lunes, 31 de enero de 2011

''Vamos a Chile para tributar el legado de Bolaño y Víctor Jara''. Entrevista a Zach de la Rocha

por Claudio Vergara
La Tercera. 03.10.2010





Su discurso tiene el peligro de una navaja y sus canciones estallan como molotovs. Pero Zack de la Rocha (40) asoma al otro lado de la línea como un tipo de actitud moderada y espíritu casi intelectual. Agradece con trato casi reverencial la opción de hablar con Chile, se abre inquieto a mostrar todo lo que le interesa la historia local y se disculpa casi incómodo cuando reconoce que no se ha informado en profundidad de la huelga mapuche que esta semana se solucionó parcialmente. "No conozco esa historia, pero prometo informarme sobre ella. Es importante saber sobre los que no tienen voz", declara, al teléfono desde su residencia en Los Angeles, el cantante y rostro histórico de Rage Against the Machine (RATM), el pelotón sonoro dueño de parte de los mayores himnos anarquistas y antiimperialistas que cruzaron los 90 bajo una fórmula que hermanó el alto voltaje del rock duro con el hip hop de fraseo político.El mismo cuarteto que se alista para saldar una deuda generacional: el próximo 11 de octubre debutarán en Chile con un show en el Estadio Bicentenario de La Florida que espera reunir a 25 mil personas y que ya se alza como una de las citas musicales del año. Un asunto de convocatoria, pero también de historia: durante los 90, y gracias a una banda sonora que incluyó temas como Killing in the Name, Freedom y Bulls on Parade, Chile se convirtió en el epicentro del arrastre continental de los norteamericanos y en uno de los países donde su obra se asumió como propia. "Siempre supimos de la gran cantidad de fans con que contamos por allá. Por eso entendemos que lo de ahora será especial", completa De la Rocha.


Con todo el interés que siempre han mostrado por Sudamérica, ¿por qué nunca vinieron en sus días de éxito?
Ir a Chile es algo que siempre quisimos hacer, durante años. Teníamos listo un recital en Santiago el año 97 ó 98, pero justo tuve un problema en una rodilla que me obligó a guardar reposo. Fue muy doloroso, no podía ni caminar. Sabíamos que dejaríamos en el camino a una gran cantidad de fans en Santiago, pero fue sólo un asunto médico. Ahora será algo muy especial no sólo para nuestros seguidores, sino que también para nosotros: vamos dispuestos a conocer en terreno la historia chilena que hemos conocido en teoría".

¿Como cuál?
Mi primer acercamiento a Chile fue a través de los libros. Con ellos conocí la historia de coraje de una parte de la población chilena. Durante los últimos diez años, he leído casi todo de Roberto Bolaño y durante alguna temporada fue al único escritor que le presté atención. Los detectives salvajes y 2666 son piezas maestras de esta nueva era, no lo dudo, porque están relacionadas con el analfabetismo, la oscuridad y lo que es la vida de manera real. Lo que significa salir de tu hogar, separarte de tus compañeros, dejar atrás tu familia… Leyendo su obra sentía mucha paz, porque, además, dignificaba la figura del latino. Fue una gran inspiración.

¿Cómo conociste sus libros?
A través del amigo de una ex novia que me dijo que debía conocer su obra. Aquí en Estados Unidos la ignorancia y el conservadurismo no permiten que uno se acerque a otras realidades. Tengo un padre que nació en Durango, México, y eso me permitió conocer a muchos nativos de ese país o chicanos que se movían por Los Angeles. Eso hizo que llegara a Bolaño, pero también a Víctor Jara. Cuando tenía 18 años, en los 80, estaba en un movimiento punk y okupa de Los Angeles que estaba luchando por cierta justicia en el transporte público. Y ahí alguien puso un casete de Víctor Jara y me comenzó a contar su historia. Me di cuenta de su tremenda lucha, su gran personalidad y el triste final a manos de una guerra impulsada por Estados Unidos en 1973. Para mí es una gran historia de desengaño y coraje.

¿Siente su música similar a la de trovadores norteamericanos como Bob Dylan o Phil Ochs?
No lo creo así. En Latinoamérica siempre ha sido más difícil hacer música y el movimiento de La Nueva Canción Chilena, reflejo también de lo que pasaba con Allende, es un buen ejemplo de eso. Allá siempre ha existido mucha más opresión y la música lo muestra. Así como también los libros. Isabel Allende es otro buen ejemplo de escritora que me gusta.

¿Tanto como Bolaño?
No, porque son muy distintos. Leí La casa de los espíritus y su obra es mucho más de hechos cotidianos, de la vida familiar y de relatos más simples. Bolaño presenta luchas más internas y se mueve en un campo más histórico.

