lunes, 13 de diciembre de 2010

Contra Ignacio Echevarría

por Jorge Volpi
Letras Libres. 07.2004










La regla de oro indica que un escritor nunca debe responderle a un crítico, por más severo o injusto que haya sido al escribir sobre sus obras. No obstante, esta norma admite una excepción: cuando el crítico de turno no se ocupa de asuntos literarios, sino personales —es decir, cuando utiliza su posición para fines distintos a la literatura—, el crítico no debe quedar impune, sino que sus faltas deben ser señaladas, como las de cualquier otro. Hace unas semanas, Ignacio Echevarría publicó un comentario —que no una reseña— del libro Palabra de América en las páginas del diario chileno La Nación (por alguna razón, en España prefirió guardar silencio). Lo que hace Echevarría en esta nota me parece, y lo digo con toda claridad, de una enorme vileza.

Los antecedentes son los siguientes: en el mes de junio de 2003, la editorial Seix Barral y la Fundación Lara organizaron un encuentro de escritores latinoamericanos, en el cual participaron en calidad de invitados especiales Guillermo Cabrera Infante y Roberto Bolaño, quien falleció unos días más tarde. En enero de 2004, Seix Barral publicó el libro Palabra de América, donde se recogen las intervenciones de los asistentes al encuentro. Dado que Bolaño no pudo terminar su intervención, los editores decidieron reproducir el texto que el novelista chileno leyó entonces, aparecido también en la revista Lateral y luego en El gaucho insufrible, "Los mitos de Cthulthu", así como los primeros párrafos del texto inacabado que Bolaño había prometido enviar a los editores, paradójicamente titulado "Sevilla me mata".

En vez de hacer una reseña del libro, Echevarría no duda en utilizar al propio Roberto Bolaño, sacando de contexto un fragmento de su ponencia inacabada, para descalificar a los demás autores. Al parecer, Echevarría no puede entender por qué su amigo, quien no acostumbraba a asistir a tertulias literarias, se empeñó en acompañar a unos escritores tan mediocres. Consternado, la única respuesta que se le ocurre —y que se atreve a escribir sin sonrojarse— es que, unos días antes de su muerte, Bolaño viajó desde Blanes hasta Sevilla sólo para mofarse de sus compañeros.

Sinceramente, no entiendo cómo un amigo de Roberto Bolaño puede atreverse a interpretar su conducta tan a la ligera, justo cuando él ya no puede contradecirlo. En vez de respetar su decisión o de callarse ante algo que no puede saber porque él no estuvo allí, Echevarría prefiere hablar por Bolaño. A fin de denostar a unos pocos escritores que no le gustan, a Echevarría no le importa traicionar la voz de su amigo muerto.

Por otra parte —aunque tal vez esto Echevarría lo haya olvidado o no lo sepa—, hay un argumento definitivo en contra de su teoría: durante su último año de vida, Roberto Bolaño se dio a la tarea de preparar una antología en la cual pensaba reunir a algunos narradores latinoamericanos que él consideraba parte de su generación, es decir, nacidos a partir de 1950. Con enorme generosidad, invitó a muchos de los escritores que se encontraban en Sevilla a participar en este proyecto. Por supuesto, Echevarría también podrá insinuar que Bolaño quería incluirnos en su antología para burlarse de nosotros, pero pienso que ya sería demasiado.

Nunca sabremos los verdaderos motivos por los que Bolaño viajó a Sevilla. Aunque a Echevarría le moleste, en realidad lo único que unía a los escritores que asistimos a ese congreso era una sincera admiración hacia su obra y hacia su persona. Y, al menos según mi percepción, Roberto pasó muy buenos momentos charlando con todos nosotros. Sólo eso.










viernes, 10 de diciembre de 2010

Los viudos de Roberto Bolaño

por Roberto Ampuero
Blogs.elmercurio.com. 04.11.2010








Me colmaron la paciencia quienes en conferencias y entrevistas no paran de hablar sobre su supuesta amistad con nuestro celebrado escritor Roberto Bolaño. No me refiero a quienes lo conocieron a fondo y lo frecuentaron de verdad, y estampan con su firma las conversaciones que sostuvieron con el novelista o los escritos sobre su persona y obra, sino a aquellos que con cada nueva declaración sobre el autor de 2666 aumentan su propio currículum personal y la extensión de sus encuentros con el novelista, cuentista y poeta. ¿Quién controla todo esto?

