martes, 28 de septiembre de 2010

Bolaño y su desaparición

por Pedro Donoso
Deriva.org. 21.04.2004











A Belano lo conocimos siete meses antes de que muriera. Por aquel entonces era otoño y venía a Madrid a instruirnos sobre cómo hacer literatura. Fue muy claro: nada más comenzar su taller, apoyado contra la mesa y fumando, dijo que no tenía ni idea. En ese momento me di cuenta, no sin regocijo, de que estábamos ante un tipo del que había mucho que aprender. Parecía un poco triste, pero siempre preparado para descerrajar un chiste en cualquier momento. A mí me daba la impresión de que muchas de sus bromas iban a caer en el vacío. Era un gran humorista.

Después comenzó a hablar sobre el vínculo necesario entre el buen escritor y una buena persona. Un buen escritor es, fundamentalmente, una buena persona. Eso fue lo que dijo con las últimas luces del atardecer a sus espaldas. Nadie creyó entenderlo. Algunos reaccionaron moralmente. A otros participantes del taller les pareció una aberración y sacaron a relucir el caso de Louis Ferdinand Céline. Lo que nadie entendió, y eso Belano lo sabía por experiencia propia, es que la literatura es, fundamentalmente, un viaje al fondo de la noche. Aquel que tiene la valentía de emprender el camino se torna una persona más cabal, más humana. Aunque sea un perfecto hijo de puta. Alguien que es capaz de escribir íntegramente es alguien que ha descendido a las profundas galerías del espíritu humano para continuar extrayendo los preciosos minerales inútiles que llenan la cueva de este animal monstruoso. Belano polemizaba con esa pequeña audiencia de potenciales escritores/as. Tal vez quería decir algo completamente otro. Tal vez para algunos, todo se reducía a un problema técnico.

Pero hay algo de lo que no dudo. Tal como Nietzsche lo creía necesario, Belano era un tipo que predicaba con el ejemplo. Esa coincidencia sobre sí mismo era una fuente de garantía.

En su justa medida, era un tipo al que le gustaba el peligro. En el colegio, entre sus compañeros, se hizo respetar. Después no le pegaría nadie. Iría a la cárcel, viviría de los ideales, masticaría la amargura y el desengaño en política, llegaría hasta el final del pasillo y entraría de nuevo en Kafka, con tranquilidad, mirando las circunstancias a la cara para dar un suspiro y fumarse otro cigarrillo. Con cierto amor del peligro. Había leído a los clásicos pero sus poemas eran los de un “perro romántico”, un sujeto desahuciado que porfía, que se levanta de su cama y sale a dar un paseo y se alegra de que la primavera vuelva a llegar ese año, aunque ya no sea tanto para él. La melancolía más digna posible dentro de esta actividad (la literaria) que se torna como un momento revelador y absurdo. Voy a conservar la frase anterior. Quiero ver si se aclara, aunque se trate de una tarea tan elíptica como fotografiar la luz.

En sus Tesis sobre la filosofía de la historia, Walter Benjamin menciona que “el pasado sólo puede ser aprehendido como una imagen que destella en el instante en el que se hace reconocible y nunca más se vuelve a ver”. Está nombrando algo que recuerda a una epifanía o una aparición. Pero, más concretamente, Benjamin contempla todo lo contrario, el instante de una desaparición. Des-aparecer es una aparición negativa, por decirlo de algún modo. Es ver lo que se acaba de ir y que nos deja con una impresión melancólica.

Debido a algún abuso o a un exceso de vergüenza, la palabra melancolía se ha convertido en un término asociado a un sentimentalismo languideciente. Da recelos hablar de melancolía sin contagiarse de los aires de una canción de moda. Ahora ¿sería posible darle un sentido que, sin rechazar la tristeza a la que invoca, recuperase un modo de ser más práctico de la melancolía? La convalidación del desaparecer en su perfecta sincronía con nuestro deseo de detenernos en la contemplación. La melancolía se torna en una forma real que se manifiesta en toda regla en el acto de desaparecer.

