo. Lo que no se dice bordea los relatos, dando cuenta de un universo fuera de la página. Su relación con los escritores chilenos ha sido por decir lo menos extraña. Sólo escogió a Lemebel, a quien llevó a Anagrama. Parra piensa que hay una sintonía entre ambos. "Respeta más al Pedro por la vida, por arriesgarse a apostarlo todo por algo. Se identifica con el personaje periférico, que de la nada se hace conocido por su literatura, no por los contactos sociales, como Franz, que es amigo de Jorge Edwards, que es amigo de este... No, el Pedro de repente irrumpe y se transforma en el más leído y ahí viene la pica de todos estos otros porque han estado toda su vida sentados en el living de terciopelo azul esperando que llegue la fama y viene Lemebel y les gana".

A los 15 años se fue a México con sus padres. En 1973 volvió para participar en la Unidad Popular; tenía 20 años. Los hechos lo obligaron a huir. México y luego España fueron sus destinos. Trabajó en lo que viniera, vigilante de camping, lavaplatos, camarero, descargador de barcos, basurero, recepcionista. Se dedicó también a robar libros, porque no podía pagar su pasión. Todo el tiempo siguió escribiendo.

Parra cree que la acidez de sus comentarios tiene que ver con la dificultad de los inicios. "Bolaño se ha sacado los cojones por escribir y encuentra que aquí la literatura es muy burguesa. Siente que ha vivido más que todos, se ha muerto de hambre, ha estado en la calle, ha pasado miseria, humillaciones. Porque hay una pila de burguesitos también entre los escritores chilenos, ¿o no?; a él le ha costado, ha aperrado solo en la vida. Yo creo que eso se los quiere refregar".

En 1996 con su novela La literatura nazi en América alcanzó un sitial de prestigio dentro de la crítica española y su nombre empezó a sonar en Chile. Para él, sin embargo, no hay mejor reconocimiento que un lector entrando a la librería para comprar algo suyo (o robarlo). Los libros se imbrican entre sí, y es un sello del autor tomar pasajes de obras anteriores para iniciar de ahí una novela. Así, Amuleto se inicia a partir de un fragmento de Los detectives salvajes, lo mismo en Estrella distante que retoma un capítulo de La literatura nazi en América. Entre novela policial y thriller se sitúa su escritura. Muchas veces el suspenso no se resuelve, convirtiéndose en excusa para referirse a relaciones humanas que lindan en la marginalidad y la burocracia del poder.

Digan lo que digan de él, nadie puede decir que escriba mal. Sergio Parra admira su pluma: "Es un tipo muy imaginativo. Los detectives salvajes y Llamadas telefónicas son los que más me gustan hasta ahora. Es donde vi más riesgo; tiene que ver con la vida de él. Una escritura autobiográfica, pasa por la literatura, interesante eso. Es un poco lo que hace Vilas Matas. Ambos son los que han recreado mejor en lengua española la cosa de la literatura dentro de la literatura". Cree, sin embargo, que se trata de un autor con muchos lectores, más de los que él quisiera tener.

La relacionadora pública de Fernández de Castro no esconde su admiración: "Me parece lejos uno de los mejores escritores chilenos contemporáneos, si no el mejor. Además de un gran narrador o súper contador de historias en forma de novelas o cuentos, también es muy buen poeta. Lo que pasa es que en Chile su poesía no se conoce mucho". Anuncia la pronta llegada del poemario "Tres", que también distribuirá el sello editorial. Distinta es la opinión de Sergio Gómez, más recatado a la hora de evaluar: "Me gustan sus libros, me parece interesante, muy actual. Además en el mundo literario español que se caracteriza hoy por una sequía extraordinaria, surge como uno de los escritores más interesantes, junto a Vilas Matas. Pero también me parece bastante sobrevalorado; no es lo mejor que se está escribiendo".

Un escritor escribe esencialmente la misma historia, una y otra vez. Cada día Bolaño se sienta mirando al mar y hace lo que sabe. A veces la lucha es ardua, pero continúa. Tiene su disciplina, que implica levantarse a las 6 de la mañana. En Blanes, pueblito costero cercano a Barcelona, construye novelas de largo aliento, de hasta 700 páginas, sobre personajes fracasados, siempre perdedores. Un conflicto no resuelto con el medio literario chileno lo ha enfrentado a pugnas y lo ha hecho decir: "No pidas entrar a ninguna antología, que tu nombre siempre se ocultará. No luches, porque siempre serás vencido. No le des la espalda al poder, porque el poder lo es todo. No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres, si no quieres vivir una temporada en el infierno".