martes 31 de agosto de 2010

Cinco años sin Bolaño, el antihéroe latinoamericano

por Ángela Precht
Adn.es, Barcelona. 14.07.2008










Si uno busca el día de la muerte de Roberto Bolaño se encontrará con dos días distintos. En el año, el mes, el lugar y la causa no hay duda: en julio de 2003, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona, fallecía por complicaciones derivadas de una enfermedad hepática. Ya se sabía que su estado de salud era muy delicado, que estaba primero en la lista de trasplantes y que batallaba a contrarreloj para terminar 2666, sin duda, su proyecto más ambicioso. Todos sus seguidores esperaban que cayera el bendito hígado pero Bolaño cayó primero.

Para los europeos murió a las 2:30 de la madrugada del día 15 de julio. Para los latinoamericanos, su corazón cesó al mismo tiempo pero seis, cinco o cuatro horas antes, en la noche del 14 de julio. Las diferencias horarias son minucias cuando desaparece una leyenda. Así que Roberto Bolaño, escritor nacido en Chile, educado en México, vagabundo, desterrado y paria radicado en Cataluña murió el 14 o el 15 de junio, según como quieran mirarlo.


El ladrón de libros

Había nacido en Santiago de Chile en 1953 y desde muy pequeño se había impuesto ser escritor. No le interesaba la escuela y a menudo se saltaba las clases para ir a bibliotecas o librerías donde pasaría valiosas e interminables jornadas que le ayudarían a aguzar la técnica para robar libros, un elemento que sería clave en su desarrollo intelectual.

En un principio, sólo podía robar los que estaban más a mano pero, afortunadamente, aquellos libreros del sur de Chile no entendían de marketing y se pegaban el lujo de tener ediciones peregrinas, extrañas, exquisitas y en vías de extinción. Así conoce a Pierre Louÿs y a otros escritores franceses de fines del siglo XIX y comienzos de XX.

A mediados de los sesenta su familia se traslada a Ciudad de México. Tenía 13 años y el viaje sólo le hizo encerrarse más aún en la lectura. La ascensión de Salvador Allende al poder emocionó mucho al joven Bolaño y en el 73, dispuesto a armar la revolución izquierdista que salvaría a América Latina, nuestro héroe se embarca en un interminable viaje (cerca de ocho mil kilómetros) desde México hasta Chile, en autobús, autostop y barco, con tan mala suerte que unas semanas después de su llegada a Santiago de Chile, Pinochet y sus hombres tomaban el poder. Allende se borra de un balazo y comienza la macabra cacería ideológica que se extendería durante 17 años.


Al campo de prisioneros

A los 20 años, Bolaño ya estaba fuertemente empapado del estilo de la juventud mexicana de la época. Sus botas, el pelo largo y los ocho mil kilómetros que llevaba a cuestas eran sinónimo de guerrillero para cualquier militar con paranoia. Naturalmente, lo detienen y es encerrado en un campo de prisioneros en el sur de Chile. Esa experiencia lo inspiraría para el cuento Detectives, del libro Llamadas telefónicas y la novela Estrella distante.

No duró mucho en el campo. "¿Tú erís Roberto Bolaño?, ¡Hola poh huevón! ¿Qué hacís aquí encerrao?", le dijo probablemente aquel policía que custodiaba el centro de detención. Era un antiguo compañero de la escuela que lo reconoció y lo ayudó a salir de allí.


Dancing-Club de la miseria

Al poco tiempo regresó a México y se juntó con sus amigos amantes de la poesía. Con la rabia del fracaso a cuestas, fundaron el Infrarrealismo, un movimiento artístico que se proponía como vanguardia, rechazando "la mafia de la literatura mexicana", encabezada por Octavio Paz, la vaca sagrada de las letras de México. Ese desprecio lo conservaría siempre y sus víctimas fueron notorias, desde "la escribidora" Isabel Allende hasta el mundo editorial español.

El manifiesto de los infrarealistas era tan delirante como intrascendente fue el movimiento, pero la frescura y la rabia que salieron de allí se pueden disfrutar en este extracto del 1er manifiesto (1976), firmado por Bolaño:

"La muerte del cisne, el último canto del cisne, el último canto del cisne negro, NO ESTÁN en el Bolshoi sino en el dolor y la belleza insoportables de las calles. Un arcoíris que principia en un cine de mala muerte y que termina en una fábrica en huelga. Que la amnesia nunca nos bese en la boca. Que nunca nos bese. Soñábamos con utopía y nos despertamos gritando... ¡DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE/ LÁNCENSE A LOS CAMINOS!".


