jueves, 28 de octubre de 2010

Robert Ballyear

por Ignacio Echevarría
El Cultural, España. 22.10.2010











La historia literaria (pero no sólo ella) está llena de malentendidos que se perpetúan debido no tanto a la fatiga o la pereza como a la incredulidad de quienes se hallan en condiciones de desmentirlos. Parece mentira pero así es. Así viene ocurriendo de un tiempo a esta parte con la figura de Roberto Bolaño y con las leyendas que sobre ella ha tejido buena parte de la prensa norteamericana. Cabe pensar que no vale la pena salir al paso de tantas majaderías. Pero cualquiera sabe cuántas, entre éstas, terminarán por consolidarse.

La extraordinaria resonancia alcanzada en Estados Unidos por 2666 no sólo está fomentando una imagen distorsionada de la personalidad de Bolaño, sino que empieza a distorsionar, a su vez, los efectos que su obra estaba destinada a tener sobre las nuevas generaciones de narradores hispánicos. Más allá de las inexactitudes y de las falsedades de las que unos y otros echan mano a la hora de contar la forma en que la obra de Bolaño se abrió paso en Estados Unidos (con lamentable olvido de sus primeros y auténticos promotores en aquel país), resulta deprimente la tranquilidad con que se acepta que el éxito de Bolaño en Estados Unidos ha decidido su fortuna en todo el mundo. Quizá sea así en lo relativo a los países del ámbito anglosajón y de otras lenguas; es menos cierto en lo que respecta a países como, por ejemplo, Francia, donde el crédito de Bolaño ya se hallaba muy afianzado; pero es desde luego erróneo en los países de habla hispana, en los que Bolaño ya obtuvo en vida un notable predicamento, y desde los cuales su obra estaba llamada a irradiar de todas formas.

Como he dicho en otras ocasiones, los jóvenes escritores latinoamericanos -precedidos por la excelente recepción que desde muy pronto le brindó la crítica a uno y otro lado del Atlántico- no tardaron en reconocer en Bolaño un nuevo paradigma de escritor que se adecuaba idóneamente a sus inquietudes y a sus ambiciones, y que desplazaba de una vez por todas el agotado paradigma generado a partir del boom. En los últimos años de su vida, Blanes se convirtió en un centro de peregrinación para muchos autores en ciernes cuyos nombres suenan hoy en oídos de todos. Bien es verdad que no ocurrió lo mismo con los jóvenes escritores españoles, que en general tardaron más en reconocer a Bolaño. En cualquier caso, el ascendente de Bolaño ya era muy poderoso cuando murió, y desde luego antes de que en Estados Unidos lo consagraran. Por supuesto que no cabe negar el efecto enormemente amplificador que esa consagración ha tenido incluso en los países de habla hispana. Pero de ahí a pretender que Bolaño es lo que es, también en estos países, gracias al éxito obtenido en Estados Unidos, hay un paso que no sólo revela el papanatismo a que tan propensos son muchos de nuestros agentes culturales, sino que atenta, como se sugería antes, a la forma en que Bolaño es leído por las nuevas promociones.

Éstas corren el riesgo de pensar que el paradigma de escritor que encarna Bolaño está formateado conforme a gustos y modelos norteamericanos, y de terminar concluyendo que la fórmula Bolaño -y de su éxito- consiste en su talento para adaptar con acierto esos gustos y esos modelos. Cuando está muy lejos de ser así, por importante que haya sido -y lo fue, sin duda- la deuda de Bolaño con algunos de los grandes escritores norteamericanos, desde Mark Twain y Philip K. Dick a Kurt Vonnegut y James Ellroy. Más allá de esa deuda, la obra de Bolaño -repleta de los más variados ecos- se destaca contra el horizonte de la literatura latinoamericana, de la realidad y del imaginario latinoamericanos, y es contra ese horizonte como se revela su estatura de escritor que proyecta su sombra más allá del ámbito hispánico.

