domingo, 27 de enero de 2008

2666: Excepcional

por Verónica San Juan









Quien desconfíe de las adaptaciones teatrales, puede estar tranquilo: el trabajo de dramaturgia de 2666 ha sido hecho por dos cabezas pensantes, los españoles Pablo Ley y Alex Rigola. Quien no haya leído la novela póstuma de Bolaño puede confiar, ya que esas cabezas urdieron todo tan bien que nadie será impactado por la escenificación de un intríngulis literario. Y quien desconfíe de su capacidad para sobrellevar cinco horas de espectáculo, puede revertir sus aprehensiones: esta obra no deja de palpitar y va contagiando la vehemencia de sus narraciones y la movilidad de su andamiaje estético.

La coproducción del Teatre Lluire de Barcelona y del Teatro Cuyás de Gran Canaria, dirigida por Rigola, es el gran acierto del Festival Internacional Teatro a Mil, cuyos organizadores apostaron por hacer un tributo a Roberto Bolaño, programando un montaje perfecto en su concepción circular y extraordinario en la calidad de las actuaciones, especialmente de Xavier Ruano.

Cada uno de los cinco fragmentos de la obra es una pequeña maquinaria que deja entrever un planificado diseño. Así, en La Parte de los Críticos, se opta por una especie de relatoria que resume los vínculos de un cuarteto de seguidores del escritor Benno von Archimboldi, decididos a dar con su paradero, aunque sea en Santa Teresa (Ciudad Juárez), el territorio del femicidio en México. Y de ahí, La Parte de Amalfitano, un filósofo chileno que se llega a radicar a Santa Teresa, en una casa donde el patio amarillento rezuma el aplastante calor de una metrópolis moribunda.

La Parte de Fate se adentra en los códigos de personajes oscuros de la urbe mexicana, con una delirante y bailable escena nocturna. La verborrea machista disparada por un grupo de policías y la larga nómina de mujeres asesinadas (un registro visual de la locura) marca La Parte de los Crímenes, la más violenta y la más poética también. Las imágenes y los relatos de La Parte de Archimboldi concentran buena parte de las tragedias del siglo XX.

Al abandonar la sala de Matucana tras cinco horas queda la sensación de que Santa Teresa (o Ciudad Juárez), está demasiado cerca de cualquier esquina.










2666, la novela de Bolaño se estrena en Teatro a Mil

La Tercera, 26.01.2008











Roberto Bolaño se ha convertido, dentro y fuera de Chile, en una figura clave de la literatura contemporánea actual. Su último libro publicado fue la novela 2666, que en 1100 páginas deja claro que lo de Bolaño, más que un simple relato, es un universo de personajes. Y algo de eso es lo que se puede ver en el estreno latinoamericano de la adaptación de esta meganovela, a cargo de los españoles Alex Rigola y Pablo Ley, responsables de la adaptación teatral.

Son cinco horas de montaje donde once actores, entre ellos Julio Manrique, Cristina Brondo y Pere Arquillué, se encargan de dar vida a 40 personajes que recrean la particular visión de Bolaño y de esta novela.

Así, y según uno de los responsables, Pablo Ley, se ha “intentado mantener su espíritu y su prosa perfeccionista... aportando algo nuevo”.

De la historia original se mantiene el conjunto de cinco historias independientes, pero relacionadas, que dan cuenta, a través de distintos personajes, tiempos y lugares, de la visión del desapartecido escritor sobre el mundo contemporáneo.










domingo, 20 de enero de 2008

De lo que se puede y no se puede contar: Putas Asesinas de Roberto Bolaño

por Ernesto Escobar Ulloa









Contrastando el título, Putas asesinas, por un lado, con el estilo sobrio del libro, podría deducirse que su finalidad obedece a una razón de índole comercial. No obstante, si por otro lado, lo contrastamos con su contenido, sería improbable no hallarle justificación, ya que a lo largo de las más de doscientas páginas, el verdadero denominador común, en efecto, es la violencia, violencia sobre la que se nos advierte, desde las primeras líneas, "no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende".

Como los grandes cuentistas -Hemingway, Maupassant-, Bolaño relata más por lo que oculta que por lo que desvela ("Hay cosas que se pueden contar", piensa M, "y hay cosas que no se pueden contar"). Tras esta técnica del ocultamiento, suerte de camuflaje, se disimulan los verdaderos temas de la obra.