Vacacionó en Chile en 2004, ¿ir a La Moneda y Valparaíso significó también rastrear todo lo que había aprendido de Chile?
Claro. Quería conocer La Moneda, el último lugar donde estuvo Allende, donde dio ese discurso y, por cierto, donde EE. UU. impulsó algo muy cruel. También fui a Valparaíso para conocer los lugares propios de Neruda y me moví por otros lugares más pequeños a hacer surf y visitar las playas. Pero sólo fue un paseo. Lo de nuestro próximo show será una deuda con los fans y vamos para tributar toda la influencia que recibimos de Bolaño y Víctor Jara".


Zack de la Rocha habla a alta velocidad y por momentos interrumpe la conversación para disculparse: en una sala contigua están ensayando junto al resto de RATM todo el repertorio que mostrarán en la gira latina que también pasará por Brasil y Argentina. "En Chile haremos un show de cuatro horas y para eso necesitamos mucha preparación. Vamos a presentar nuevas canciones que ahora estamos ensayando, pero básicamente será un repaso por lo más amplio de nuestro repertorio", promete.


La banda se volvió a juntar en 2007, ¿cómo ha sido esta segunda vida?
Muy buena, estamos todos más grandes y maduros y ya no caemos en los problemas que nos enfrentaban hace diez o quince años. Esto es distinto y lo proyectamos mucho: estamos trabajando en un nuevo álbum que saldrá el próximo año, quizás para el verano del hemisferio norte.

¿Es difícil hoy mantener el mismo espíritu combativo de los orígenes?
Nuestras canciones aún tienen actualidad y la gente lo sabe. Aún representan cierto sentimiento de libertad. Hay mucha música corporativa, como ese hip hop que trata mal a las mujeres, que el público sabe apartar rápidamente.

Su discurso les valió censura, pero fama. ¿Cómo fue lidiar con eso?
A momentos no fue fácil. Incluso, lo más complejo que vivimos fue tras la caída de las Torres Gemelas, cuando decían que nuestra música era antipatriota y desaparecimos de algunas radios ligadas a Bush. Nos quitaron de todos los catálogos. Fue una persecución.

¿Cambió su visión de EE. UU. con la llegada de Obama?
Uf, eso requeriría otros cuarenta minutos de entrevista… Pero al menos ha dado la esperanza que el pueblo necesitaba y la justicia que se esfumó con Bush.










Rage Against the Machine homenajeó a mineros, Jara y Bolaño

La Nacion.cl. 12.10.2010





Ante más de 23 mil personas en el estadio Bicentenario La Florida, el grupo norteamericano Rage Against the Machine dio su esperado concierto en nuestro país que no estuvo exento de incidentes y detenidos.

El show, que estuvo teloneado por los grupos Suicidal Tendencies y The Mars Volta, estuvo lleno de energía, tanto por los integrantes de la banda, liderados por el vocalista Zack de la Rocha, como por el público presente que cantó y saltó cada uno de temas tocados, haciendo temblar el recinto.

RATM ingresó al escenario a las 21:50 precedido por un sonido de sirena que hacía presagiar que vendría un gran combate de rock, como era el nombre del espectáculo: “Battle of Santiago”. Su primer tema fue “Testify” y de ahí en adelante se vino una andanada de éxitos como “Bulls on parade”, “People of the sun”, “Know your enemy” y “Guerrilla Radio”.

En la última parte del show, Zack realizó un homenaje a los 33 trabajadores atrapados en el yacimiento de San José recitando la letra de “La canción del minero” de Víctor Jara y luego le dedicó el tema “Freedom” al escritor Roberto Bolaño.

Todo terminó en éxtasis con su mayor éxito, “Killing in the name”, que los miles de asistentes gritaron y saltaron.

La hora y media de música estuvo empañado antes y durante el show, cuando el público de galería se pasó a mejores ubicaciones y decenas de personas de cancha general derribaron las vallas y se trasladaron a cancha vip, sin que los guardias de seguridad y Carabineros pudieran impedirlo. Al final el saldo fue más de 50 detenidos y decenas de heridos por golpes.










domingo, 23 de enero de 2011

"Roberto no necesitó publicar para tener la convicción de que era escritor ". Entrevista a Carolina López, viuda de Roberto Bolaño

por Josep Massot
La Vanguardia. 22.01.2011


En su primera entrevista, la esposa del autor de 2666 habla de su vida, su obra
y de Los sinsabores del verdadero policía, la novela póstuma que aparece en España.