No es pecar de suspicacia advertir de la estupidez y la tergiversación que supone, al menos en este ámbito, emplear el éxito de Bolaño en Estados Unidos como un reclamo para su lectura. Quienes emplean ese reclamo, parecen ignorar ya -tan pronto- cómo sucedieron las cosas, y la relevancia que la obra de Bolaño tenía garantizada bastante antes de que los editores de Farrar, Stauss & Girroux empezaran a leerla y el traficante de escritores Andrew Wyllie supiera nada de Robert Ballyear, nombre con el que Bolaño firmaba algunos de sus correos, con evidente pitorreo.










jueves, 21 de octubre de 2010

Otro Bolaño

por Nick Caistor y Guadalupe Gerardi
Revista de Libros. Madrid. Nº 162, Junio 2010




La cuestión de la validez de publicar obras póstumas de un autor que no las consideraba terminadas o no creía que fueran de una calidad satisfactoria para ser publicadas en vida se ha vuelto nuevamente polémica en el mundo de la literatura anglosajona, donde tanto The Original of Laura, la novela inédita del gran escritor Vladimir Nabokov, como los cuentos Look at the Birdie firmados por Kurt Vonnegut han resucitado un debate que había nacido en el siglo xx con el caso emblemático de Franz Kafka.

En la literatura de habla hispana, es la obra del escritor chileno Roberto Bolaño, fallecido en el año 2003, la que está en el punto de mi­ra. Al parecer, después del éxito en Estados Unidos de su novela clave 2666, la agencia literaria Wylie impulsó la venta de toda la obra del autor chileno. En España, Jorge Herralde y Anagrama parecen decididos a tener la biblioteca completa de Bo­laño, que abarcaría nada menos que once novelas, cuatro libros de relatos (incluidos algunos ensayos), una com­pilación de artículos, columnas pe­riodísticas y entrevistas, y tres libros de poesía.

La claramente precursora novela de Roberto Bolaño, El Tercer Reich, comienza al estilo de una de sus grandes novelas, Los detectives salvajes, con una entrada de diario y con lo que para los ya versados lectores de Bolaño podría ser la voz de Benno von Archimboldi (uno de los personajes principales de 2666) hablando de su novia Ingeborg. Sin embargo, después de leer unas líneas, nos damos cuenta de que el protagonista de esta historia es otro: un personaje llamado Udo Berger, joven, escritor amateur, alemán, experto en juegos de estrategias bélicas, quien está de­sarrollando un war game con nombre de evidentes resonancias nazis: «El Tercer Reich». Bolaño diseñó a este personaje (inspirado tal vez en el personaje principal de la novela de Philip K. Dick Tiempo desarticulado) co­mo un ser fascinado con este juego de mesa al que se dedica por placer, trabajo y obsesión. A través de este juego Bolaño presenta el tema del nazismo, al cual recurrirá de manera insistente a lo largo de su obra.

La novela dura más o menos lo que duran unas vacaciones de verano y la primera entrada del diario del 20 de agosto ya nos presenta a Udo junto a su novia Ingeborg de vacaciones en el hotel donde solía veranear con sus padres en la Costa Brava (el mismo lugar en el que trabajó Bolaño durante la composición de esta novela). Allí conocerán a otra pareja de alemanes, Charly y Hanna, y a partir de lo que parece ser una estancia banal y corriente empezarán a surgir distintos hilos narrativos: las posibilidades de un crimen, aventuras amorosas, seres misteriosos con pasados oscuros, y todos desarrollados en una narración de lectura ágil con varios diálogos marcados por el eterno compañero de la literatura de Bolaño: el absurdo.

Los protagonistas de esta novela incluyen tipos tan singulares como dos españoles extraños apodados el Cordero y el Lobo, otro especialista en war games llamado Conrad, la pareja de turistas alemanes, la enigmática dueña del hotel, Frau Else, su marido -que permanece en el trasfondo de la historia hasta casi el final del libro- y el personaje que más atraerá la intriga de los otros y del lector: el Quemado. En la novela se presume (pero nunca se confirma) el origen latinoamericano del Quemado. Este singular integrante del elenco bolañano planeará una trama que el protagonista y los lectores desconocen y que, al igual que las causas de las quemaduras que deformaron su cara, no se revelará hasta las últimas páginas del libro. También habrá otras voces que se intercalan en el relato, como las palabras que surgen al azar del texto de Florian Linden (aquí un autor de novelas policíacas), que hablan de la naturaleza del mal y parecen enviar mensajes subliminales al protagonista al avisarle, por ejemplo, que «su vida está en peligro». Uno de los personajes de­sa­parecerá en la playa y se originará una búsqueda colectiva que correrá de forma paralela a otras historias, como la de la rivalidad de Udo con el Quemado, forjada y desarrollada a partir del juego de guerra en el que las potencias del Eje (representadas por Udo) se enfrentarán a los ejércitos aliados (representados por el Quemado).