Examinando en internet las declaraciones de quienes dicen haber conversado a menudo con Bolaño -ya todo un género nuevo en Occidente-, llego lamentablemente a estas conclusiones: o el autor de Los detectives salvajes se la pasó hablando durante sus últimos años mientras otra persona escribía su obra; o contaba con un doble que solía hablar en su nombre, o bien muchas de esas maratónicas conversaciones al teléfono o en bares nunca tuvieron lugar.

Me causa suspicacia ver a tanto entrevistado -novelista, periodista, crítico, académico, casi siempre hombres- lanzando frases del tenor siguiente: "Cuando Bolaño me llamaba...", o "Nos unió una intensa amistad...", o "Hablábamos todas las semanas...". O bien frases parecidas a estas: "Cada vez que nos veíamos...", "Bolaño siempre decía...", o "Lo digo porque lo conocí bien...".

Abundan quienes emplean sus comentarios sobre la amistad con Bolaño como preámbulo para hablar de sí mismos y su obra. No incluyo aquí, desde luego, a escritores como Edmundo Paz Soldán, Enrique Vila-Matas o Ricardo Fresán, o al editor Jorge Herralde, que firman sus evocaciones impresas, sino a quienes despliegan recuerdos orales sobre Bolaño que con el tiempo se van estirando más y más, como chicles.

En rigor, la tradición de narrar anécdotas sobre personalidades muertas siempre mezcla realidad, mala memoria y ficción. Recuerdo a un cuentista latinoamericano que, durante la pausa del café en un congreso de Manhattan, compartió por minutos mesa con un tipo llamado Raymond. Sólo cuando éste se alejó, alguien le advirtió al cuentista que había estado nada menos que con Raymond Carver. Esto me lo relató el latinoamericano hace 12 años. Hace seis me contó que había sido amigo de Carver, y hace poco leí un ensayo suyo evocando sus conversaciones con el narrador estadounidense. Afuera he escuchado también a colegas afirmar que fueron guardaespaldas de Salvador Allende o que comunicaron la última llamada de Pinochet a Allende, el 11 de septiembre de 1973, por la mañana.

Confieso que nunca tuve el privilegio de conocer a Bolaño. Pero fui presidente del jurado que le otorgó el primer premio que obtuvo en Chile: el Municipal de Literatura de Santiago, en 1997, por sus cuentos Llamadas telefónicas. Bolaño no era entonces famoso. Podría decir que lo llamé a España y que hablamos largo, pero lo cierto es que no lo llamé pues confié en que vendría a Chile a recibir la distinción. No vino por falta de dinero para el pasaje. Sí, confieso públicamente que nunca hablé con nuestro aclamado Roberto Bolaño. Nunca. Si me ven comentando nuestros encuentros y animadas conversaciones, no me crean. Por favor.










miércoles, 1 de diciembre de 2010

"Queda mucho por decir de Bolaño, es inagotable". Entrevista a Ignacio Echevarría

por Roberto Careaga C.
La Tercera. 07.11.2010


De visita en Chile, Echevarría adelanta que escribirá un "perfil de la obra y figura de Roberto Bolaño".




Si tuviera que hacerlo, Ignacio Echevarría no solo apostaría a que ya se está escribiendo la primera biografía de Roberto Bolaño. El jugaría más fuerte: "Presumo que hay varias en marcha", dice el crítico español un poco en broma, pero bastante en serio. Sin ir más lejos, él mismo se preguntó si debía ponerse a trabajar en la biografía del autor de Los detectives salvajes. No lo hará. O no del todo: Echevarría está en Chile para cerrar un trato con la editorial de la Universidad Diego Portales para escribir un libro sobre Bolaño: "Será un perfil a su obra y figura", precisa.

Personalidad clave en la crítica literaria hispana de los últimos 15 años, Echevarría ha jugado un destacado papel en las letras chilenas: curador de las Obras completas de Nicanor Parra, también fue una suerte de albacea temporal de los textos de Bolaño tras su muerte: a su cargo estuvieron la edición de 2666, Entre paréntesis y El secreto del mal, los tres primeros trabajos póstumos del chileno.

Hoy está en Chile para participar en la Cátedra Roberto Bolaño de la UDP, el 11 de noviembre (*pasado), a las 11.30 horas, en la Facultad de Comunicación y Letras (Vergara 240). También vino a cerrar la edición de un libro del español Rafael Sánchez Ferlosio, que editará la misma universidad. Además, aprovechará de visitar a Parra. Echevarría quisiera que ese encuentro anunciara la fecha definitiva del lanzamiento del segundo tomo de las obras completas del antipoeta, pero no es así.

"Este tomo está en marcha desde hace ya demasiado tiempo. El libro está construido, pero falta trabajar. Conforme nos aproximamos en el tiempo, la obra de Parra se hace más dispersa y menos aprehensible. Y, luego, la demora en la publicación se explica por políticas editoriales", cuenta el español.



En un hotel de Providencia, Echevarría insiste: "No voy a escribir una biografía de Bolaño". No es que crea que no esté el horno para bollos: "Por muy confiados que estemos en la posteridad de Roberto, hoy es posible el acceso a amigos y familiares, pero dentro de diez años ya no. Tiene todo el sentido proponer una biografía de Bolaño. Cuanto antes, mejor. Aunque sea a título de acopio, de inventario, de datos, de testimonio. Para lo que es pronto es para hacer la biografía definitiva".



A siete años de su muerte, ya se ha escrito mucho de Bolaño. ¿Qué falta por decir?
Queda mucho por decir de Bolaño. Un autor de sus dimensiones es inagotable. Novelas de la extensión y profundidad de Los detectives salvajes y 2666 son abismos del sentido en los que uno puede meterse una y otra vez e ir recogiendo materiales, ideas, sentidos... Creo que queda mucho, mucho por decir. Se ha dicho mucho, pero queda más.


Entonces, ¿qué escribirá?
Me interesa hacer una aproximación personal a la obra y figura de Bolaño. En la que conocí personalmente, pero también en la que ha ido representando a partir de su muerte para los muchísimos lectores que han accedido a él ya como una especie de mito literario. Y la idea, también, es indagar en ese mito y proponer algunas claves para desentrañarlo o adentrarse en él. Desglosar los malentendidos y las leyendas.


¿Por qué desechó la idea de una biografía?
Yo no soy biógrafo, ni tengo la disciplina ni la metodología ni estoy dispuesto a hacer el inmenso trabajo de documentación que requieren las biografías de la actualidad. Además, en estos momentos se enfrentan a algunas dificultades. Una biografía cabal, no una aproximación biográfica, necesariamente tendría que contar con los manuscritos y textos que tienen en poder los herederos de Bolaño.


Usted tuvo acceso a esos papeles. ¿Qué pasó en su relación con Carolina López, la esposa de Bolaño?
Sencillamente, no nos pusimos de acuerdo con Carolina López, su heredera. Una desavenencia. Algo muy común, nada dramático. La verdad es que yo solo tuve acceso al disco duro del computador donde Bolaño trabajó tardíamente. Más atrás de eso queda una cantidad que yo no conozco ni soy capaz de evaluar de textos mecanografiados y manuscritos. El Tercer Reich, por ejemplo, no estaba en el computador.


Anagrama publicará el 2011 un nuevo póstumo de Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía. ¿Conoce ese libro?
Los sinsabores del verdadero policía es un título que Roberto manejó durante muchos años. Como ocurría con otros títulos, eran frases con las que él se encaprichaba y que iban asociadas a una pequeña idea, pero que podían tener muchos contenidos. Los sinsabores del verdadero policía es uno de los más viejos y bajo el cual, tengo entendido, hizo varios intentos de escribir una novela. Solo puedo decir con toda seguridad que no es un texto acabado, que no es una novela como El Tercer Reich. Es un texto en marcha, inacabado.