En el caso de Belano, la palabra desaparición tiene más de un sentido. Uno de los principales contextos viene dado por la práctica aterradora que se difundió en Chile durante la dictadura militar: la desaparición. Recordemos que el propio Belano pudo convertirse en un d.d. (detenido desaparecido) en su juventud, cuando fue encarcelado en las mazmorras de la dictadura pinochetista. La desaparición hubiera supuesto el fin de todo el futuro. Una obra completa nunca hubiera tomado cuerpo. Resulta extraño pensarlo. Eso no hubiera sido una desaparición. Sólo desaparece lo que amamos.

Tal vez, a Belano le hubiera gustado escribir un cuento sobre un mago que hace desaparecer a una mujer en su espectáculo y la mujer, efectivamente, se esfuma, desaparece de la faz del planeta. El mago, como es lógico, se desespera y se maravilla. Sus trucos han alcanzado un momento en que el efectismo y la ocurrencia real son la misma cosa. Una literatura en la que la ficción nombra a lo que desaparece y que, sin embargo, en ese último instante le infunde toda la vida.

Sin embargo, no escribió sobre un mago, sino sobre un aviador. En La literatura nazi o, en su versión extendida, Estrella distante, Carlos Wieder es el piloto acrobático que escribe poesía. Sus versos aterradores extienden por el cielo una serie de mensajes que ahondan en la más desquiciada forma de concebir el arte: como una anulación de la vida. La formidable y aterradora expresión que logramos entrever es aquella que no puede disociar la belleza de la muerte, preferiblemente violenta. Wieder, que hace desaparecer a varios, parece amar la superioridad de aquel que desprecia la vida. Una especie de sublimación holocáustica.

La muerte, esa gran desaparición.

A Belano lo conocimos siete meses antes de que ello ocurriera, ya lo he dicho. ¿He acabado por hacer un homenaje funerario, confundiéndolo todo? Me gustaría pensar que no. Bueno, de alguna forma no hay escapatoria. He hablado de alguien que ya no está, que dejó encendida la luz de su escritorio. En el extremo opuesto a su siniestro personaje (un perfecto hijo de puta) su desaparición nos contraría, nos decepciona. A quién menos queremos ver desaparecer: es esa definición infantil del amor. Belano ha desaparecido para siempre: su historia no hace más que comenzar. Poeta: tienes toda la muerte por delante.










lunes, 13 de septiembre de 2010

¿Qué pasó con los seis tigres de la poesía chilena?

por Daniel Rojas Pachas
Revista Multitud, nº 4. Septiembre 2010








Una forma
De escribir poesía
Es vivir epigrafiando

“Luis Hernández – Una forma”


Para mí Viena tiene mucho que ver con la literatura

y con la vida de algunas personas muy cercanas a mí
y que entendieron el exilio como en ocasiones lo entiendo yo mismo,
es decir como vida o como actitud ante la vida.
“Roberto Bolaño-El exilio y la literatura”



En el relato “Encuentro con Enrique Lihn” publicado en Putas Asesinas, Bolaño menciona su relación epistolar con el tetas negras, nos cuenta cómo ésta lo salvó de la auto-aniquilación durante un periodo de exilio voluntario, hambre, desolación y falta de perspectivas, vivido en su estancia en Gerona. Vale la pena mencionar que ese periodo al que Bolaño alude, nos retrotrae al año 81 ó 82 y las condiciones que nos grafica no están condicionadas por un contexto político o social de opresión inmediato, alguna guerra o dictadura tan usuales en el mundo en que vivimos... más bien es el estado constante de quien ha asumido el viaje sin retorno de la literatura. La propia guerra y dictadura de los obsesos con la palabra y que como bien señala el autor de Los detectives salvajes, se refleja en aquellos que han pretendido mantenerse solos en su barco y a la deriva, remando contracorriente siempre que sea necesario escapar del advenimiento de los policías de la literatura “a quienes nada se les escapa y nada perdonan” y procurando desde luego ser una voz ajena a los compadrazgos, sin abrazar becas o como dijera Eduardo Llanos, alienado de aquellos “mecenas de conducta sexual dudosa”… grandes vampiros y señores feudales en busca de efebos y una cohorte de clones complacientes.




La ondulada me inquietaba, presentía el peligro pero me gustaba la suavidad: subir y bajar. La última línea era la crispación. Me dolía el pene, el vientre, etc. (Bolaño-Amberes 2002)

Este viaje de encierro y descreimiento casi masoquista, vale la pena decirlo, en gran medida implica una apuesta al vacío, al fracaso absoluto lejos de todo romanticismo creacionista (((me refiero a Huidobro))), instrumentalización partidista (((me refiero a Neruda))) y ennoblecimiento olímpico del acto (((me refiero al bastardo producto de la cruza de ambos))).

La noción de derrota queda clara en la siguiente frase de Bolaño: “La literatura se parece mucho a la pelea de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear, eso es la literatura”.

Si pensamos esto en función de la conversación que Bolaño dijo sostener con Lihn en torno a lo que éste último calificaba como “Los seis tigres de la poesía Chilena” podemos entender mejor la analogía de los samuráis y sus luchas… Rodrigo Lira (((autoeliminado))) Maqueira (((autoexiliado))) Bertoni (((autoexiliado))) Gonzalo Muñoz (((autoexiliado))) Juan Luis Martínez (((muerto a temprana edad))) el destino de Bolaño y Lihn, para qué decirlo, todos conocemos esas historias de tiempo + enfermedad catastrófica = Diario de muerte…

Por ello dentro del relato el autor agrega con tono mordaz: “Más que tigres, gatos, se lo mire como se lo mire. Gatitos de una provincia perdida”.

Esta suma de ideas y por qué no, anécdotas, forman parte de la historia literaria de culto en Chile y América o la “historia secreta”, siguiendo a Bolaño en sus disquisiciones: “El arte, dijo, es parte de la historia particular mucho antes que de la historia del arte propiamente dicha. El arte, dijo, es la historia particular. Es la única historia particular posible. Es la historia particular y es al mismo tiempo la matriz de la historia particular. ¿Y qué es la matriz de la historia particular?, dije. Acto seguido pensé que me respondería: el arte. Y también pensé, y ése fue un pensamiento afable, que ya estábamos borrachos y que era hora de volver a casa. Pero mi amigo dijo: la matriz de la historia particular es la historia secreta”. (El dentista- Putas Asesinas).

Sostener una visión consciente frente a digresiones de ese tipo y pensar en personajes… no sé, como el Chico Molina y su mito en el cual la historia particular se trenza a golpes con la historia del arte… al menos a mí me deja bastante como lector que procura ser crítico y llevar esa actitud a la escritura, sobre todo en esta selva o desierto sitiado por millares de esperpentos... y con el término aclaro, no necesariamente hago alusión a aquello a lo que Valle Inclán entendía por esperpento… sino a los que pululan y profitan por un mar que soporta todo tipo de viajeros… aún cuando estos sólo estén navegando en torno a su propio eje, el de sus padrinos y la mala lectura de los clásicos y no tan clásicos… Veo por ejemplo a amigos y otros no tan cercanos abocados al oficio. Tan solo una pequeña cantidad encerrados y dedicados a su bitácora… Pienso en esa medida en lo que dice Bukowski en su poema “Cómo ser un gran escritor”: (…) agarra una buena máquina de escribir / y mientras los pasos van y vienen / más allá de tu ventana / dale duro a esa cosa, / dale duro. / haz de eso una pelea de peso pesado. / haz como el toro en la primer embestida. / y recuerda a los perros viejos, / que pelearon tan bien: / Hemingway, Céline, Dostoievski, Hamsun. / si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas / como te está pasando a ti ahora, / sin mujeres / sin comida / sin esperanza... / entonces no estás listo / toma más cerveza. / hay tiempo. / y si no hay, / está bien / igual.

Arenas dice algo similar en su poema The Parade Ends: (…) Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella, / paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en / marcha. / El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido / ahora, a toda velocidad. / Paredes, árboles, calles, / catedrales, rostros y playas, / celdas, miniceldas, / grandes celdas, / noche estrellada, pies / desnudos, pinares, nubes, / centenares, miles, / un millón de cotorras / taburetes y una enredadera. / Todo acude, todo llega, todos vienen. / Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas, / flotas, flotas arrancado, arrastrado, / elevado, / llevado, transportado, eternizado, / salvado, en aras, y, / por esa minúscula y constante cadencia, / por esa música, / por ese ta ta incesante.

Sin embargo, aquellos son la periferia de lo precario… Lo que se atisba en el horizonte, la mayoría que podemos otear, discurre por sendas corrientes y comparte embarcación, otros son meros tripulantes, hay quienes guían esas barcazas a quién sabe dónde y con qué fines… los que lo secundan en lugar de amotinarse abrazan ese suicidio en masa y todos en definitiva van traficando sus lecturas, desparramando por la red y el mundo sus intenciones… ya sea en encuentros, lecturas, giras, congresos… tengo sus libritos dedicados, escucho de sus luchas diarias contra el papel en blanco, leo sus frenéticos y auto-publicitarios estados en la red social de turno y sin querer me hago parte de su desazón, sus brindis y manifiestos de trasnoche a veces con el ánimo dispuesto a rendirse y luego sus alegres planes y esperanzadas utopías condenadas a un precipicio mayor… Y me pregunto a la manera de Luis Hernández: “Dios mío / De dónde sale / Tanta gente / Solitaria”.

Tanto malditismo, tanto engrupido negando y sufriendo la poesía, cortándose las venas en nombre de la literatura, dignificando al poeta como un ser especial, mesiánico, otras veces le escupen y lo llaman vago pero tan vapuleado lo llevan que comienza a parecerse a Jesucristo por ende recobran la fe y amor hacia él pues coinciden en lo marginal y en esa dizque-aura de misticismo, en ese ir y venir empieza la reafirmación de los egos y las poses en un entorno colectivo con una escena que hoy en Chile, tanto en esas “provincias perdidas” del norte y sur extremo como en la suma de “provincias perdidas” que es Santiago… se asemeja al fútbol con jugadores de primera, segunda y hasta tercera división peleando por un escaño, por un traspaso a las grandes ligas, quizá un escándalo y nota en las últimas noticias, alguna foto de portada o una entrevista siquiera radial… el panorama más que desolador es irrisorio… Como diría Lihn, exquisito para un voyeur: “es decir como un tipo que observa y se observa en la sociedad, y que se sabe cómplice o parte de ella: un participante de este carnaval. Me parece, en todo caso, que no tiene que ser asumido en forma demasiado patética. En la gente hay capacidades para disfrutar incluso con estas cosas, a través del humor. De ese humor, y de ese distanciamiento que produce el humor, es algo que ha dado muestras también este país, como una manera de defenderse de la realidad, y de hacer irrisión de ella. Son antídotos, por así decirlo, contra la monstruosidad ambiental”.

De este panorama actual sólo queda imaginar un perro sarnoso mordiéndose la cola o un bowl (((la escena literaria de un país-digamos nuestra copia feliz del edén))) lleno de canicas (((escribidores))) que agitas para ver cómo chocan y se dan de cabezazos entre sí destrozándose unos a otros o contra las paredes… un happening constante, un circo romano al uso, una pasarela llena de vedettes con escritura… por eso más que preguntar por los seis tigres de la poesía chilena, vale la pena preguntar por la poesía y la literatura chilena… ¿dónde está?, ¿dónde quedó la escritura?… En otra parte, eso está claro… En el exilio o en el encierro… en ese pendejo que aún no se contamina, que todavía no lee ese anuncio de centro cultural con talleres dictados por bucaneros y corsarios que se creen el terror de los siete mares… Creo que a eso se refería Bolaño al pensar en el exilio como vida o como actitud ante la vida.

Luego agrega: “Literatura y exilio son, creo, las dos caras de la misma moneda, nuestro destino puesto en manos del azar. Sin salir de mi casa conozco el mundo, dice el Tao Te King, e incluso así, sin salir uno de su propia casa, el exilio y el destierro se hacen presentes desde el primer momento. La literatura de Kafka, la más esclarecedora y terrible (y también la más humilde) del siglo XX, así lo demuestra hasta la saciedad”.

Vale la penar continuar con el diálogo póstumo y cruzar lo dicho por uno de los otrora tigres con aquel que los castigó con semejante epíteto… y quizá… sólo quizá, dar sentido a esta digresión a medias personal y a medias tributaria de mis lecturas de ambos autores y la realidad circundante… y por qué no… citar una coordenada clave que Lihn le da a Schopf en una entrevista… Lihn inquiere: Me sitúo entre los trabajadores que se han concertado, sin ponerse de acuerdo en el estilo, para levantar la casa de la poesía chilena. No se vive ni se escribe a la intemperie. Hemos rescatado algunos restos del siglo diecinueve, quizás una hermosa puerta de hierro forjado, antigüedades. Pero todo eso se encuentra en el jardín y en el primer piso: yo trabajo en el tercero y no siempre con compañeros de mi agrado, pero cada cual hace lo suyo. Lo que no puede pedírsenos es que funcionemos como órganos de una determinada tradición estilística, bajo una sola batuta. Basta con una tradición de geniosidad, habilidad y eficacia en un país como éste, culturalmente en pañales: casi una selva, casi un desierto. Un buen refugio para completarlo mañana o demolerlo pasado mañana, eso es todo. Lo que no soporto son los aprendices ineptos, los meros curiosos que circulan por la construcción o esos falsos niños con sus castillitos de arena en el jardín, y los poetastros, los poetas justamente olvidados, los “guaripoetas”.

Bolaño se pregunta entonces: “¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos”. Del mismo modo haciendo la reflexión podemos decir viendo la saturación de cafiches, astros y divas de la literatura circundando hoy y siempre… Merecimos tener al tigre Bolaño… No mucho, no tanto, pero lo merecimos.










lunes, 6 de septiembre de 2010

Nuestros modelos de espanto. Roberto Bolaño y la Novela Criminal

por Juan Carlos Moraga
Revista Polémica. 02.10.2008



Soñé que era un detective viejo y enfermo
y que buscaba gente perdida hace tiempo.
A veces me miraba casualmente en un espejo
y reconocía a Roberto Bolaño.
Roberto Bolaño




1. Un paradigma de la novela criminal: Agatha Christie y el Crimen en el Oriental Express.

La historia se escribe después de las catástrofes.
Bertold Brecht


¿Qué es la literatura criminal? Pues es la literatura que gira en torno al problema del crimen, de los detectives y los criminales, pero también un espacio habitado por símbolos que hay que descifrar; enigmas.

La literatura genera modelos de percepción, matrices para interpretar al texto y a la vida, una de estas matrices de percepción es lo que llamaremos novela criminal. ¿Por qué matrices de percepción? Porque nos predisponen a un trabajo de interpretación.

La novela criminal es aquella que, como su nombre indica, gira en torno a un crimen, su enigma y su resolución, o la imposibilidad de su resolución [1], teniendo un modelo arquetípico de personaje: el detective.

El relato criminal constaría de dos fases, de dos series temporales que organizan y determinan el problema; aquí otra aclaración, el crimen siempre es un problema, no sólo para la victima, quien lo padece directamente, la mayoría de las veces con consecuencias fatales, sino que es un problema lógico o bien un puzzle, una serie de piezas dispersas que han de ser ensambladas para revelar la difusa figura de la verdad, el problema del crimen, entonces tendrá dos tiempos, dos fases: «el tiempo de la investigación después del crimen y el tiempo del drama que conduce a él». Aquí hay dos historias: la del crimen y la de la investigación.

Se examina indicio tras indicio, pista tras pista, es un proceso de aprendizaje. Como en la novela de Agatha Christie, El crimen del Oriental Express, donde lo que ordena la narración es la seguidilla de doce personajes y sus respectivos interrogatorios, doce voces que conjugadas serán la investigación: un prologo y un epílogo. Así también Los Detectives Salvajes se ordena como un «sándwich»: a modo de prólogo la primera parte del diario de García Madero, luego la sucesión esquizofrénica de entrevistas para terminar con un epílogo que sería la segunda parte del diario de García Madero.

Cito el caso de Agatha Christie porque es una estructura muy semejante a la de Bolaño, no sólo por esa especie de polifonía de personajes diversos, conflictuados y marginales, sino porque el verdadero análisis, el verdadero crimen, es meta-textual: la historia consiste en realidad en explicar cómo puede cumplirse el relato mismo, cómo es posible narrar este crimen, escribir este libro.

En la literatura criminal siempre nos encontramos ante dos historias: una ausente, pero real, el proceso de comprender y explicar el crimen, y que sólo se hará presente en tanto se acompañe el relato y el trabajo de deducción de éste, y otra historia, ésta presente pero insignificante en tanto evidente, el crimen mismo, consumado.

El crimen se trata generalmente de un conflicto consumado en un hecho de violencia o un acto «ilegal» narrado, a partir del eje del deseo, de las bajas pasiones: siempre se trata de terrores, angustias, infamias, proyectos absurdos y fantasiosos. Sólo se llega al crimen por un juego complejo donde se unen procesos sofisticados y complejos de la razón y lo que podríamos llamar «un desorden del espíritu». Pero será la «recta razón» la que develará el misterio, la que comprenderá, la que le dará solución. El crimen es exceso: una pasión en exceso, una codicia en exceso, un celo en exceso, una inteligencia en exceso, todos estos que llevan a la muerte.

La novela criminal entonces funciona en tanto el mecanismo crimen, por medio del detective, es capaz de articular, de construir, o más bien reconstruir, un sentido en torno al enigma, basa su estructura en la relación misterio/verdad, misterio que toma la forma de un crimen, preferentemente un asesinato, pero también un robo o un secuestro; y aquí un eje que refiere especialmente para la obra de Bolaño: siempre hay algo que desaparece, que deja de estar, ¿y en última instancia qué es eso que deja de estar? Bueno, podemos dar una respuesta peregrina, como diría Bolaño, lo que desaparece en el crimen de la novela es el sentido mismo, el orden de los objetos en el mundo, o de los cuerpos en el campo de batalla, como diría Deleuze parafraseando a Leibniz.

La novela criminal es una máquina de lectura: ya que se enfrenta al enigma de reconstruir o construir un sentido que se ha perdido, además la idea de máquina de enigmas nos acerca a la mítica Enigma, primera máquina que disponía de un mecanismo de cifrado rotatorio, que permitía usarla tanto para cifrar, como para descifrar mensajes. En la literatura criminal hay un signo privilegiado: el enigma (el crimen) y un proceso de destrucción y reconstrucción de ese signo. Una causa, teñida de sangre, que desencadena la semiotización de la realidad, la recuperación de sentido en tanto se reordenan los signos del misterio, del crimen, en torno al proceso deductivo medianamente racional, medianamente científico, llevado adelante por el detective [2].


2. ¿Qué es lo salvaje de Los detectives salvajes?: El detective, etapa superior del héroe.