Quien ingrese en el mundo de Putas asesinas ratificará la capacidad creadora de Roberto Bolaño en su convicción de escritor que no teme enfrentar los grandes temas literarios, tan extensos, complejos y problemáticos. Así pues, en convivencia con la violencia a la que refiero, volvemos a toparnos con los amores secretos («Días de 1978», «Vagabundo en Francia y Bélgica»), la amistad («El Ojo Silva», «Dentista»), la muerte («El retorno», «Putas asesinas» , «Prefiguración de Lalo Cura»), la soledad, la literatura, («Encuentro con Enrique Lihn », «Vagabundo en Francia y Bélgica», «Carnet de baile») el absurdo («Fotos»); tratados todos ellos bajo el aura del sueño latinoamericano, truncado y convertido en pesadilla. Muerto el boom y el realismo mágico, el tema de la pesadilla latinoamericana pervive en la nueva narrativa despojado de sustratos idílicos, provisto más bien de toda su crudeza e innegable inmundicia, la de la corrupción, el hambre, y la del exilio indefinido. Factor este último que a diferencia de los otros dos, contiene un aspecto positivo, el cosmopolitismo, de ahí que los problemas de B y otros protagonistas, en su mayoría chilenos exiliados en México D.F, Acapulco, Barcelona, París, no sean tales en tanto que exiliados, sino en tanto que hombres del mundo, puesto que derivan del desamparo y la confusión que, según Bataille, los burgueses no "pueden realmente disimular".

Esto explica la ironía, la sensualidad, el humor mordaz, lo onírico, y otras vías de escape tan frecuentes en esta obra, productos o deshechos – a propósito del fin de las ideologías- del escepticismo moderno, que tan pocas esperanzas le depara a la humanidad y al que son tan proclives los jóvenes de hoy.

El Ojo Silva tratará en vano de huir de la marginación en el Distrito Federal, donde sus compatriotas lo tachan de "invertido" porque "al menos de cintura para abajo" eran "exactamente igual que la gente de derecha que en aquel tiempo se enseñoreaba en Chile". Encontrará otra violencia más tangible transformada en ineludible destino.

«Últimos atardeceres en la tierra» narra una peripecia vacacional padre–hijo, y el mundo que, trasuntado en infierno, los divide en "unas horas que B llamaría aburrimiento, pero que ahora llamaría desastre, un desastre peculiar, un desastre que por encima de todo aleja a B de su padre".

En «Días de 1978» se habla del rencor y de la suerte que corren los amores secretos en medio de una desgracia inminente. "Aquí debería acabar el relato", señala el protagonista "pero la vida es un poco más dura que la literatura".

Por otro lado «Vagabundo en Francia y Bélgica» - a mí parecer el cuento más logrado- mezcla literatura y vida, en el sentido que los fetichismos que provoca en algunos la primera pueden revestir de pretextos la segunda y enmascarar así intenciones inconfesables. Tal vez se trate de deseos oscuros y del empecinamiento con que, en ocasiones, nos hacen ver lo que queremos; como la correspondencia en el objeto que los ocasiona. ¿Marchará B de París a Bruselas motivado por una publicación erudita o por una señal que andaba esperando? "¿Una señal de qué? Lo ignora. Una señal terrible en todo caso".

«Prefiguración de Lalo Cura» recuerda la excelente película “La virgen de los sicarios”, no tanto por su tratamiento, aquí edulcorado con un humor corrosivo, sino por la realidad retratada, la del negocio del sexo y la droga en la Colombia de los cárteles.

«Buba» es un cuento sobre el absurdo en "la ciudad del sentido común", sobre el humor resultante de esta paradoja. Y así como «Funes el memorioso», según Borges, "es una larga metáfora sobre el insomnio", «Fotos» lo es sobre la inutilidad de la información despojada de formación.

Putas asesinas deja un sabor extraño, agridulce, múltiples imágenes de ciudades, un cúmulo de sensaciones y la vaga idea de que los cuentos se parecen entre sí, tanto como a los cuentos de Ramírez, personaje de «Dentista» y especie de prodigio literario: "el argumento daba un giro y se pulverizaba a sí mismo, el cuento se convertía en una historia sobre el fantasma de un pedagogo encerrado en una botella, y también en una historia sobre la libertad individual y aparecían otros personajes, dos merolicos más bien canallas, una veinteañera drogadicta, un coche inútil abandonado en la carretera que servía de casa a un tipo que leía un libro de Sade. Y todo en un cuento".









lunes, 14 de enero de 2008

Un escritor en fuga: Roberto Bolaño

por Jonathan Solórzano



Buscar el respeto de los demás es lo contrario a cualquier proyecto literario porque te lleva a la inmovilidad, al consenso, a los votos y a un sitio en la sociedad. Y el escritor no debe buscar un sitio en la sociedad, más bien debe huir de ella. Su lugar es el aire libre y su casa es la intemperie.

R. Bolaño




La primera vez que escuche un comentario sobre Roberto Bolaño fue durante una conversación cantinera, un amigo escritor me lo recomendó entonces y se comprometió a prestarme Los Detectives Salvajes, novela ganadora en 1999 del premio Rómulo Gallegos. Definitivamente no había mejor lugar que una cantina en el centro del D.F. para tener un primer acercamiento a la literatura del escritor chileno.

Bien se dice que un escritor no hace más que escribir la misma historia una y otra vez, Bolaño no es excepción, pues sus obsesiones quedan plasmadas dentro de su muy particular universo literario, sea cuento o novela, de modo que para el lector bastará leer un libro de él para querer una dosis más de literatura a la bolañesa o descartarlo definitivamente del librero. Bolaño no son de los que pueden gustar a medias.