En julio, Patti Smith estrenaba en España su tema Black leaves. "Hojas negras, hojas negras, hojas negras están cayendo…", ante una audiencia hipnotizada. Le acompañaba a la guitarra un joven con melena a lo Bob Dylan, Lautaro, hijo de Roberto Bolaño. Días antes, Patti Smith había querido conocer a la familia del escritor. La cantante, que acaba de ganar el National Book Award por su libro Just kids, tuvo que emplearse a fondo para vencer la resistencia de Carolina López, reacia a tener cualquier protagonismo. Le acabó de convencer la pasión de la cantante por la obra de su marido y, meses después, en Madrid, Patti Smith le dedicó la canción Wing. "Yo era una mariposa en el cielo azul/ elevándose sobre el océano,/ elevándose sobre España/ y me sentía libre, sin necesidad de nadie,/ y era hermoso/ era hermoso".

Han pasado siete años desde la muerte del autor de Los detectives salvajes y Carolina sigue viviendo en Blanes, intentando salvaguardar su vida anónima y velando por sus hijos y la obra de Bolaño. Durante estos años, la familia, alejada de las intrigas de la industria editorial, ha sufrido en silencio injurias e infamias, proclamadas sin conocimiento de causa. Sólo ha hablado con la prensa en tres ocasiones, y siempre a través de comunicados: para desmentir la adicción de Bolaño a la heroína, cuando el bulo llegó a la prensa norteamericana; para expresar su desacuerdo con el rostro de Hitler en la portada elegida por Seix Barral para La literatura nazi en América y para aclarar que no había ningún contrato cinematográfico vigente del libro Los detectives salvajes. Ahora, con motivo de la publicación de Los sinsabores del verdadero policía, ha querido conceder a La Vanguardia una entrevista.



¿Cómo se conocieron?
Nos conocimos en Girona en 1981, Roberto tenía 28 años y yo, 20. El invierno de 1984 comenzamos a vivir juntos. En 1985 nos casamos y ese verano fuimos a Blanes para que Roberto trabajara en la tienda de bisutería de su madre, Victoria. Ese mismo verano yo empecé a trabajar en el Ayuntamiento y eso hizo que nos estableciéramos de forma permanente en Blanes.

¿Cómo era Bolaño?
Roberto era una persona muy inteligente, con una memoria prodigiosa y una curiosidad inagotable. Dulce y cariñoso, con una capacidad lúdica que abarcaba toda clase de juegos. Gran conversador. Al mismo tiempo era una persona muy exigente en sus concepciones éticas que difícilmente perdonaba actitudes desleales. Leía mucho. Era un gran lector, clásicos, poesía, ciencia-ficción, de todo. Le fascinaban también las guerras mundiales, las estrategias, tal vez, porque su abuelo era militar. A veces me enfadaba con él porque se ponía a jugar con Lautaro hasta entrada la noche juegos de estrategia. Se enfrascaba en ellos y perdía la noción del tiempo. Como en el juego, en la literatura, en el amor, en la amistad o enemistad, en realidad ante la vida, tenía una actitud vital completamente desmesurada y esto hacía muy divertida e interesante la vida en común, también muy complicada.

El fracaso es una de las ideas recurrentes en su novela.
Porque él experimentó el fracaso como un caso propio. No empezó a publicar en una editorial importante hasta los 43 años y eso es terrible para alguien que desde los 17 ó 18 años vivía la literatura o que creó el Infrarrealismo en México. No es verdad que viviera de los premios literarios. La mayoría tenía dotaciones miserables, apenas le daban dinero; en todo caso, dosis de moral cuando los ganaba.

Me refería al fracaso de la izquierda revolucionaria.
El fue un hombre adscrito a la izquierda y entregado al sueño de la revolución. El mismo relata su viaje al Chile de Allende para vivir la transformación de su país. Su desengaño también está narrado por él mismo. Creo que ese desengaño ha marcado toda una generación y en su caso es una constante de su literatura.

¿Llegó a tiempo de paladear el éxito?
Tuvo tiempo de disfrutar el reconocimiento. Tuvo la tranquilidad de saber, por fin, que todo lo que escribiera se iba a publicar. Es algo que hay que agradecer a Jorge Herralde. Pudo también saberse muy valorado por la crítica literaria y por algunos de los escritores que había leído con atención desde hacía años, como Pere Gimferrer, Enrique Vila-Matas o Susan Sontag. Pudo recibir premios importantes...

¿Le cambió?
No le cambió. El reconocimiento le puso en contacto con otros escritores contemporáneos y con el ambiente literario de Barcelona: le permitió conocer a mucha gente, pero sus prioridades y su cotidianidad siguieron iguales.

¿Ha tenido problemas contractuales con el editor?
Sí, los hubo, y eso explicaría algunos de mis movimientos iniciales. Ahora están resueltos y no es adecuado hacerlos públicos.