Así, en el agobiante cuarto del hotel de la costa se desarrolla la partida del juego de guerra intercalada con el desarrollo de la misteriosa desaparición, y ambas estarán rodeadas de una atmósfera de conspiración y de entropía del fin del mundo. Las palabras de advertencia provenientes de la novela policíaca que Udo había empezado a hojear hacen que se empiece a vislumbrar el inicio de una historia paralela, la inminencia de un trasnochado ajuste de cuentas y la cercanía de un posible asesinato.

Falto del característico vigor de la narrativa bolañana, y formado sobre un argumento de calidad oscilante, el texto cuenta, sin embargo, con algunos momentos ejemplares, sobre todo algunos diálogos de humor inteligente y ácido. La novela toca ciertos temas que fueron apareciendo de manera constante a lo largo de la obra de Bolaño, como, por ejemplo, la parodia del establishment literario, las negociaciones entre escritores y editores, la ubicuidad del mal, los crímenes reales y potenciales, las posibilidades y también lo atractivo de la transgresión, la literatura policíaca y los duelos entre personajes con aires fatídicos e irónicos. Para aquellos lectores interesados en manuscritos encajonados o en los antecedentes de lo que ha sido calificado acertadamente de «una obra magistral», la lectura de El Tercer Reich merece la pena. Pero quienes quieran disfrutar de una novela intensa, bien escrita, y con un argumento de­sa­fiante, tal vez deberían elegir otro título, que seguramente podrán encontrar en las estanterías de la librerías que ya cuentan con la obra (casi) completa de Bolaño.










martes, 12 de octubre de 2010

Chris Andrews: “En EE.UU. no están leyendo a Bolaño en su máxima expresión”.

Emol. 04.10.2010





El australiano Chris Andrews (1962) le comentó en Londres al editor Christopher MacLehose su afición por Roberto Bolaño poco antes de que éste necesitara urgentemente un traductor para Nocturno de Chile. Así, Andrews -quien ha trabajado con libros de César Aira y Luis Sepúlveda- se convirtió en el primero en llevar al inglés una novela de Bolaño.

"El trabajo fue difícil por cuestión de sintaxis y estilo, pero estaba consciente de tener suerte de hacerlo. Y pensaba que sería la única traducción al inglés de Bolaño, porque hay muchos autores interesantes de quienes se traduce un libro y si no funciona en el mercado, los editores no siguen", dice Andrews.

Pero no fue el caso. Aunque Nocturno de Chile no despertó mucho interés en Inglaterra, ni su siguiente traducción, Estrella distante, luego vinieron los cuentos de Últimos atardeceres en la Tierra y comenzó a despegar.


¿Qué dificultades hay al traducir a Bolaño?
La más evidente son los chilenismos o mexicanismos, ahí hay pérdidas inevitables. También algunos problemas sintácticos, mantener las frases largas demanda una reorganización complicada y a veces arbitraria. Pero hay elementos de su estilo que sí son traducibles: las oraciones que empiezan con "como si" y se lanzan en un símil que toma una vida propia y se vuelve tan interesante como la historia que está contando. También funcionan las ráfagas de imágenes postsurrealistas.


¿El Bolaño que están leyendo en EE. UU. está en su máxima expresión?
No -responde tajante-. Hay alusiones, resonancias que no están. Por ejemplo, en Los detectives salvajes, creo que un placer para el lector hispano es saber de qué parte del mundo viene el personaje sólo por su manera de hablar, antes de la declaración de su origen. Y eso se pierde casi fatalmente. El fenómeno en torno a Bolaño sería incluso mayor si los países de habla inglesa pudieran leerlo en su lengua.


De Bolaño, New Directions acaba de publicar en EE.UU. El gaucho insufrible y El regreso con traducciones de Andrews. Y en unos meses, Anagrama lanzará su novela póstuma Los sinsabores del verdadero policía.