Tengo miedo de escribir, es tan peligroso.
Quien lo ha intentado, lo sabe.
Peligroso de resolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva,
está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar.
Para escribir tengo que colocarme en el vacío.
Clarice Lispector


Como plantea Pablo de Santis: Al situarlo en la fecha de su aparición, pleno siglo XIX, donde se conjugan hermosamente todo el sueño ilustrado de la razón y el progreso y la pasión romántica por el misterio y lo sobrenatural, el detective está a favor del positivismo y de la razón, y por otro lado tienen un costado romántico, como si fueran los últimos caballeros de una orden que se va a extinguir.

Habría que ver en el surgimiento del detective un nuevo tipo de héroe: el héroe quieto. La novela criminal nace de ese héroe que no se desplaza ni recorre distancias, que está dentro de un cuarto (de hecho el caso mas paradigmático del genero es el llamado «caso de la habitación cerrada») y tiene la mirada puesta en lo mínimo, en lo microscópico.

Este giro se explicita en un cambio de instrumento radical: mientras que en la novela de aventuras lo que aparece es el catalejo o el telescopio, instrumento de visión pero que trabaja a la distancia; el detective, en la novela criminal, opta por la lupa. La lupa es un instrumento de lectura, y es por medio de este símbolo como el detective lee el detalle, así como el lector lee las pistas que el autor le brinda. Se trata de ver la verdad en lo menos evidente, en lo marginal, lo que está escondido.

Si hay verdad, o más bien si hay una necesidad de verdad en tanto se ha perdido el sentido, debe haber alguien encargado de comprenderla, de revelarla al (o junto al) lector. Esta es la figura del detective [3].

Como señala Lacan en su seminario sobre La carta robada, de Poe: «El detective es aquel que está allí y ve lo que está, pero nadie ve: el detective, podría decirse es el que enviste de sentido la realidad brutal de los hechos, transformando en indicios las cosas, correlacionando información que aislada carece de valor, establecido series y órdenes de significación».

La realidad, y el enigma, se transforman en manos del detective en una serie de claves cifradas capaces de ser traducidas y desencriptadas, que restituirán el orden más allá de lo irreversible del crimen, más allá de la acaecida pérdida de sentido.

Bolaño titula a su más popular novela Los Detectives Salvajes. Bueno, ya hemos intentado explicar que es esto del detective, pero ¿qué es lo salvaje de los detectives salvajes?

Para Juan Villorro: «A Bolaño sólo le interesan los cabos sueltos, es un investigador», y para aquellos que han leído la novela no es fácil relacionar al personaje Arturo Belano con el bueno de Roberto. Pero esto no agrega mucho, en principio, sobre el problema del salvajismo…

Ignacio Echeverría ha sostenido que la figura principal de Bolaño es el poeta, ¿y qué es un poeta? Un investigador heterodoxo de lo real, un detective salvaje, que desde la irracionalidad de la vida literaria, del problema de confundir literatura y vida, reconstruye en el relato el sentido perdido.

Bolaño escribe sobre poetas que investigan el reverso de las cosas y transforman la experiencia en obra de arte. Bolaño plantea al poeta como detective terrible de una realidad descarnada, como ultimo bastión de la reconstrucción del sentido, con un destino siempre cifrado por la tragedia.

Por eso, para Villorro, Bolaño es un «autor policíaco en las sendas no de Chandler sino de Sófocles, escribe sobre los que no saben, todavía, que son culpables» [4].




Notas

[1] Esta idea es una relectura del trabajo de Román Gubern realizado en la antología La Novela Criminal, publicada por Tusquets en 1982.
[2] Pero a partir de la novela negra como subgénero dentro de la novela criminal se agregarán al análisis dos factores más, un proceso medianamente ético y medianamente emocional.
[3] Figura muy semejante a la del intelectual o el científico, y esta semejanza ha sido explotada por ejemplo por Piglia en su novela Respiración Artificial.
[4] Prólogo a Bolaño por sí mismo.