El nobel latinoamericano

De aquella experiencia, junto a su inseparable amigo el poeta Mario Santiago, correrían ríos de tinta en sus trabajos posteriores, llegando a su máxima expresión en Los detectives salvajes, donde Ulises Lima (Santiago) y Arturo Belano (adivinen quién) protagonizan una de las novelas más importantes del escritor. Los Detectives lo llevarían al más alto reconocimiento de las letras latinoamericanas, el premio Rómulo Gallegos, en 1999.

En su discurso de agradecimiento por el premio, Bolaño escribe un magistral y conmovedor pasaje sobre su propia vida y obra: "Todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del 50 y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud, a una causa que creímos la más generosa de las causas del mundo y que en cierta forma lo era, pero que en la realidad no lo era".

"De más está decir que luchamos a brazo partido, pero tuvimos jefes corruptos, líderes cobardes, un aparato de propaganda que era peor que una leprosería, luchamos por partidos que de haber vencido nos habrían enviado de inmediato a un campo de trabajos forzados, luchamos y pusimos toda nuestra generosidad en un ideal que hacía más de cincuenta años que estaba muerto, y algunos lo sabíamos, y cómo no lo íbamos a saber si habíamos leído a Trotski o éramos trotskistas, pero igual lo hicimos, porque fuimos estúpidos y generosos, como son los jóvenes, que todo lo entregan y no piden nada a cambio, y ahora de esos jóvenes ya no queda nada, los que no murieron en Bolivia murieron en Argentina o en Perú, y los que sobrevivieron se fueron a morir a Chile o a México, y a los que no mataron allí los mataron después en Nicaragua, en Colombia, en El Salvador. Toda Latinoamérica está sembrada con los huesos de estos jóvenes olvidados".










martes 24 de agosto de 2010

Queremos tanto a Bolaño

por Jaime Martínez Ochoa
Cambio de Michoacán. 14.07.2008




1

En una de las enramadas de Caleta de Campos, frente al Pacífico michoacano, el hombre no dejaba de leer 2666, la novela del chileno-mexicano-barcelonés Roberto Bolaño. Nada lo distraía; ni los vendedores de artesanías, que cada tanto cumplían el ritual de ofrecer sus baratijas, ni el ruido del mar; ni siquiera el trote fugaz de alguna belleza morena, que pasaba como una exhalación por la playa. Leía el libro con una atención obstinada. Rompiendo mi costumbre de no hablar con los extraños, me acerqué y le pregunté qué le parecía aquel libro. Algo enfadado me dijo que llevaba apenas unas cuantas páginas, pero que, sin duda, era inferior a Los detectives salvajes. Asentí. Hablamos de otros libros. De Nocturno de Chile, de Estrella distante. Él, como yo, había leído todo lo que se había publicado del chileno, incluso su poesía y, cómo no, sus ensayos, que acababan de salir publicados en Anagrama. Los dos desconfiábamos de cada uno, reticentes a nuestra manera, pero creo que nos unía la pasión por Bolaño. Si a mi me había molestado importunarlo y a él le había molestado que lo importunara, Bolaño fue el deux ex machina que permitió el acercamiento y el diálogo. Varias cervezas después nos despedimos sin decirnos nuestros nombres. No intentamos ser amigos ni intercambiar números telefónicos; no quisimos saber nada el uno del otro. Supongo que él debió pensar de mí que era algún escritor en vías de publicar algo, fan del eje Bolaño-Vila-Matas-Villoro, que quería pasar desapercibido en ese tramo de playa michoacano. Por mi parte, yo pensé que el escritor con obra en cierne era él. Otros libros más adelante nos volveremos a encontrar, pensé. Aunque no serán de Bolaño. A menos que, como Fernando Pessoa, sus familiares tengan un cajón lleno de manuscritos que esperan su momento para salir a la luz.


2

Aquel desconocido y yo hablamos de los libros de Bolaño y después pensé que si alguien me pedía que le describiera físicamente a ese lector playero no podría hacerlo. Éramos puro verbo, él y yo, un torrente de palabras, y supongo que si a él le pidieran describirme a mí tampoco podría, no haría ni siquiera el esfuerzo, para qué quebrarse la cabeza con esas chingaderas. Pensaría, más bien, como pienso yo, que fuimos una lluvia de letras orbitando alrededor de la hoguera del escritor mexicano nacido en Santiago de Chile y muerto en Barcelona hace ya unos cuantos ayeres. Nos preguntamos a qué Bolaño preferíamos, el de largo aliento, el Bolaño de Los detectives salvajes y el de 2666 o el de las novelas cortas y los cuentos y llegamos a la conclusión de que, en definitiva, la obra de Bolaño es una suerte de estadio Azteca (la imagen es de Juan Villoro) donde personajes disímbolos hacen su aparición y cuentan sus pequeñas tragedias históricas, el dolor del ser latinoamericano, y que lo mismo da si esas historias son largas o cortas, inventadas o reales, crueles o convencionales. Son historias, sin más y nosotros entramos en ellas como el fanático entra en el aposento de su ídolo. Bolaño como el mago que inventa al personaje y al lector; Bolaño como creador del mito del poeta que persigue quimeras fatigadas; Bolaño como el eterno niño que quiere ser cantante de rock, novelista de ciencia ficción, Jesucristo guerrillero. Bolaño como las máscaras del teatro griego, sólo que con humo de cigarro empañando la cara mustia, los ojos vidriosos del muchacho deprimido por el canto de la muerte.