¿Qué instrucciones le dio Roberto Bolaño antes de morir?
Estaba muy preocupado por el futuro de nuestros hijos. Lautaro tenía trece años y Alexandra, sólo dos. Me dejó los cinco disquetes que contenían los cinco libros de 2666 y dejó el encargo de publicarlos por separado a razón de uno cada año para capitalizarnos y salir adelante. Pero sabiendo que Roberto la consideraba una única novela y que quería publicarla íntegra en un solo volumen no se planteó otra posibilidad. En los meses de espera del trasplante, para Roberto era importante hablar y darme instrucciones de lo que tenía que hacer si las cosas salían mal: repetía hasta el hartazgo que no olvidara que todo lo suyo era de los niños y mío y que nunca tuviera duda sobre ello, cómo tenía que ser el entierro… Lo planteaba todo con una naturalidad absoluta, con un sentido del humor muy propio en él, pero fuera de lo común, se reía de todo. Lo recuerdo riéndose con Lautaro: "Si me muero, cuando nos volvamos a ver tú serás más viejo que yo". Para mí eran conversaciones dolorosas. Ahora se las agradezco, me han ayudado mucho y creo que a Lautaro también.

¿Nombró Bolaño albacea literario?
No, no. El albacea literario es una figura jurídica y Roberto ni lo puso por escrito ni mencionó jamás esa posibilidad. Roberto sabía que yo no estaba metida en el mundo editorial y por eso me dijo que, si necesitaba ayuda, recurriera a su amigo Ignacio Echevarría, crítico literario que entonces publicaba sus reseñas en El País. Esto consta por escrito en la Nota de los Herederos de 2666 que se publicó en la primera edición de esta novela. Le pedí ayuda para que hiciera un inventario. Antes de esto, por iniciativa propia, él preparó el libro Entre paréntesis y, tras el inventario, El secreto del mal. Su trabajo de apoyo a la edición de 2666 corrió a cargo de Jorge Herralde. En realidad, él ha sido siempre una persona próxima a la editorial. Que se afirme que Roberto nombró albacea a Ignacio Echevarría es un malentendido, que creo él ha intentado desmentir más de una vez. Roberto tenía muy claro que en caso de que las cosas fueran muy mal, iba a ser yo y después sus hijos los responsables de su obra. En la última entrevista que concedió a Mónica Maristain, quince días antes de ingresar en el hospital, cuando le preguntan: "¿Cuál es la opinión en torno a su obra que más valora?", él responde "mis libros los lee Carolina y después Herralde y después procuro olvidarlos para siempre".

¿Cómo vivió tantos años de ninguneo?
Roberto no necesitó publicar para tener la convicción de que era escritor y que su obra era importante, prueba de ello es que nunca dejó de escribir y de guardar todo aquello que escribía. La falta de reconocimiento implicó falta de dinero y vivir al margen de lo socialmente admitido. Cuando se vive pobremente, el dinero no tiene tanta importancia. Roberto fue un hombre muy valiente, sólo quiso vivir la literatura creando su propia obra. No podía renunciar al sueño de sentir la literatura como su destino, esto es lo que lo hace maravilloso como hombre y como escritor, esa pasión se transmite en su literatura.

¿Le ha defraudado mucha gente?
Más que hablar de la gente que me ha defraudado quiero hablar de los amigos que durante estos años nos han apoyado, algunos con su presencia constante y otros desde la distancia: Enrique Vila-Matas, Paula, A. G. Porta y Anna, Rodrigo Fresán y Ana… y otros que no doy sus nombres porque no son públicos.

Su silencio ha dado pábulo a muchas leyendas.
Mi silencio responde al respeto hacia Roberto, a mis hijos y, por supuesto, hacia mí. Ha sido muy complicado para nosotros situarnos ante Roberto, como un personaje público. Su ausencia lo marca todo, puesto que muchas de las cosas que se dicen no se atreverían a decirlas si él estuviera. Cualquier persona puede decir y reinterpretar su vida, algunos correos electrónicos se convierten en la base de una gran amistad, una relación profesional en una amistad íntima. Los ejemplos podrían ser muchos, pareciera que quien quiere, puede publicar cualquier teoría sobre su vida privada. Yo siempre he confiado en la inteligencia y el sentido común de las personas y no he perdido esa confianza, creo que la gente sabe discernir entre la verdad y la mentira. Esto no evita que para nosotros pueda resultar doloroso. Mantengo una actitud muy rigurosa para preservar la intimidad de mis hijos y la mía. Está claro que lo público de Roberto es su literatura, y de su vida personal, todo aquello que él quiso compartir; si leemos sus entrevistas, veremos que Roberto habló mucho de su vida privada.

¿Cuál es este legado? Desde su muerte han salido varios libros.
Al morir Roberto, encontramos cajas con una cantidad ingente de manuscritos, notas, proyectos, sobre todo de poesía, documentos mecanoscritos… Mucho de este material está escrito a máquina mecánica, lo que nos ha facilitado datarlo, porque en 1993 se compró una máquina eléctrica y en 1995 compramos el ordenador. Además, están los archivos informáticos y muchas páginas impresas con la letra del ordenador, pero que Roberto ni guardó en disquete ni en el disco duro. Hemos iniciado el proceso de clasificación de todo el material y hemos hecho una primera lectura. Estamos en fase de estudio.