Durante su estancia en México en la década de los 70´s, Bolaño conoció al poeta Mario Santiago y ambos crearon el grupo poético de los infrarrealistas, inspirados en el efímero movimiento estridentista de los años veinte. En Los Detectives Salvajes veremos retratados a Bolaño y Santiago en los personajes de Arturo Belano y Ulises Lima, quienes serán la esencia del movimiento poético de vanguardia "los realvisceralistas", opositores al movimiento cultural establecido en México que buscan "partirle su madre a Octavio Paz". Enemigos de todo mundo, odiados, temidos y ninguneados por los intelectuales de entonces. Poetas oscuros que son devorados por la literatura como si se tratara de un cáncer. Extranjeros en todas partes que un día se lanzan en un viejo y madreado Impala, en compañía de una joven prostituta y un poeta adolescente, por los desiertos de Sonora en busca de Cesárea Tinajero, mítica poeta estridentista.

La obra de Bolaño está llena de personajes oscuros y fantasmagóricos, adolescentes y poetas irreverentes, criminales, suicidas y dementes. Héroes románticos y transgresores que encuentran en el fracaso la forma de expresión a su rebeldía. Personajes que son perseguidos constantemente por la desesperación, los veremos siempre en fuga sin saber si escapan o desean ir directo a una cita con la locura o la muerte.

Retrato de una generación latinoamericana desencantada y exiliada, que encuentra su destino en una sala de tortura, un cuarto de azotea en el D.F. o en las calles vacías de una ciudad en toque de queda. Perdidos en la selva nicaragüense, en las carreteras francesas, en un bar en Barcelona o en los desiertos de Sonora o África. Pero también su literatura está llena de un sentido del humor ácido en dónde parecería jugarse constantemente bromas a sí mismo. Referencias que nos remiten a situaciones y personajes reales, siempre haciendo una crítica mordaz dirigida principalmente a otros escritores e intelectuales latinoamericanos. No es de sorprender que Bolaño se haya hecho de enemigos en todas partes e irrite tanto a cierto sector intelectual, pues tanto en sus libros como en sus entrevistas y declaraciones mantuvo una congruencia con sus ideas de toda la vida, un escritor sin pelos en la lengua.

Una de las grandes virtudes literarias de Bolaño es el manejo de la tensión narrativa tanto en cuento como en novela. Si bien, no es de quienes atrapan al lector en las primeras líneas, sí lo hace en base al encadenamiento de sucesos y el profundo manejo sicológico de los personajes. Si no, ¿de qué otra manera un lector común podría soportar las 600 páginas de Los Detectives Salvajes, por ejemplo?

Su obra es extensa, deja los libros de cuentos Llamadas telefónicas y Putas asesinas. En novela: Una novelita lumpen, Amberes, Estrella distante, Nocturno de Chile, Monsieur Pain, Amuleto, Literatura nazi en América, La pista de hielo y la enésima vez nombrada, Los detectives salvajes. En poesía: Tres y Los perros románticos.

Roberto Bolaño murió en Barcelona el 15 de julio de 2003, a los 50 años. Muere como lo hubiesen hecho sus personajes, kamikazes de la literatura; en su muerte hay una congruencia casi insoportable, heroica y devastadora. Deja inconclusa una novela de más de mil páginas inspirada en las mujeres muertas de Ciudad Juárez.










viernes, 11 de enero de 2008

Cesárea Tinajero, según Felipe Müller

Barcelona, España



















Angélica me habló de ella alguna vez, pero no entendí mucho. Era una mujer anciana, según recuerdo, que en su juventud escribió unos libros que pasaron al olvido. Con el tiempo, unos amigos publicaron sus poemas en una revista de baja circulación. Angélica me dijo que tampoco había sido el rescate que la señora merecía, más que nada porque sus amigos no tenían ni el dinero ni los contactos necesarios para que su obra quedara registrada en la forma que se habría deseado.

En una ocasión Angélica me dijo que se sentía igual a ella, a Cesárea, sobre todo cuando se sentaba sobre mi verga marcada a las cuchillas, y su cabellera negra se movía tan despacio como la brisa del atardecer. Entonces susurraba: acá estamos, wey, ya entramos en la octava dimensión. Yo le respondía con la mirada perdida entre sus tetas, sin saber qué decir. La tomaba de las caderas y la atraía rítmicamente durante un buen rato, para no desconcentrarme.

Un día me mostró un cuaderno. Dijo que Lupe lo había encontrado en la casa de Cesárea, allá en el norte, y que lo había guardado, más que nada, porque había encontrado bonitos los dibujos. El cuaderno estaba lleno de manchones, de palabras sueltas, de fechas y de todo tipo de indicaciones sin ningún sentido; poemas no se veían por ninguna parte, tal vez alguien los había arrancado. El cuaderno era bastante feo, y tonto. Cuando se lo dije respondió indignada: Ah, cabrón, tú no entiendes nada, tú no sabes lo que es el arte de verdad.