3

Ahí, en la playa, cervezas Corona de por medio, el desconocido me dijo que, libros aparte, lo que le intrigaba del escritor barcelonés era su constante lucha en contra de la muerte, que le había clavado su dardo en el hígado como la flecha a San Sebastián. Como tanto hippi, Bolaño tenía deparado un futuro de falsas nostalgias, construido con restos de lo que había dejado el alcohol, las drogas, la vida a la intemperie. Una vida miserable. Sin embargo, fue justamente la enfermedad lo que lo salvó de ese romanticismo marginal y lo depositó ante una mesa de trabajo, en la que tenía que escribir sus muchos libros si quería derrotar a la parca. Así, de esa manera desesperada, fueron saliendo sus libros, uno tras otro. Sabía que iba a morir en cualquier momento, a falta de un hígado y por ello sus libros surgían con la misma facilidad con que surgen los conejos de la chistera del mago. No tenía tiempo para enorgullecerse de su juventud airada o de su madurez miserable; el futuro, tan reducido, cabía sólo en exiguo instante del tiempo presente. Con mujer e hijos, debía esforzarse al máximo para escribir todas las historias que había vivido y dejarle un patrimonio a los suyos. Por eso, me dijo el desconocido, Bolaño es un escritor auténtico. En sus obras no hay frases bien hechas, no hay florilegios ni metáforas; es una obra seca, de estilo árido, que va a lo que va, sin andarse por las ramas. No es pues, un gran estilista y sin embargo te conmueve todo lo que hace porque tiene el sello de lo auténtico, lo honesto, lo plenamente vivido. Por eso queremos tanto a Bolaño, me dijo el desconocido. Por eso lo leemos y lo imitamos. Bolaño como el gran jefe de todos nuestros, que queremos tener su enjundia a la hora de enfrentar la página en blanco.


4

Yo hablé entonces de Estrella distante, la historia del poeta nazi que dibuja versos en al aire con el humo de su avión; hablé de Nocturno de Chile, en el que un crítico literario hace la crónica de un grupo de poetas que hablan de versos mientras en la habitación contigua los pinochetistas torturan a sus enemigos; hablé de Amuleto, donde una refugiada del 68 cuenta su patética historia de tránsfuga de la revolución latinoamericana; hablé de Amberes, una novela policiaca de impecable factura que cuestiona la noción misma de novela; y hablé de sus cuentos, habitados por ex boxeadores, poetas genios, escritores mercenarios, detectives locos, ex actrices porno, exiliados sudacas. Y hablé, claro, de Bolaño como el profeta de Ciudad Juárez que, en medio de la matanza de mujeres, hace circular la historia para hablar de las guerras históricas que entroncan con las vidas comunes de quienes las padecieron. Así, literatura e historia y violencia se tejen en un simulacro de mundo que deviene mundo sólo porque es reflejo de un mundo más verdadero. De todo eso hablé, y al final le dije que la suma de la obra de Bolaño es la historia de Latinoamérica, con sus afanes y desgracias y que si hay un escritor auténticamente latinoamericano, que no reniega de su ser histórico, ese es Bolaño, nuestro maestro y camarada.


5

Y sí, nos volvimos a ver aquel desconocido y yo, muchos años después, y aunque no éramos nada, ni amigos ni hermanos, sabíamos que los dos pertenecíamos a la hermandad de los poetas de Bolaño y por eso nos saludamos con un movimiento de la cabeza, sin cruzar palabra. Cada quien con su vida y con sus libros. Como Bolaño.










viernes 13 de agosto de 2010

El embrión de Roberto Bolaño

por David Miklos
La Reforma. 2003










Más que una novela, Amberes es un embrión narrativo. De haberse leído en el momento en el que, según Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953), fue escrita, quizá no hubiera sido posible imaginar que poco más de tres lustros después el mismo autor se encontraría escribiendo Los detectives salvajes (1998). Hoy, es evidente que Bolaño aviva el pulso de la literatura hispanoamericana, igual que, digamos, Ricardo Piglia (Adrogué, 1941), único escritor con el que puede establecerse un arbitrario parangón, y que en 1980 publicó su insuperable opera prima, Respiración artificial. Así bien, esta primera novela no declarada de Bolaño se antoja como un caótico big bang de estilo.