¿Los Sinsabores del verdadero policía es la última novela?
Es la que trabajó más tardíamente.

¿Qué criterio sigue para dar o no a la imprenta un texto que no publicó su marido en vida?
Cuando un escritor es muy reconocido universalmente, como en el caso de Bolaño, los lectores agradecen que se publiquen hasta sus diarios o su correspondencia, así como ciertos documentos o textos (siempre que tengan valor literario) que hubieran podido quedar inéditos. Todo es publicable, pero siempre aplicando criterios. El principal: respetar escrupulosamente el texto dejado por el autor, así como contextualizarlo para que el lector tenga la información necesaria, e incorporarlo al conjunto de su obra sin que la desmerezca. En el caso de Roberto, dejando al margen 2666, puesto que él lo dio como publicable, he coordinado directamente la edición de La universidad desconocida, El Tercer Reich y Los sinsabores del verdadero policía. Además de los criterios señalados, se ha trabajado con textos que en algún momento Roberto consideró finalizados; se ha realizado un riguroso estudio en el archivo del autor de toda la documentación vinculada al texto, garantizando un máximo de información y veracidad. En los tres libros he tenido la suerte de disponer del asesoramiento de excelentes profesionales del ámbito de la edición.

¿Qué le llevó a cambiar de la agencia Balcells a la de Wylie?
Creo que no es el momento de hablar de ello. Sí de manifestar públicamente mi satisfacción por el trabajo de la Agencia Wylie.

¿Queda algo más publicable?
Hay que esperar a terminar un estudio completo y profundo para responder con seriedad.

¿Qué hará con los archivos?
Es una decisión que me gustaría tomar con mis hijos, y para que esto suceda quedan algunos años.










Anagrama publica Los sinsabores del verdadero policía, un inédito de Bolaño

por Josep Massot
La vanduargia.es. 19.12.2.010










El laberinto de papeles que dejó al morir Roberto Bolaño en el 2003 sigue deparando hallazgos. Entre los textos que tenía encima de su mesa había una novela entera de unas 300 páginas, titulada Los sinsabores del verdadero policía, que será publicada en enero por Anagrama. En un primer momento, al aparecer los nombres de Amalfitano y Arcimboldi (sin h), se creyó que formaba parte del material de 2666, pero una vez leída y ordenada, quedó patente que empezó a ser escrita en los años 80 –Bolaño la cita en una carta de 1984 a la agencia Balcells– y que es una obra distinta, que no necesita de 2666 para ser entendida.

En Los sinsabores del verdadero policía, Amalfitano se ve obligado a abandonar Barcelona –da clases de literatura en Bellaterra–, debido a un escándalo. Chileno, expulsado del Partido Comunista, torturado por la policía de Pinochet, tiene cincuenta años y es viudo con una hija, Rosa. En exilio por diversos países, recala en Barcelona, donde le acogen los Carrera y, tras el escándalo, sólo logra que le admitan en un pueblo perdido de México, Santa Teresa (Ciudad Juárez). Hay violencia, violaciones, historias de amor, un falsificador de obras de Larry Rivers, vivencias de perdedores, desengañados de la izquierda, escritores que no acaban su obra (El dios de los homosexuales), la irrupción del sida, un partido de baloncesto Barça-Madrid, batallas del México de Maximiliano, una sinopsis de las obras escritas por Arcimboldi (aquí es francés, no alemán), una singular clasificación de poetas, una loa al tabaco y ácidas páginas sobre el mundo universitario y literario. En un capítulo, aparece un casting de escritores españoles, desde Javier Marías a Pere Gimferrer.

En la novela se encuentran, como es habitual en él, ecos y autoplagios: la división de poetas en “maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos” de Los detectives salvajes; la historia del sevillano al que los rusos cortan la lengua de Llamadas telefónicas, o los escritores bárbaros de Estrella distante. La viuda del escritor, Carolina López, expone que “es la manera de trabajar de Bolaño, su juego calidoscópico y borgiano de utilizar los mismos elementos y personajes –iguales y distintos– para crear su universo narrativo”. El 50 por ciento del texto estaba escrito a ordenador y la otra mitad, a máquina. En las carpetas donde se hallaron los textos había un proyecto inacabado titulado Sepulcro de vaqueros, del que sólo llegó a escribir 70 páginas, y relatos incorporados después a otros libros, como "El gusano" de Putas asesinas. Roberto Bolaño la escribió primero a mano, después a máquina y finalmente a ordenador, variando las versiones a medida que las iba transcribiendo. Para la fijación del texto, se priorizaron las versiones más tardías y se pusieron al inicio los capítulos que siguen al título y la dedicatoria (a Manuel Puig y Philip K. Dick).