Y más que eso no recuerdo. Me parece haberle oído que se había pegado un tiro al enterarse de una enfermedad mortal, pero no podría asegurarlo. La noche en que me lo dijo estaba muy borracho y ya habíamos follado cuatro veces.










lunes, 7 de enero de 2008

La composición de un rompecabezas llamado Roberto Bolaño

por Gabriel Agosin O.
El Mostrador, 15.07.2002













Aún sin cumplir medio siglo, el escritor chileno residente en España ya concita el inusitado interés de críticos y académicos para pensar su trabajo literario. Sin embargo, sus pares, salvo honrosas excepciones, se excluyeron de participar en el proyecto por "odiosidades personales y porque Bolaño genera una envidia atroz", según Patricia Espinoza, compiladora del libro.

Considerado por muchos como uno de los mejores exponentes de la narrativa latinoamericana de la actualidad, Roberto Bolaño -hombre mordaz y con lengua tan brava como su pluma- está constituido por una experiencia tan jugosa que le permite nutrirse a destajo para crear sus obras. De ella toma intensos sorbos y se inspira para armar y desarmar relatos, fusionando y friccionando elementos reales con la ficción que irrumpe desde la imaginación de este escritor nacido en 1953 en Santiago y que desde hace más de dos décadas se transformó en un trotamundos en busca de una estabilidad que al parecer ya encontró en Blanes, España.

Quienes desean exprimir y sacar desde las letras el espíritu que hay tras su creación, son críticos y académicos que, encabezados por la académica de la Universidad de Chile y Católica Patricia Espinoza, están trabajando en torno a la producción literaria de Bolaño, producción que abarca la poesía, el cuento y la novela. "El objeto temático es Roberto Bolaño, pero también subyace el fin de advertir y dar a conocer una oleada de nuevos críticos, porque estoy hasta la coronilla de escuchar criterios decadentistas, principalmente del mundo académico, que suponen que la crítica se acabó con Ignacio Valente (José Miguel Ibáñez Langlois), siendo que él se retiró hace quince años. A mí me parece una ignorancia atroz suponer que el mundo empieza y termina con Valente", sentencia la crítica.

Si bien la académica argentina Celina Mazoni está editando un trabajo similar junto a otros escritores, el libro de Patricia Espinoza se diferencia por reunir ensayos críticos inéditos hecho especialmente para la ocasión. El de Mazoni es de textos ya publicados en distintos medios latinoamericanos.

Para evitar cualquier tipo de suspicacias, Espinoza recalca una y mil veces que el libro no es un homenaje. Es más, la editorial responsable del proyecto, Frasis le ofreció que Bolaño escribiera algunas líneas en el libro, a lo que ella se opuso tajante, ya que "me parece indecoroso, pues parecería que está legitimando el libro y eso sería muy poco serio como crítica", rubrica la compiladora.


"En Chile existen listas negras y Bolaño está en una"

El autor de la laureada Los Detectives Salvajes, Nocturno en Chile y Putas Asesinas, genera todo tipo de sentimientos. Todos, menos indiferencia. A la conocida rencilla literaria que ha sostenido con Luis Sepúlveda y Hernán Rivera Letelier, la que más le sigue penando es la mantenida con Diamela Eltit, luego que escribiera en la desaparecida revista española Ajoblanco las impresiones que le surgieron luego de ir a comer a la casa de la escritora y esposa del ex ministro Jorge Arrate: "Estamos en la mesa, comiendo la cena que Jorge personalmente ha preparado. No hay carne. Alguien en la casa es vegetariano y presumiblemente ha impuesto su dieta sobre los demás. En cualquier caso, es Jorge el que cocina y no lo hace nada mal. A mí la comida vegetariana me sienta como una patada en el estómago, pero me como todo lo que me ponen. Diamela mira a Jorge y luego mira a mi mujer, Carolina, y luego a Lina y al novelista Pablo Azócar, el quinto comensal, y a mí no me mira. Tengo la impresión de que le he caído mal. O tal vez Diamela es excesivamente tímida".

De ahí en adelante, Eltit no ha querido saber nada de Bolaño, razón por la cual se negó rotundamente a participar en el proyecto cuando Patricia Espinoza la invitó. Junto a Diamela Eltit, "todo su grupo se negó. Incluso, hubo alguien que me dijo que Bolaño es una mala persona y que no escribía sobre malas personas. Eso es un reflejo de la bajeza, del conventilleo y la mediocridad que abunda en el medio chileno", comenta Espinoza.

"En Chile -agrega- siguen existiendo listas negras, siguen existiendo censuras, y Bolaño está en una de ellas. Eso le puede costar que nunca lo postulen para el Premio Nacional de Literatura, porque no pertenece a camarillas ni está involucrado en círculos sociales".

Pero con o sin Diamela Eltit & amigos, el libro, que llevará por nombre Roberto Bolaño: Un modelo para armar, va igual. Entre quienes escribirán sobre este díscolo autor están Darío Osses, Camilo Marks, Poli Délano, Marcelo Novoa, Roberto Hozven, Álvaro Bisama y otra docena de críticos y académicos de prestigio.