La prosa de Amberes es impecable, sí, mas no es posible saber qué tanto fue convertida a la voz actual de Bolaño; las atmósferas, por su parte, son notables, inspiradas quizá en el peor de los sueños recurrentes del autor y que parecen la emulación temprana de un David Lynch que apenas comenzaba entonces, como Bolaño mismo, a gestarse.

De una trama es imposible hablar, dado que no existe (y tampoco importa que exista): hay un policía que busca resolver un crimen, una pelirroja desaparecida, un jorobadito mexicano que habita el bosque en donde se proyectará una película y una serie de escenas casi pornográficas estelarizadas por el policía y una mujer tal vez demasiado joven, además de la súbita aparición de un tal Roberto Bolaño, quizá el extranjero del que se hace mención de vez en cuando.

Entonces, ¿qué es Amberes y por qué su lectura invita al asombro, la admiración y la reseña? Ya la llamé un embrión narrativo, metáfora de la concepción de una prosa, así que diré que también se trata del revés de un divertimento, más aún, del subconsciente, entendido como tropo, de una novela que (todavía) no existe.

Dividido en 56 partes (peculiar mitosis: el libro apenas cuenta con 119 páginas e incluye un puñado de diagramas muy parecidos a aquellos con los que concluye Los detectives salvajes), Amberes es a la vez un thriller de corte noir pornográfico y un ejercicio de flujo de conciencia a ratos lúcido, luminoso, y a otros confuso, más oscuro que turbio; en suma, un límbico claroscuro compuesto por instantes narrativos cuyo orden es más un capricho que una necesidad argumental, lo que no significa que Amberes carezca de pies o de cabeza, aunque resultan difíciles de discernir cuando a un embrión se observa.

Amberes
es una primera novela, si acaso en el prolífico cajón de Bolaño no hay otra, allí escondida al fondo: tanto Los detectives salvajes como La literatura nazi en América (1996) tuvieron sus codas, a saber Amuleto (1999) y Estrella distante (1996), respectivamente. Y tanto Monsieur Pain (1999) como Nocturno de Chile (2000) son un par de nouvelles, éstas sí declaradas divertimentos si se les compara con la ya monolítica Los detectives salvajes.

En espera de Dos seis seis seis, sirva pues Amberes de aperitivo (y ya se leerá su romana y lumpen novelita viajera, de próxima aparición) y, acaso, de paliativo: ya la presión anda baja en nuestras letras y hace falta esa otra gran novela mexicana.










jueves 5 de agosto de 2010

Los infras: (Otros) apuntes sobre el infrarrealismo mexicano

por Manuel Ventura Rivero
Ponencia presentada en el V Encuentro Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura. Universidad Autónoma de Yucatán. 2008





Vanguardias (en el sentido “artístico” de la palabra) han habido demasiadas, tanto en Europa como en Latinoamérica, y posiblemente en otros lugares a los que ya ha llegado la concepción occidental de “arte”, tal y como la conocemos ahora. Simplemente mencionando los nombres más conocidos están el surrealismo, el suprematismo, cubismo literario, dadaísmo y los miles y millones de etcéteras que quisiera mi mente (y mi internet explorer) encontrar. Sin embargo, muchas de estas vanguardias han pasado por una especie de purificación a través de la cual se les ha hecho perder su valor. Ser surrealista se ha convertido en un epíteto bastante chic entre ciertas élites intelectuales, de la misma forma en la que pintores sin más inspiración que tener contentos a sus mecenas reelaboran el cubismo. A este acto de despertar a las vanguardias sin más pretensiones que hacerlas una pequeña moda para unos cuantos iniciados, se le conoce entre ciertos círculos como prostitución del arte; me limito a decir que levantan a una vanguardia que se veía hermosa dormida en sus laureles. Como todo organismo que sea levantado de sus viajes oníricos la vanguardia llega de mal humor, las cosas las hace de mala gana, al chingatazo, con un berreo interminable en la boca. Sin embargo, vuelve a vender(se). A este acto se le conoce, gracias a un libro de un par de canadienses, como "rebelarse vende".

¿Y qué ha sido más vendible que una expresión artística disidente? Creo que solamente la coca cola, y eso porque es un producto (casi) de primera necesidad. Sin embargo, entre las vanguardias hay una especie de catálogo que las élites se encargan de rescatar. De ahí sale que en el abanico de movimientos sólo aparezcan algunos mientras que otros se han perdido (o borrado) del mapa, gracias a una suerte de ademanes mágicos del poder. Aquí entiendo el poder no como un político con mano de hierro, botas pesadas, risa satánica, apetito incontrolable y pequeños titiriteros llamados empresarios que le mueven los hilos (bueno, también) pero me refiero específicamente a los intelectuales(oides) que se preocupan por tener contentos a los mismos titiriteros, que dejan de ser prestadores del espectáculo para convertirse en el público al que hay que entretener. ¡Vamos a ver las nuevas monerías que ha hecho nuestro artista (patrocinado)! ¿[Maestro] no se le antoja un librito o una copita? Esos monos que terminan siendo un símil de vendedores de artesanías en las embajadas o puestos públicos, son quienes se encargan de decir “vanguardia revive”, “vanguardia desaparece”.

Para bien de muchas de estas “vanguardias” [1], el mundo posmoderno y globalizado permite que nada quede fuera de la luz del monitor. Entonces pueden comenzar a revivir o, cuando menos, mostrarse ante el mundo como lo que, en algún momento, fueron. Y de esta forma conseguir lo que no querían (difundirse ante el populacho) o, caso contrario, estar a unos clics de distancia de todo aquel que quiera prestar ojos y un momento de atención a lo que los autores de distintas épocas quisieron decir (ahora digitalizados y latentes en los maravillosos pdf o txt), sin (tantas) censuras de un poder de élites, ya que (para nuestra fortuna) muchos de estos grupúsculos, reacios a sucumbir ante el poder de la tecnología, sólo saben utilizar el correo electrónico, el messenger y, cuando ya se consideran un poco “malditos”, comienzan a utilizar un blog.

Esta introducción a la red y a la restrictiva élite, sólo tuvo un objetivo. Tratar de dar una pequeña explicación (bastante somera) sobre el papel de la internet en la resurrección de las vanguardias y específicamente en el resurgimiento del infrarrealismo (bastante influido por la aparición en la red de la página http://infrarrealismo.com). Y es sobre este movimiento que intentaré hablar en las siguientes páginas.


Infra… ¿qué?

Cuando a algún compañero, en alguna plática de café (o chela) le menciono el nombre “infrarrealismo” tiene una extraña tendencia a mirarme con los ojos que, supongo, habrá puesto Roberto Bolaño (uno de sus fundadores) cuando se enteró de que había ganado el Rómulo Gallegos. Al infrarrealismo lo envuelve una especie de incredulidad por parte de las personas (que no se han acercado a él) que se traduce en el “misterio” (sin las implicaciones carlostrejianas) que lo ha envuelto desde su aparición y su rápida (o no tanto) extinción en la década de los setentas.

Dicha “extinción” no fue por culpa de sus miembros, bueno sí, un poco, pero realmente fueron los “otros poetas” quienes se encargaron de erradicar del mapa el rastro de este movimiento. Quiero dejar en claro que no me refiero a una censura de índole (tan) violenta, como sería la quema de libros y poemas sueltos, o golpear a los poetas que lo conformaron, sino de la que los ha dejado fuera de los libros de texto (gratuitos y no tanto), de los recuentos y antologías de la época y de muchos otros medios; sin embargo, los infras se han venido “curando” de ella a través de las décadas gracias, por un lado, al empeño de algunos de ellos por publicar sus textos y, por el otro, a los ociosos que han colgado a la red muchos de sus trabajos (por ello anteriormente mencioné el valor de la internet para el rescate del infrarrealismo).

He estado dando largas a la definición del movimiento y supongo que las seguiré haciendo más todavía, así que sería bueno que entregara una primera definición. Heriberto Yépez (2006) define al infrarrealismo como "una corriente poética que, a falta de publicaciones sistemáticas, a falta de apoyo contextual y por decisión propia, no influyó directamente en la literatura mexicana mainstream, con la cual mantenía una repulsión mutua; se trató de una orientación poético-exitencial que marcó duramente a algunos de sus participantes" [2]. Y como no iban a verse marcados e incluso rechazados, después de todo este grupo de muchachos roñosos, desmadrosos, bastante relajados en cuanto a la costumbre del tarro y empinar el codo e inhalar ciertos “perfumes extraños” contenidos en bolsas de nylon, se dieron a la tarea de “darle en su madre” al sistema que años más tarde se encargaría de borrarlos del “Mapa poético de México”. [3]

Yendo en el tiempo unas décadas hacia atrás (ignoro exactamente la fecha) tenemos la pugna entre los “exquisitos” [4] Contemporáneos y sus eternos pleitos con los Estridentistas. Y es que mientras unos estaban escribiéndole odas a los bellísimos atardeceres de la ciudad de México (que en ese entonces no estaba tan contaminada), los otros estaban hablando de una situación mas o menos caótica, de una ciudad que no iba a aguantar tanto, una ciudad a la que había que escandalizar y hacer que sus gritos de insatisfacción alcanzaran el número más elevado de decibeles. Así era la pugna Contemporáneo v/s estridentista. Para entender un poco más esa contraposición entre tendencias artísticas basta con mirar una foto de Novo, ahora me viene a la mente una en la que parece un auténtico playboy; y una de Maples Arce, la cual me remite más a Groucho Marx que a algún “poeta consagrado (o cuando menos de la importancia y talla de Maples Arce)”.

Yépez en la “historia de algunos infrarrealismos” (2006) plantea la idea de un pleito continuo y diacrónico entre estridentistas y contemporáneos, que ha trascendido la barrera de las etiquetas, convirtiendo el panorama Mexicano en un ciclo de pleitos entre las mismas inclinaciones en lo que a la esencia de la “ideología poética” se refiere; en palabras de un español más común: otras gatas, pero revolcándose igual que las anteriores. Y esto podría apoyarse en la afirmación de Javier Campos cuando dice que “la imagen del poeta en Bolaño, no es más que la repetición y la re-actualización, durante comienzos de los sesenta y setenta en América Latina del artista surrealista”, tomando en cuenta que la representación del movimiento realvisceralista que Bolaño hace en sus detectives salvajes tiene un poco de calca de lo que fue, en esencia, lo infra. Después de todo, todas las vanguardias tuvieron problemas en su tiempo. Sin embargo, debe atenderse a que “Los movimientos de vanguardia tomaron en Europa otras direcciones” como dijo Maples Arce [5]. Esa reactualización de los modelos es lo que interesa para la formación de un movimiento-espíritu infra. La reactualización del pleito y la inconformidad, entre tantas otras cosas.


Infras, visceras…

Bolaño se contenta con cambiarles el nombre a realvisceralistas, pero como dice Raúl Silva “son ya personajes de una épica moderna. Otra odisea es la de los personajes que inspiraron esa invención: los infrarrealistas, seres de carne, hueso, vísceras y harta poesía”. Bolaño no denigra en ningún momento al “movimiento” reetiquetándolo (como Silva hace parecer según el tono de “reproche aclaratorio” que maneja), creo que incluso lo dota de un sentido un poco más ambicioso.

En una época en la que todo escritor latinoamericano que esté orgulloso de serlo debe afiliarse a una especie de realismo mágico, o real maravilloso, o realismo maravilloso, o quién sabe cuántas permutaciones de los términos real, mágico y maravilloso que existen en nuestro panorama literario, el chileno llega a decir que también se puede hacer un realismo visceral, un movimiento en el que se escribe con las tripas y el hígado, en el que no es necesario llevar a un extremo de fascinación lo de aquí, sino que el latinoamericano (escritor o no) puede quedarse ante la realidad como el chinito ante la cultura: “nomás milando”, como dice el manifiesto rupestre del Rockdrigo. Incluso, aunque a Raúl Silva no le guste del todo, el manifiesto infrarrealista de Mario Santiago (otro infra del que hablaré más adelante) toca las vísceras y el lugar de donde proviene el arte (“la cultura”) “LA CULTURA NO ESTÁ EN LOS LIBROS NI EN LAS PINTURAS NI EN LAS ESTATUAS ESTÁ EN LOS NERVIOS/ EN LA FLUIDEZ DE LOS NERVIOS PROPOSICIÓN MÁS CLARA : UNA CULTURA ENCARNADA/ UNA CULTURA EN CARNE, EN SENSIBILIDAD”. [6]

Esta misma sensibilidad lleva a una escritura distinta. Una mezcla extraña que nadie entiende bien de donde sale. Es una creación, retomando la idea de Huidobro de que el artista es un pequeño dios, pero el infra no es tan melódico como el dios huidobriano, es más bien un titán: Caos. Por eso Mario Santiago, en su pequeña egolatría (como todo buen pequeño dios) dijera en algún momento que “La poesía mexicana se divide en dos: la poesía mexicana y el infrarrealismo”.


El infrarrealismo

Es momento de dar a conocer exactamente toda esta sarta de cosas de las que he estado hablando. Dar de una vez por todas la imagen que esclarezca el infrarrealismo (¿visceral?). Heriberto Yépez menciona lo difícil que es conseguir materiales y textos de los infrarrealistas, yo lo apoyo, fuera de uno o dos poemas de cada uno de los miembros (algunos no tienen ninguno perdido en la red y otros tantos no son considerados entre las estrellitas que merecen tener su espacio en la página de internet) es extremadamente complicado dar con uno de ellos o con alguno de sus libros, uno se convierte en una especie de detective salvaje persiguiéndolos. Para mi suerte, algunos críticos, poetas, ensayistas y un novelista, ya se han encargado de dar pistas (salvajes) sobre la historia (salvaje) y el génesis del movimiento (salvaje).

Todos (menos José Vicente Anaya) coinciden en que el infrarrealismo comienza a gestarse en 1975 cuando “el jóven poeta Mario Santiago Papasquiaro [que en ese entonces no tenía el Papasquiaro] conoce al chileno Roberto Bolaño, en el Café La Habana”. Dice Cobas Carral que “unos meses después de ese encuentro -entre fines del 75 y principios del 76- surge, una noche, en casa del poeta chileno Bruno Montané un nuevo modo de pensar y hacer poesía: irrumpe en el panorama cultural mexicano el Movimiento Infrarrealista cuya principal intención es -en palabras de sus creadores- ‘volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial’”. Otros reconstructores de la historia infra (los liderados por Anaya, quien no quiere que se le excluya del grupo de “fundadores” del infrarrealismo) dicen que es en el taller de Juan Bañuelos (por ahí del 74) en donde ante el descontento de la mayoría de los participantes ya que el “poeta consagrado” estaba cerrado a sugerencias, Mario Santiago intenta hacerle renunciar acusándolo de “menopausia galopante”. Podemos decidirnos con cuál versión quedarnos. Ambas son infra.


Y yo soy infra cuando no sigo a Octavio Paz

Todos coinciden (incluyendo a Anaya) en que una de las consignas principales fue “partirle su madre a Octavio Paz”, actitud latente a lo largo de Los detectives salvajes y que sólo pudo llevarse a cabo cuando uno de ellos [7] (bastante ebrio) irrumpió “la paz y la calma en el recinto poético del maestro” Octavio Paz. El premio nobel mexicano se mostró ofendido, alegó que había gente estúpida que quería destrozar la tradición poética mexicana y que el alcoholismo no era justificación para la estupidez. Supongamos todos (con esa posibilidad de tener certeza) que fue el movimiento de la mano derecha del poeta endiosado la que decidió (o condicionó cuando menos) la desaparición de los infrarrealistas. “Pepito Tequila sollozando su amor por Lisa Underground”. [8] (Bolaño)

Sin embargo, esta “desaparición” no pudo quedar mejor con lo “infra” que los infras perseguían. Infra como los infrasoles (o soles negros) del cuento de Georgij I. Gurevich. Pequeños mundos que producen su luz hacia adentro, resultado de un agujero negro que se ha tragado todo y se vuelve una esfera pesada donde la vida se desarrolla igual que en otro planeta, nomás que aislada ya que nadie la puede ver por su ausencia de color. Y si a ésto le sumamos la metáfora del petate quemado en la que Yépez hace referencia al nivel del suelo en el que se encontraba lo infra, al calor que produce el sexo de una sola noche con una puta en los arrabales más bajos de la ciudad (porque el petate es de los pobres y los infras de la ciudad), tenemos el sentido de lo “infra” de los infras.


Los manifiestos

Obviamente como toda vanguardia, los infras tenían sus manifiestos. Tres en total, Mario Santiago (el romántico), Bolaño (la verdad casi única, según sus palabras) y el de Anaya (pidiendo un pedazo del pastel, aunque su escrito es el más claro de los tres). Heriberto Yépez (2006) retoma la idea de que Anaya (le) dijo en una entrevista para Replicante (también en 2006), y dice que el infra no era uno sino varios (archipiélagos) ya que todos los miembros tenían el derecho (y la obligación) de hacer con su infrarrealismo un papalote. Pero el día que se dio lectura a los manifiestos, los únicos que se molestaron en hacer uno fueron los antes mencionados.


Bolaño

Bolaño, según muchos de los testimonios era un líder impuesto, un Bretón sudaca que mangoneaba a sus pupilos vanguardistas mexicanos. En los detectives salvajes se ve cuando García Madero tiene miedo de que Belano (belle ano) lo expulse del movimiento, como hizo con otros miembros.

En déjenlo todo nuevamente, su manifiesto, Bolaño muestra la centralidad del hombre (con todo y sus vísceras) ante la cuestión poética aristocrática. “Son tiempos duros para la poesía, dicen algunos [...] son tiempos duros para el hombre, decimos nosotros”. A lo largo de todo el manifiesto nos encontramos con afirmaciones contundentes en contra de los “poetas del estado”. “Hasta las cabezas de los aristócratas nos pueden servir de armas”. Manifiesta la forma (infra) de crear. “Vamos a meternos de cabeza en todas las trabas humanas, de modo tal que las cosas empiecen a moverse dentro de uno mismo, una visión alucinante del hombre [...] la mejor pintura de latinoamérica es la que pintamos [...] sobre nuestros rostros”. Y toca el aspecto del viaje, seguramente lo más importante en su manifiesto. Irse fuera y sobre uno mismo. “El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose”. Remata, con el único mandato a su generación y a sus compañeros (las órdenes de Bretón se acatan, ¡Artaud el que no haga caso!), “Déjenlo todo nuevamente láncense a los caminos”.


Emesepé (Mario Santiago Papasquiaro)

Mario Santiago dice que “TODO ES ARTE Y TODO EL MUNDO PUEDE HACERLO”, “CONVERTIR LAS SALAS DE CONFERENCIAS EN STANDS DE TIRO” y “JUGAR”. Ya que la poesía, para él es cualquier juego, cualquier vida cotidiana traspasada a letras y sonidos. A furia y a vísceras. Su devoción a la poesía es la devoción cherokee [9]. “Poesía atroz / te amo de siempre/ Gatees silbes muerdas o vueles [...] Escribo : meo : cojo : rezumo : bailo con ratas [...]Soy tu destello/Eres mi hacha”. Él (pequeño dios) es el destello en el filo del hacha de la poesía. Mario Santiago es la ciudad caótica hecha poesía, “lo chilango pasado a lo chido” (Yépez 2006: 147).


Anaya

Lo más importante del manifiesto de Anaya es que muestra el infrarrealismo como un movimiento poético-existencial [10], “LA BELLEZA ES, EXISTE EN EL PRESENTE [...] el infrarrealismo es la espontánea e inesperada aparición de la clave determinante que aísla y destruye todas las reglas que constriñen y retrasan al ser humano”, y da una pequeña pincelada del organicismo infra. En el documental "Y tú que &%$”··% sabes?", se dice que todos estamos existiendo y no existiendo al mismo tiempo, y nuestros átomos están ahí debatiéndose, intentando decidirse por uno u otro, ahí es donde surge la energía que nos mantiene aquí. José Vicente Anaya dice “EL INFRARREALISMO EXISTE Y NO EXISTE”, como los hombres.


Conclusiones apresuradas por falta de espacio

Infra fue la manera en la que se abordó el mundo por un grupo de sujetos que quisieron ponérsele al brinco a Don Octavio quien los desapareció de los libros de texto gratuitos y del panorama literario canónico mexicano (nótese que José Agustín no los incluyó en la contracultura en México). Sin embargo esto los alegró, les dio la libertad de hacer lo que quisieron con su poesía. Bolaño en una entrevista dijo que “para acceder al arte lo primero que se necesita, incluso antes que talento es valor”. Y de eso (y destos) le sobró al movimiento.

Como último punto y sabiendo que todavía faltan muchísimas cuestiones por tocar, por ejemplo las repercusiones de la fama de Bolaño, los aprovechados, los expulsados, “Al este del paraíso”, los libros colectivos, las revistas, los viajes y las fugas, las búsquedas, etcétera. Sólo quiero ampliar la clasificación Anaya/Mario Santiago/Bolaño, que hice al principio, incluyendo a los neoinfras e infras de la red. Si bien el movimiento revivió su etiqueta, se dedican a otras cosas más “en lo normal”. Periodistas, pintores en Europa, dueños de lavanderías y panaderías, etcétera. El nuevo auge del infra, quisiera explicarlo haciendo la sumatoria de las muertes de Bolaño y Mario Santiago; los premios del primero y la inclusión de varios de sus libros en una de las listas de “las mejores novelas del la segunda mitad del siglo XX” (o algo así), y la conversión del segundo en un “escritor de culto” en el ambiente “ondergraun”.

La nueva moda infra responde a las numerosas indagaciones críticas a la obra de Bolaño a raíz de su muerte y consagración. Y, al mismo tiempo, al excesivo número de poetas oficiales (con todo y achichintles) con los que nos podemos topar en la presentación de cualquier libro del CONACULTA y que además siguen nublando el panorama literario. Mientras siga habiendo internet, habrá muchachos desnudos bajo el arcoíris llevando los cadáveres de Bolaño y Mario Santiago sobre sus espaldas, dispuestos (tal vez) a dejarlo todo nuevamente, porque el pleito entre contemporáneos y estridentistas todavía no ha terminado.




Notas aclaratorias

[1] Que, a partir de éste momento, usaré entre comillas. Ya que comenzaré a referirme a una en específico.
[2] El subrayado es mío.
[3] Menciono esto también con el afán de hacer cierto escarnio en algunos poetas que se han dado a la tarea de imitar al mainstream poético yucateco.
[4] Por no utilizar otra palabra por la cual se me tacharía de homofóbico.
[5] En una entrevista hecha por Roberto Bolaño, citada en el mismo artículo de Javier Campos.
[6] Ignoro como está versificada la original del autor, aquí reproduzco la versión tal y como aparece en www.infrarrealismo.com. Todas las citas tomadas del Manifiesto de Mario Santiago aparecen tal y como aparecen en la página: con puras mayúsculas.
[7] Cuyo nombre no recuerdo en este momento
[8] El subrayado es mío, la cita es del Manifiesto de Bolaño.
[9] Dato adicional: el poema fue musicalizado por Arturo Meza en su disco "el 33 de este mes".
[10] Como mencioné antes.



Bibliografía

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Bolaño, Roberto “Déjenlo todo nuevamente: primer manifiesto infrarrealista” en red:
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Cobas, Carral Andrea “ ‘Déjenlo todo nuevamente’: apuntes sobre el movimiento infrarrealista mexicano” en red
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