Aun siendo una novela inconclusa –a la manera Bolaño–, tiene unidad narrativa, principio, desarrollo y desenlace. Como en toda su literatura, hay juegos de manos literarios. ¿Quién es el protagonista de la obra? o también, ¿quién es el verdadero policía? Bolaño da la respuesta: “el verdadero policía busca la invisibilidad”. O más claro aún: “el policía es el lector que busca en vano ordenar esta novela endemoniada”.










Contraportada de Los sinsabores del verdadero policía



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domingo, 16 de enero de 2011

Se publica novela póstuma de Roberto Bolaño

por EFE. 16.01.2011





Bolaño trabajó de forma discontinua en Los sinsabores del verdadero policía, hasta su muerte, en 2003. La viuda del escritor, Carolina López, en una nota editorial al final del libro informa de que la novela está integrada por tres escritos: "Los sinsabores del verdadero policía" y "Asesinos de Sonora", de 50 y 100 páginas respectivamente, localizados en el ordenador del escritor. Además, hay un texto, en parte mecanografiado con una máquina de escribir eléctrica y en parte impreso desde un ordenador sin archivo informático. Este último texto mecanografiado, y cuyo título es también "Los sinsabores del verdadero policía", es "una novela completa de 283 páginas, clasificada en siete carpetas, cinco de las cuales se encontraban en la mesa de trabajo del autor, junto con otros materiales relativos a 2666, en tanto que las otras dos partes se descubrieron al organizar su legado".

Sus historias y protagonistas transitan por otras novelas de Bolaño como Estrella distante, Llamadas telefónicas, Los detectives salvajes y 2666, cuyo centro oculto quizás podría estar constituido por la presente novela. Además, comparten algunos de los personajes, como Amalfitano, su hija Rosa y Archimboldi.

El editor Jorge Herralde señaló que "la lectura de la novela nos convence de que estamos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, en el territorio de 2666 y Los detectives salvajes, es decir, del Bolaño en su mejor forma". Un territorio literario en el que, como puntualiza Herralde, ya aparece "el gran Bolaño de la madurez" y persiste "el joven Bolaño poeta".

En el prólogo de la obra, el crítico Juan Antonio Masoliver Ródenas señala que Los sinsabores del verdadero policía, como 2666, es "una novela inacabada, pero no una novela incompleta, porque lo importante para su autor no ha sido completarla sino desarrollarla". La gran aportación de Bolaño a la literatura es la "provisionalidad", sostiene Masoliver, "una escritura visionaria, onírica, delirante, fragmentaria y provisional" que rompe con la realidad tal como se había entendido hasta el siglo XIX.

En relación al título, "el menos bolañano de sus títulos", anota Masoliver, el autor optó de manera "definitiva" por uno "descriptivo, largo, sin el ritmo a que nos tiene acostumbrados y sin la mínima provocación o extrañeza" que tenían "detectives salvajes" o "putas asesinas".

En una carta de 1995, el propio Bolaño esbozaba esta novela: "Desde hace años trabajo en una (novela) que se titula Los Sinsabores del Verdadero Policía y que es MI NOVELA. El protagonista es un viudo, 50 años, profesor universitario, (con una) hija de 17, que se va a vivir a Santa Teresa, ciudad cercana a la frontera con los USA. Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda".

Amalfitano, exiliado chileno, profesor universitario, viudo con una hija adolescente, descubre al lector, a través de la narración, el desencanto político, su amor a la poesía, que como en una paradoja del destino le obliga a abandonar Barcelona tras un escándalo y le lleva a la lejana Santa Teresa. En este lugar mítico y fronterizo habitan oscuras historias de mujeres asesinadas, y también Pancho Monje, hijo de la dinastía de las Expósito, y otro joven, Castillo, falsificador de las pinturas de Larry Rivers para venderlas a ricos tejanos.

En Santa Teresa, Amalfitano se encontrará con un mago, Archimboldi, que es asimismo un escritor francés y cuya obra narrativa, minuciosamente descrita en uno de los capítulos, despliega la complejidad de otra asombrosa literatura.

El sida, el desencanto de la izquierda, un Barça-Madrid de baloncesto, una clasificación de poetas, una loa al tabaco o un capítulo en el que un supuesto "biopic" (biografía cinematográfica) de Leopardi sería interpretado, "por amor al arte", por escritores como Vargas Llosa, Vila Matas, Josefina Aldecoa, Martín Gaite, Muñoz Molina, Cela, Juan Goytisolo o Marsé son algunos pasajes y escenas de esta obra caleidoscópica.










martes, 11 de enero de 2011

Primera muestra de Nómada (Antología gráfica del cuento Chileno del Siglo XX)




















Dibujante: Eduardo Rojas Pachas - Seeker
Editorial Cinosargo
Isbn: 978-956-345-109-2
Adaptacion a cargo de Yerko Bravo Vasquez
Editor: Daniel Rojas Pachas


La presente muestra corresponde a la adaptación del relato “El Policía de las Ratas” (tomado del libro El gaucho insufrible) del escritor nacional Roberto Bolaño. El dibujo lo realizó el artista Eduardo Rojas Pachas y el libro será lanzado a fines de este mes (enero, 2010) por Cinosargo Ediciones.