"Es uno de los autores con más futuro"

Más allá de las polémicas y disputas en torno al personaje que es Roberto Bolaño, al escritor y crítico Darío Osses le interesa el autor, porque se trata de "uno de los que tiene más futuro". Osses se centrará en la primera obra del "analizado", Monsieur Pain, la cual tiene un diseño "más bien modesto, con un argumento leve, pero que transmite una densidad poética y sobre todo porque reconstruye la atmósfera de un tiempo -el París de los años treinta- en forma diseminada. Rompe todos los lugares comunes, los mitos en torno de la bohemia intelectual del París de aquellos años", argumenta. Y continúa: "Monsieur Pain es un libro muy poco común de encontrar en la narrativa nacional con esa densidad poética. La labor de ficcionalización de un personaje secundario que está apenas mencionado por las memorias de la viuda de Vallejos me parece notable. Es muy interesante también la imaginación para construir realidades donde no hay más que unos pocos datos, para rellenar los datos que la memoria ha perdido", se explaya Darío Osses, quien cree que los resquemores que despierta Bolaño se explican "en un país donde todo se dice como pidiendo disculpas".

Desde España, Bolaño declara que "es para mí muy halagüeño todo esto. Hasta no ver el libro, básicamente me quedo con ese adjetivo". En estos momentos, y según comentó a El Mostrador, se encuentra afinando los últimos detalles de su próxima novela, 2666, "un mamotreto de mil páginas que es una especie de maratón solitaria".


Entre la autobiografía y la fragmentación

A Patricia Espinoza, la compiladora del libro, le interesó buscar en sus colaboradores personas que escribieran bien, pero es evidente que hubo además un énfasis especial en atraer críticos jóvenes.

Uno de ellos es Álvaro Bisama (26), profesor de literatura en la Universidad Playa Ancha y crítico de La Tercera. Para él, "Bolaño es un narrador chileno que está en una órbita distinta a los demás", cuenta. Si hay un elemento distintivo en la producción del autor puesto bajo la lupa, son las referencias autobiográficas. Sus alter ego Arturo Belano o B se repiten incesantemente en sus relatos, así como también escenarios y situaciones en los que alguna vez deambuló. "Ese yo biográfico lo veo desde alguien que busca hacer una presencia y señalar la fractura de esa misma presencia. Bolaño está ahí, pero a la vez no está. Es decir, se trata de un yo totalmente fragmentado, que se contradice de una u otra manera", reflexiona Bisama.

Siguiendo esa misma línea, el poeta Marcelo Novoa establece que, como Bryce Echenique o Cabrera Infante, "es de los tipos a los que todo lo que les ocurre en la vida les sirve como material narrativo".


Unánime: Lo mejor de Bolaño se encuentra en la narrativa

Por distintas razones, los críticos entrevistados por El Mostrador concuerdan que donde más destaca Roberto Bolaño es en la narrativa. "Los Detectives Salvajes es de una complejidad poco común. También tiene una capacidad para rematar muy bien los relatos breves, para crear una diversidad de ficciones que lo hacen tener una voz propia en el género de la narrativa", opina Darío Osses.

Coincidente con Osses, Bisama complementa que, tras realizar su ensayo para el libro, sacó en limpio que "en Bolaño hay un ejercicio de deconstrucción de una utopía, que es la distopía de la América degradada a partir de un país donde se ejecuta la monstruosidad que termina transformándose en un canon histórico y una narración donde los monstruos son los que quedan".

Juicio similar esgrime Marcelo Novoa. "En lo personal me parece muy atractivo cuando hace trabajos híbridos. Un ejemplo de ello es La Literatura Nazi en América, que es donde se ve al mejor Bolaño, porque es el que ha entendido en forma óptima todos los mundos. Ese es su mejor trabajo", enfatiza el vate de la Quinta Región. Novoa recuerda que en sus primeros plumazos como escritor se dedicó a la poesía. "Al principio no tomó muy en serio la narrativa, pero cuando le empezó a ir comercialmente bien en ese género, pasa a la narrativa todos los mecanismos de la oralidad que había trabajado en la prosa y se va diluyendo el trabajo que había realizado con las vanguardias, llegando a un punto tal en que la poesía actual de él es como un excedente, lo que sobra de la narrativa".


La muerte de Ignacio Valente y el nacimiento de una nueva generación

Patricia Espinoza espera publicar el libro en diciembre de este año, y Roberto Bolaño dice que de venir a Chile lo haría en ese mes y no antes, porque "no me han invitado y no creo que me inviten a la Feria del Libro de Santiago".

La crítica de la Revista Rocinante ve en el libro que está trabajando un acto reivindicativo de la nueva camada de críticos literarios luego de la desaparición en los medios de Ignacio Valente. "El cura Valente es como un fantasma. Ya no existe, porque hace años que no hace ninguna crítica. Es parte del pasado. Pero en este país, como no hay memoria y existe la necesidad de una figura dictatorial, genera una añoranza terrible de esa figura", dictamina con algo de molestia.

El protagonista de Nocturno de Chile es Sebastián Urrutia Lacroix, cura del Opus Dei que escribe poesía y es crítico literario. Es bastante obvio que es una referencia al mismo Ignacio Valente, personaje que Bolaño considera "muy interesante". "El cura Valente, sinceramente, es uno de los intelectuales chilenos de los últimos veinticinco años más interesantes, tanto como persona y escritor. Eso sí, creo que el tío debe tener unos cargos de conciencia de cagarse, pero a pesar de ello va a quedar, porque su prosa ensayística es de primera calidad", cuenta.

Finalmente, Patricia Espinoza asegura que "hay una nueva de generación de gente que escribe bien, que se cree el cuento, que tiene entusiasmo, que está leyendo libros y que aún no está contaminada por esta basura del mercado. Lamentablemente, esa es parte de la basurilla en que están insertos muchos que se dicen críticos, pero la verdad es que están coludidos con las editoriales, les andan sobando el lomo a los escritores o sencillamente plagian sus críticas de internet", concluye la compiladora.










jueves, 3 de enero de 2008

Roberto Bolaño: el peligro de la escritura

por Elisa Montesinos
PrimeraLínea















Transformar la literatura. Por eso escribe desde los 16 años, cuando dejó la escuela para asumir plenamente su oficio. Un viajero de toda la vida que volvió a Chile sólo cuando ya tenía una carrera afuera, sembrando de paso la polémica entre el 'gremio'.

"Saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso". Es la opción de Bolaño, quien a los 47 años ha incursionado en novela, cuento y poesía, publicando en editoriales como Seix Barral y Anagrama. Pareciera ser también lo que les exige a los demás.

Nuestro país lo reconoce tarde. Tras una prolongada ausencia regresó para recibir el Premio Municipal de Literatura 1998 por su libro de cuentos Llamadas telefónicas; al año siguiente el Consejo del Libro premió Los detectives salvajes, novela que antes obtuviera el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos. El 2000 lo cerró con el lanzamiento en Barcelona de Nocturno de Chile, por cuyas páginas transitan Neruda, Allende, Pinochet y Lafourcade.

Hablar de Bolaño es hablar de literatura arriesgada, "política y tensa", como él prefiere definirla. Inevitable penetrar en otra zona no menos tensa, como son las susceptibilidades, los resentimientos, el ego herido. El escritor pareciera traer la polémica incorporada, por lo que varios de sus pares se niegan a opinar sobre su persona. Desde aquella primera visita en que fue invitado a cenar en casa de Diamela Eltit y le devolvió la mano en forma poco caballerosa. De esa comida y otras “impresiones” que le provocó su entrañable patria escribió en la Revista Ajoblanco. Los dichos causaron indignación, pero no lograron detener sus “comentarios”.


Los dardos van y vienen

Abrió el año una vez más con “tensión”. Fue en Bruselas, alguien tuvo la idea de poner juntos en una mesa sobre literatura a Carlos Franz, Jaime Quezada y Roberto Bolaño. Este último cuestionó la narrativa chilena actual, incluso la anterior. Los dardos alcanzaron a Francisco Coloane y El último grumete de la Baquedano, "novela cursilona" en opinión de Bolaño. La defensa no se hizo esperar. Tal vez en su carácter resida la esencia que lo lleva a iniciar tanta rencilla. Jovana Skármeta, relacionadora pública de la Editorial Fernández de Castro, lo ha acompañado las tres veces que ha venido a Chile y tiene la mejor impresión de él: "es una persona súper directa, por lo mismo las polémicas. Es sincero, como que ya fuera español desde el punto de vista de la forma de ser; no anda haciéndose el simpático". Sin desperdiciar la oportunidad critica: "Nadie es profeta en su tierra porque finalmente acá se le reconoce una vez que la gloria la consigue afuera".

Entre los poetas chilenos que admira está Nicanor Parra, para quien no se mide en elogios, tan esquivos para el resto. Ni Donoso, ni Rivera Letelier, ni Sepúlveda se salvan. De este último ha dicho que es exitoso porque su literatura vende y es muy digerible, de la nueva narrativa chilena que es "fragilísima" y de José Donoso que es "autor de tres libros y tiene algunos abominables". A la defensa de Donoso salió entonces Franz, señalándolo como el punto más alto de la narrativa chilena del siglo pasado, con capacidad de escribir en varios registros, mientras Bolaño "cultiva uno y hasta se ha vuelto monótono". Diamela Eltit devolvió los dardos: "patero y cortesano", le dijo, además de "no muy inteligente".

De Hernán Rivera Letelier comentó que "escribe muy mal". Desde Antofagasta responde el autor de La reina Isabel cantaba rancheras: "¿Usted quiere hacerme pelear más aún con él? Preferiría que no, porque ya nos hemos tirado varias piedras por ahí. Apenas lo conozco. No hemos intercambiado palabras, más que un saludo; yo le apreté la mano y él la dejó lánguida. Eso es todo". La cosa ha sido más que nada a través de los medios. "Todo pasó en forma totalmente gratuita. Yo estaba aquí en la pampa escribiendo y me llegaron unos pencazos de él sin tener arte ni parte".

El poeta Sergio Parra lo conoció junto con Pedro Lemebel cuando vino aquella primera vez. "Él tenía una comida en el Mulato con Fontaine y Franz y los dejó a todos ellos botados y se fue con nosotros al Club Peruano". Después volvió, se encontraron en el lanzamiento de la Revista Matadero -que edita Parra-, pero sólo estuvo un rato y se fue "porque tenía miedo que le pegaran". Prosigue: "Pasa que había una situación aquí: la nueva narrativa chilena era intocable". Juicio en absoluto compartido por Sergio Gómez, considerado integrante de un movimiento que él mismo califica de irreal: "la nueva narrativa es un invento que no tiene ningún asidero y Bolaño cae en el juego de decir que existe, cuando no es así. Lo que es discutible son las directrices comerciales que hubo para vender libros en Chile hace diez años. Pero que lo discutan los gerentes, no los escritores; ¡no tiene nada que ver!".


Escribir con cojones

Escribe sobre la escritura, asunto complejo. Lo que no se dice bordea los relatos, dando cuenta de un universo fuera de la página. Su relación con los escritores chilenos ha sido por decir lo menos extraña. Sólo escogió a Lemebel, a quien llevó a Anagrama. Parra piensa que hay una sintonía entre ambos. "Respeta más al Pedro por la vida, por arriesgarse a apostarlo todo por algo. Se identifica con el personaje periférico, que de la nada se hace conocido por su literatura, no por los contactos sociales, como Franz, que es amigo de Jorge Edwards, que es amigo de este... No, el Pedro de repente irrumpe y se transforma en el más leído y ahí viene la pica de todos estos otros porque han estado toda su vida sentados en el living de terciopelo azul esperando que llegue la fama y viene Lemebel y les gana".

A los 15 años se fue a México con sus padres. En 1973 volvió para participar en la Unidad Popular; tenía 20 años. Los hechos lo obligaron a huir. México y luego España fueron sus destinos. Trabajó en lo que viniera, vigilante de camping, lavaplatos, camarero, descargador de barcos, basurero, recepcionista. Se dedicó también a robar libros, porque no podía pagar su pasión. Todo el tiempo siguió escribiendo.

Parra cree que la acidez de sus comentarios tiene que ver con la dificultad de los inicios. "Bolaño se ha sacado los cojones por escribir y encuentra que aquí la literatura es muy burguesa. Siente que ha vivido más que todos, se ha muerto de hambre, ha estado en la calle, ha pasado miseria, humillaciones. Porque hay una pila de burguesitos también entre los escritores chilenos, ¿o no?; a él le ha costado, ha aperrado solo en la vida. Yo creo que eso se los quiere refregar".

En 1996 con su novela La literatura nazi en América alcanzó un sitial de prestigio dentro de la crítica española y su nombre empezó a sonar en Chile. Para él, sin embargo, no hay mejor reconocimiento que un lector entrando a la librería para comprar algo suyo (o robarlo). Los libros se imbrican entre sí, y es un sello del autor tomar pasajes de obras anteriores para iniciar de ahí una novela. Así, Amuleto se inicia a partir de un fragmento de Los detectives salvajes, lo mismo en Estrella distante que retoma un capítulo de La literatura nazi en América. Entre novela policial y thriller se sitúa su escritura. Muchas veces el suspenso no se resuelve, convirtiéndose en excusa para referirse a relaciones humanas que lindan en la marginalidad y la burocracia del poder.

Digan lo que digan de él, nadie puede decir que escriba mal. Sergio Parra admira su pluma: "Es un tipo muy imaginativo. Los detectives salvajes y Llamadas telefónicas son los que más me gustan hasta ahora. Es donde vi más riesgo; tiene que ver con la vida de él. Una escritura autobiográfica, pasa por la literatura, interesante eso. Es un poco lo que hace Vilas Matas. Ambos son los que han recreado mejor en lengua española la cosa de la literatura dentro de la literatura". Cree, sin embargo, que se trata de un autor con muchos lectores, más de los que él quisiera tener.

La relacionadora pública de Fernández de Castro no esconde su admiración: "Me parece lejos uno de los mejores escritores chilenos contemporáneos, si no el mejor. Además de un gran narrador o súper contador de historias en forma de novelas o cuentos, también es muy buen poeta. Lo que pasa es que en Chile su poesía no se conoce mucho". Anuncia la pronta llegada del poemario "Tres", que también distribuirá el sello editorial. Distinta es la opinión de Sergio Gómez, más recatado a la hora de evaluar: "Me gustan sus libros, me parece interesante, muy actual. Además en el mundo literario español que se caracteriza hoy por una sequía extraordinaria, surge como uno de los escritores más interesantes, junto a Vilas Matas. Pero también me parece bastante sobrevalorado; no es lo mejor que se está escribiendo".