Este proyecto surge como un homenaje a los autores adaptados y es un mecanismo de fomento a la lectura a fin de incentivar a los jóvenes, al poner en relación el lenguaje del noveno arte (comic) y la literatura. El proyecto ha sido financiado por la Beca de Creación Literaria 2009 del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.

Más información en: http://www.cinosargo.com










martes, 4 de enero de 2011

Catalejo 20x o a siete leguas de Roberto

por Juan Malebrán
Los tiempos.com. 14.11.2010









Intentar abordar la figura y la obra de Roberto a siete años de su muerte sin repetir lo que ya se ha dicho en centenares de textos, resulta un asunto muy parecido a la acción de extender un mapa y comenzar a tachar ciertos sitios que sabemos son los preferidos por los aficionados al lonelyplanet. Y es que Bolaño ha terminado por convertirse en un centro de visita referencial y por qué no decirlo, común, en el alargado panorama de autores latinoamericanos de las últimas generaciones.

En Chile, por ejemplo, es un comodín utilizable, tanto en salones de exposiciones, en reuniones sociales o cuando falta alguna excusa para armar una feria o un encuentro de jóvenes estudiantes de literatura, todo esto independientemente los interesados hayan pasado o no, la segunda página de alguno de sus libros.

De ahí que sea del todo válido preguntarse sobre lo que se conoce realmente de este escritor aquí en Bolivia, sobre lo que motiva a leerlo en un país más cercano a las formas convencionales de escritura que a los excesos, porque bien sabemos que acomoda más la bohemia de Jaime Sáenz, que la insobornabilidad de Vizcarra, por ejemplo.

Pensemos, ahora, en Bolaño leyendo a ambos y citemos un fragmento del manifiesto Infrarrealista, escrito por él mismo el año 1974, en México: “Un nuevo lirismo, que en América Latina comienza a crecer, a sustentarse en modos que no dejan de maravillarnos. La entrada en materia es ya la entrada en aventura: el poema como un viaje y el poeta como un héroe develador de héroes. La ternura como un ejercicio de velocidad. Respiración y calor. La experiencia disparada, estructuras que se van devorando a sí mismas, contradicciones locas. Si el poeta está inmiscuido, el lector tendrá que inmiscuirse”.

Si tomáramos en cuenta este fragmento o el manifiesto en toda su extensión, más la fijación de nuestro autor, por el error antes que la certeza académica, podríamos hacernos una idea sobre el lado que éste preferiría: “Los burgueses y los pequeños burgueses se la pasan en fiesta. Todos los fines de semana tienen una. El proletariado no tiene fiesta. Sólo funerales con ritmo”.

Pues bien, adentrarse entonces en las cartografías íntimas de este autor, que buscaba un descuartizamiento de la lógica tradicional, mientras pedía a gritos que Arthur Rimbaud volviera a casa, es aproximarse a las monstruosidades de un océano imposiblemente navegable, es animarse a la realización de un viaje que se valida no por la intención de llegar a destino, sino por el simple hecho de ejecutarse, sabiendo que todo regreso, de antemano, se encuentra vetado. Nada nuevo podrían argumentar sus detractores, si esto no hubiese sido dicho antes por el propio viajero.

De ahí que valentía, odio y movimiento, sean palabras claves en las que se sostiene una vida y una obra llena de los temores propios de alguien dispuesto al enfrentamiento. Teniendo en cuenta que Roberto dejó de ser, como quien apunta la cabeza de un taxista a medianoche exigiendo un cambio radical en la ruta, uno más de los tantos jóvenes nacidos en un continente plagado de una mixtura colorida y violenta, para transformarse en alguien que se convence que la única salida posible es darle ambas caras a una realidad, tan fascinante como espantosa: la literatura.

La imagen del escritor, lo que entendemos por ella, comienza a definirse, entonces, desde una óptica que el mismo autor prefiere asociar a la extrañeza, fijaciones y patologías de individuos cuyas vidas se entrecruzan a lo largo de un proyecto de obra que recibe influencias, tanto de la cultura netamente literaria, como de elementos más cercanos al pop: cine, discos, zombies, pornógrafos, adictos, vagabundos, poetas, más poetas que al modo de salvajes atraviesan grandes distancias en busca de una identidad referencial, en fin.