Un escritor escribe esencialmente la misma historia, una y otra vez. Cada día Bolaño se sienta mirando al mar y hace lo que sabe. A veces la lucha es ardua, pero continúa. Tiene su disciplina, que implica levantarse a las 6 de la mañana. En Blanes, pueblito costero cercano a Barcelona, construye novelas de largo aliento, de hasta 700 páginas, sobre personajes fracasados, siempre perdedores. Un conflicto no resuelto con el medio literario chileno lo ha enfrentado a pugnas y lo ha hecho decir: "No pidas entrar a ninguna antología, que tu nombre siempre se ocultará. No luches, porque siempre serás vencido. No le des la espalda al poder, porque el poder lo es todo. No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres, si no quieres vivir una temporada en el infierno".










martes, 1 de enero de 2008

La curación por el dolor

por Leo Mendoza








En una conversación de bar parisino, monsiuer Pain discute sobre mesmerismo con otro paciente -quizá un farsante-, que le recuerda que uno de los practicantes de esta teoría (que pretendía curar mediante el uso del magnetismo) fue el médico inglés Hell, apellido que, discurren los dos, significa infierno. Curiosamente no llevan la analogía más allá, pero quizá en esta charla se encuentra una de las claves de la sorprendente novela del narrador chileno, avecindado en España, Roberto Bolaño, Monsieur Pain, que la editorial Anagrama reeditó recientemente. A lo largo de toda la historia, los nombres de los protagonistas son parte fundamental del misterio y llevan a este seguidor de las enseñanzas de Mesmer a un insólito viaje por el París de la primera posguerra, en donde convalece César Vallejo y aún resuenan los disparos de la guerra civil española.

La historia ocurre en 1938 e inicia cuando madame Reynaud, una viuda joven a la que Pierre Pain ama en silencio, le pide a éste -que asistió en la agonía a su esposo- que ausculte al poeta peruano, convaleciente en un hospital a causa de un ataque de hipo. Esta petición es el detonador de una aventura inquietante donde tienen cabida tanto los seguidores de Mesmer como ciertos conspiradores de origen español, e incluso las investigaciones metafísicas de Pierre Curie forman parte de la intriga.

La novela de Bolaño es un pastiche, un collage de situaciones que poco a poco sugieren una historia aún más oscura: la de una conspiración maligna no sólo contra el poeta que agoniza sino también contra ciertas teorías que, como el propio mesmerismo, rechazan la verdad científica oficial. Monsieur Pain será el encargado de descubrir los hilos de esta trampa, pero al realizar su investigación sólo encontrará lo que profetiza su apellido. Incapaz de enfrentar a los verdugos, el protagonista de la novela callará para siempre lo que descubrió o aquello que simplemente creyó intuir.

Bolaño, cuya novela Los detectives salvajes ha conocido un éxito inusitado, se muestra aquí como un narrador de buena mano: algunos protagonistas fueron personas reales y algunos de los hechos que ocurren en la novela -la muerte de Curie o la de Vallejo- sucedieron realmente, pero el autor ha mezclado de tal suerte las historias que el resultado es inquietante y, por momentos, perturbador.

Pain es la clave; lo que leemos es la historia de un momento de su vida y su fracaso tanto en el amor como en la resolución de un misterio que está más allá de sus propias fuerzas. Para hacer aún más profundo el enigma, al final de la obra el autor plantea la vida de sus protagonistas a través de diversas voces que prefiguran los testimonios acerca de sus "detectives''. Y de alguna manera el epílogo hace aún más inquietante el destino de Pain, las casualidades que lo llevaron a encontrarse, en una ciudad plagada de surrealistas, con dos fabricantes de cementerios marinos que desprecian a los seguidores de André Breton, así como con un mundo nocturno repulsivo y atrayente donde la única persona que parece comprenderlo es un portero argelino. Porque si bien monsieur Pain es incapaz de vestirse de héroe, el azar y sus leyes lo llevan por caminos jamás imaginados para concluir en el fracaso. Por eso su personalidad nos toca a todos. Pain representa al hombre que espera la derrota final, a quien no lo redime ni siquiera un último acto de rebeldía.

El protagonista de la novela de Bolaño vive una aventura que no esperaba pero también padece, como todo solitario, el terror a la oscuridad, la sospecha que anida en el corazón de los amantes desesperanzados y silenciosos. Y si parece que al final que no ocurre nada -o al menos eso podemos creer-, la verdad es que las peripecias del señor Pain son las que mantienen pendiente al lector hasta la última página. La novela en conjunto no es más que una gran trampa en la que caemos fácilmente. Pero de eso se trata precisamente: de seguir a Pierre Pain a lo largo de un periplo que lo llevará (y a nosotros con él) al desencanto.

Si bien Monsieur Pain no es la más lograda de las novelas de Roberto Bolaño, sí prefigura algunos de sus temas y ese estilo personal que ha convertido al escritor chileno en una de las más gratas revelaciones de la prosa latinoamericana de los últimos años.