Bolaño es un autor que de lejos logró fusionar vida y obra en una propuesta literaria de gran aliento, un aliento cargado de amor y desencanto o, al decir de él mismo: “siempre consciente de la sombra de la muerte”. Una muerte que éste sentía próxima desde mucho antes de los sucesos finales.

En su obra la extranjería aparece como una condicionante que hace que sus personajes se encuentren siempre abandonando sus relaciones, encontrándose en alguna esquina y viviendo alguna extraña situación que luego se ve reducida a una despedida concluyente. Ahora bien, mucha de la literatura más espesa, menos digerible y aún mucho menos leída de este escritor, se encuentra en su propuesta poética, ya que es en ella donde es posible dar con sus bases temáticas, que luego encontramos en sus relatos, cuentos y extensas novelas; pero en su poesía las podemos reconocer en un estado cercano a la visceralidad, al ensayo y al error. En Perros Románticos por ejemplo, libro que recopila textos escritos durante 1980 a 1998, uno se encuentra, apenas abrir el libro, con una declarada primera persona que sin aspavientos ni piruetas lingüísticas nos dice en el poema que da título al libro: “En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar ni estudiar en la madrugada”.

Resulta, entonces, que el lado A del escritor en este caso es su cara menos reconocible, o sea: “la poesía”, que fue la que lo puso en alineamiento frente a esta batalla, comenzada a fuerza, tanto de experiencias como de lecturas, porque es precisamente aquí donde Roberto se nos escapa, dónde genera la admiración con la que actualmente lidia su fantasma: el acto de exponer vida como una irremediable fractura.

Sin embargo, limitar al autor a un salvajismo juvenil indomable, sería caer en una postal, reduciéndolo por completo a un personaje de corte sediciosamente aventurero, cuando en realidad nos enfrentamos a un hombre arriesgado, pero extremadamente lúcido, desconfiado siempre de las categorías, de los circuitos literarios y de todos los egos hinchados que acostumbran a pulular en ellos.

Despreocupado por completo de los arrebatos de quienes se instalan en el lugar que sea con tal de ganar algún reconocimiento que les permita seguir ensanchando sus panzas. Intentó siempre sacar las cosas del sitio que estos señores desde su intocabilidad les habían atribuido, cuestión que fue generando el aislamiento y desprestigio que se le imputó en un primer momento a su trabajo. Recordemos que Roberto comienza bastante tarde a hacer pública su obra, luego de años de ejercer los más variados oficios, ya es todo un clásico mencionar morbosamente que fue recolector de basura, lavador de platos, cuidador de camping, etc., no sin agregar de paso, lo dicho una noche a Villorio: "Soy un marine; donde me pongas, resisto".

Esta actitud desencantada, pero vital, le permitió ponerse en contra de las élites con una claridad que sin lugar a dudas se debió a las relaciones sostenidas con el movimiento peruano Hora Zero, que en los años 70 manifestaba una renovación de la literatura a nivel continente, una limpieza de adormilados y una acción concreta sobre las variantes, no sólo estéticas que posee la palabra a la hora de manifestar descontento y proponer rupturas en pro de un ordenamiento social que supere las limitantes con que nos minimizan quienes ofertan los distintos modos del poder:

Su crítica al sistema poético de su tiempo, perfectamente extrapolable a la situación actual de muchos países del continente, fue otra constante dentro de su obra, en la que la pasión, no estuvo regida por la cobardía que se nos viene encima cada vez que nos queremos enfrentar a los otros o a nosotros mismos.

Entonces, si volviéramos a la inquietud inicial: ¿Quién terminará siendo Roberto en los próximos años para este país? ¿Se llegará a transformar en un personaje al cual citar en las fiestas o los salones de “las grandes” galerías, conociendo apenas unos cuantos pasajes de su obra? ¿Será un referente al cuál recurrir cuando se quiera tener una idea sobre la vuelta de tuerca dada a la narrativa latinoamericana de los últimos años?

Y aquí debería regirme por las normas de la rigurosidad literaria y decir que espero sean sus obras, antes que su figura lo que prime, pero sería mentir, sería alimentar este doble estándar con que nos defendemos para parecer más preocupados por la salud de los libros, que por la actitud con que se enfrenta al mundo, cuando sabemos que en el fondo es por esta última que se llega a desarrollar una propuesta como la que logró el autor que hoy nos reúne, que el valor que tiene saber acomodar bien las palabras no se compara en absoluto a ese otro, que al decir del propio Bolaño y para terminar, copio: "Muchas pueden ser las patrias de un escritor, se me ocurre ahora, pero uno solo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es el de la calidad de la escritura (…) Que no significa escribir bien, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino escribir maravillosamente bien, y ni siquiera eso, pues escribir maravillosamente bien también lo puede hacer cualquiera. ¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso".