miércoles, 23 de julio de 2008

“Conmigo Roberto tenía muy claro que a un niño no hay que obligarle a leer”. Entrevista a Lautaro, el hijo rockero de Roberto Bolaño

por Juan Pablo Abalo y Paz Balmaceda
The Clinic. 05.07.2008





Tiene 17 años, está a punto de terminar el colegio, quiere estudiar criminología y su principal afición es su grupo de rock “Asfalto blanco”. Desde Blanes, y por primera vez en un medio escrito, Lautaro recuerda su infancia junto a su padre, buceando en los borrosos recuerdos que tiene de sus venidas a Chile con Roberto -como a veces lo llama- a fines de los ‘90 y de su padre escribiendo o jugando, no sin trampas, a juegos de mesa y computador. También se refiere a la impresión que le causó en Chile ver una empleada que vivía en la casa de sus patrones (“eso es colonialismo”, dice) y a sus lecturas de la obra paterna, en particular al cuento “No sé leer”, donde Bolaño lo muestra de niño meando en la piscina de unos amigos.



Tu padre dijo en el “Pregón de Blanes” (incluido en “Entre paréntesis”) que entre las muchas cosas que había aprendido acá en Blanes, la más importante fue cómo cuidar a su hijo, a ti. ¿Cómo era la relación?
Era muy bonita; como padre me gustaba, aunque de pequeño también recuerdo momentos malos donde nos peleamos, esas peleas las tengo muy en vivo. El problema que tuve, lo viví con mi padre en el último año, año y medio, en ese intervalo, más bien dos años: fue ahí cuando me di cuenta de quién era Roberto Bolaño, de quién era mi padre. Para mí no era un escritor ni nada, era mi padre. Una persona normal y corriente.

¿Descubriste en ese momento que era una figura pública?
Claro, fui a Venezuela, a Chile, pero a los 10 años, un niño a los diez años… no sé. Me lo explicaron, pero mi padre para mí era la persona que estaba en el ordenador jugando, que comía conmigo. Jugábamos juntos y veíamos la tele. Luego ya lo fui viendo, lo más impresionante fue cuando en primero del cole había un paper de síntesis al final de curso y le hacían entrevistas a mi padre.

¿Tus compañeros?
No, de otros coles. Ahí me di cuenta y dije: ¡vaya!, es importante. No por el hecho de que vinieran alumnos a hacerle entrevistas, si no porque se me abrieron, digamos, los ojos respecto de lo que era él en el mundo. Algo parecido le pasaba a un amigo que su padre era el alcalde. Me sorprendió realmente cuando me di cuenta que Roberto tenía una importancia de la cual yo no tenía idea.

¿Y lo hablaste con él?
Sí, sí, me lo explicaba. Yo lo recuerdo humilde, no era de decirme, ohh yo soy tal… Y leía entrevistas suyas que me hacían entender bastante. Le decía cara a cara: ¿por qué eres famoso? Y él se reía.

Claro, en las entrevistas tu papá le da siempre menos importancia a muchas cosas, las baja a la tierra.
Sí, sí, además no tenía ningún lujo decirme a mí que era famoso, porque antes era mi padre y yo, su hijo.

¿Entendías la figura del escritor de niño?
Qué va, qué va… Recuerdo en Venezuela, lleno de fotógrafos, y yo abajo con una cámara colándome y haciendo fotos. Y es algo que Alexandra, mi hermana, también hace. Coge la cámara y hace fotos; la última vez fue en la obra de “2666” en el teatro. Alexandra estaba ahí, cuando se entrega el premio “Mejor obra representada”, ella estaba con la cámara, adelante, haciendo fotos. Me sorprendía… Pues… no, no me di cuenta, para mí se trataba de que íbamos de viaje y conocía niños de mi edad como Pascual…

¿Qué Pascual?
Era un niño que conocí en el primer viaje a Chile, creo, o en el segundo. Fue cuando Roberto estaba con Alexandra Edwards, creo, y su marido… Son recuerdos muy vagos, me acuerdo yo y Pascual -el hijo de ellos- en la piscina; hay un cuento de mi padre explicando eso, de pequeño yo en la piscina (el cuento se llama “No sé leer” y está incluido en el libro “El secreto del mal”).


Juegos y trampas

¿Qué cosas hacían juntos?
A ver… De pequeño me acuerdo yo y él en la ducha jugando. También recuerdo él estirado en el sofá, y yo jugando con él, o él haciendo la siesta y yo despertándolo, molestándolo. Ya cuando crecí más, a los 12 ó 13 años, cuando comencé a entretenerme con los juegos de ordenador, él me abrió esa puerta: jugábamos juntos, había una disputa.

¿Qué juegos jugaba? ¿De ordenador o de mesa?
Los dos, primero de mesa. Eran juegos con sus amigos, juegos sobre todo de la Segunda Guerra Mundial, bélicos. La Segunda Guerra era lo que le apasionaba más, juegos con las campañas que se hicieron…. Le gustaba además jugar en contraposición a la historia.

¿Cómo?
Tenía un juego que se trataba de ser Hitler, conquistar toda Europa y repeler a los aliados. Este juego le gustaba, jugaba mucho.

¿Y lo ganaba?
(Risas) No recuerdo. Pero lo que sí tengo claro es que cambiaba las normas; el juego no podía estar completo, y él lo completaba, juntaba las casillas y añadía nuevas fichas, nuevos finales…, intentando seguir un poco el feeling de la historia, si habían aviones o no, bombarderos, etc.

Y luego estaban los de ordenador.
Sí, fue los que primero jugué con él.

¿Age of Empire?
Sí, pero el primero que jugué con él fue Civilización. La imagen que tengo de los primeros días es los dos malos malos, lo que se hacen en veinte minutos no lo conseguíamos en un día, era muy difícil. Nos quedábamos estancados, no sabíamos qué hacer. Un día me fui a dormir y él seguía en el ordenador y enchufó a mi madre, la hacía que estuviese con él para que mirase. Y al día siguiente me despierta diciéndome que había podido hacer un barco, yo no me lo creí, era imposible que hiciese barcos. Luego a partir de ahí nos hicimos expertos de ese juego, y resultó que hacer barcos era lo más fácil…

¿Y luego pasan al Age of Empire?
Sí, hay un cambio, la situación es por turno y en tiempo real. También se cansó por rabia a una unidad que te las cogía... no lo soportaba, eso era algo irreal. Es imposible que un monje te mire una unidad y la haga suya. Era algo que detestaba y lo dejó…

¿Jugabas tú contra él? ¿Quién ganaba?
Mmm, había dificultades, no, no, el Age of Empire, no: jugaba él o jugaba yo, nunca jugamos juntos. Además, habían trampas y él las utilizaba, y hacía las cosas más horribles.¿Era tramposo?
No, normalmente no, pero quería ponerse a prueba, ponía ocho jugadores en la mayor dificultad contra él, y él con trampas, y perdía. Y luego ya los juegos de tiempo, de la Segunda Guerra Mundial que ya me gustaban, jugábamos yo por un bando y él por el otro, y nos cansábamos, o le ganaba yo y no lo aceptaba, o me ganaba él y yo no lo aceptaba. No sabíamos perder.

¿Quedaban enojados?
Yo me iba a mi habitación y él seguía. O él se iba y yo le decía: “¿por qué te vas si te estoy ganando?, ven”. Y era así. Lo último que me acuerdo de juegos, era un juego de mesa, una campaña. Yo era de unos, él era de otros. Y nada… el primer juego que jugué con él a mesa y que él hacía años y años, seguramente diez y no exagero, que lo jugaba, o más, seguramente más. Claro, había que leerse todo el manual, y yo impaciente le dije, juguemos ya, y vayamos así sobre manual. Estuvimos dos días, y bien, yo le ganaba. Yo iba a ganar al cabo de un día más, además son juegos que hay que dejarlos por diez minutos, hasta una hora, hay que dejarlos en la mesa y que se vayan haciendo. Y me acuerdo que al otro día vamos a hacerlo y me dice, ¡ha cambiado, me he leído el manual y es así!, y cambió totalmente el juego y perdí. Lo dejé, me fui por que era increíble, le estaba ganando yo, una diferencia total, porque yo tenía por ejemplo en una ciudad veinte unidades y él cinco, y con su nueva regla, me ganaba… Yo le decía ¡esto es imposible!, no me vengas con excusas, y me fui. Le dije, pues juega tú solo con tus reglas y a mí me dejas. Lo dejamos ahí.

¿Todavía te gusta jugar?
Sí, sí, los juegos de estrategia me gustan mucho.


A cazar anacondas

¿Tu papá iba a buscarte todos los días al colegio, verdad?
Sí, mi padre era muy protector en eso. Ahora me ha venido a la cabeza un recuerdo: mis amigos se juntaban en el parque de aquí a la salida del colegio, pero yo me tenía que ir porque mi papá no me dejaba estar ni cinco minutos. Él estaba ahí con su periódico y nos teníamos que ir. Me iba a buscar siempre, que me fuese yo solo era algo impensable.

¿Y quedaba cerca el colegio de donde vivían?
Sí, a cinco minutos, además por una vía transitada, nada de callejones oscuros ni nada.

¿E igual no te dejaba quedarte con tus amigos?
¡Qué va!, era muy protector conmigo, y eso es algo que he heredado mucho yo con mi hermana. Me cuesta dejarla, cuando la voy a buscar no la dejo estar en el parque, le digo “vamos, vamos”, y ya está.

Y a la playa, ¿iban mucho?
Sí, bastante. Teníamos un bote de esos que se hinchan grandes, cabíamos él y yo, mi madre se quedaba tomando sol, él y yo remando en el mar bastante lejos; recuerdo estar ahí estirados, bueno, yo estirado y él remando. Mirando…

¿Y se internaban en el mar?
Sí, y además era muy divertido, él me decía cosas y yo le seguía el rollo, le creía todo de pequeño, cosas realmente imposibles.

¿Por ejemplo?
Me decía que cuando fuéramos grandes, compraríamos un barco y viviríamos en el mar. Es algo que le gustaba. A mí me gustaría también, la cosa del mar me la enganchó. Y otra cosa que me estuvo diciendo durante años de años: “cuando tengas dieciocho iremos tú y yo al Amazonas a cazar anacondas”.

Acabas de cumplir dieciocho.
Sí, eso sería ahora. Y viene a raíz de ver unas cuantas pelis hollywoodenses de anacondas, de esas que se comen barcos enteros. Y claro, yo con 7 años mirando eso, se lo comentaba, y de ahí venía su cuento.


Chile y las “canguro”

¿Recuerdas el viaje a Chile, fuiste una vez o dos?
Diría que fui dos, diría, pero no sé. Fui muy pequeño, no sé si fui una y la otra a Venezuela, o dos veces. Diría que fui dos. La memoria de un niño de ocho años es muy dispersa, además ya han pasado diez. Tengo trozos y realmente no sé si son de Venezuela o Chile. Lo que recuerdo de Chile es yo en una casa, haciendo miles de preguntas, preguntas de lo más chorras.

¿Cómo cuales?
Un día en casa de Pascual, mi amigo con el que perdí el contacto, estaba su madre, su padre y había una canguro (empleada) que vivía ahí. Para mí algo extrañísimo.

¿Qué impresión te dio?
Eso para mí era algo nuevo, para mí era algo extrañísimo, me decía: “¿por qué está aquí si tiene a su padre y a su madre?”. No lo acabé de entender. Eso es colonialismo. Me extrañé bastante, la verdad.

¿Y ese es el recuerdo más fuerte que tienes de Chile?
Otro recuerdo que nunca olvidaré, que me impactará y que él lo puso en un libro, cosa que me enfada, es yo con ocho años o nueve, en una piscina… Yo tenía ganas de ir al lavabo. Y claro, no había ninguno. Mi madre estaba con la madre de Pascual y bueno, a la piscina, lo único que se me ocurrió. Mi madre se dio cuenta y se lo explicó a Roberto y se echaron a reír. Yo rojo, colorado, además habían chicas. Pascual fue y lo dijo y yo: “¡Ah! ¿por qué lo dices?”. Recuerdo ahora al nieto de Nicanor Parra, en una casa muy bonita, con palmeras, en la costa, creo. Su nieto molestándome, diciéndome: “soy Lautara y quiero ser tu novia”. Me acuerdo que descubrí las bolsas esas, no sé cómo se llaman, de plástico, que se tapan.

¿El guatero?
Sí, en mi vida había visto uno de esos. Le dije al nieto de Nicanor, enséñamelo, pero él me dijo: “sólo si me enseñas a jugar al ajedrez”. El ajedrez me lo enseñó también mi padre a los ocho o nueve años. Y me decía: “te voy a ganar en tres toques”, y yo no le creía, y sí, me ganaba en tres toques con estas estrategias suyas.

¿Chile es un país al que te gustaría volver, te atrae?
Sí, me gustaría ir, viajar, uno de los sitios es Chile, otro Nueva York, cosa que Roberto nunca quiso, a América del Norte no, nunca. Lo que tengo en mente es mi madre diciendo que quería ir a Nueva York o a Los Ángeles y mi padre respondiéndole: “Pues vas tú sola”; y ella: “Pues me llevaré a Lautaro”; y él: “Vale”. Él ni de broma quería estar ahí.

¿Y sabes por qué?
Pues no lo sé.

¿Pero sientes interés por Chile como una parte de ti?
No, pura curiosidad de estar ahí. No por el hecho de ser el hijo de Roberto Bolaño, ir como Lautaro Bolaño no. De Chile tengo en la memoria a mi bisabuela, era el único de la clase que tenía bisabuela. Recuerdo un viaje en coche, yo, mi padre y mi madre, en Chile, por campos y campos, y llegar a un pueblo de cinco o seis casas, con diez habitantes, y ver a mi bisabuela, se me quedó la leyenda esa… También algún hotel curioso y de forma extravagante tengo en mente.


Papá con walkman escribiendo

¿Has leído las novelas o poemas de Roberto? Alex Rígola dijo hace poco que tú habías comenzado a interesarte por la obra de tu papá, luego de ver el montaje de “2666”.
Sí, me enganchó bastante eso. Aparte de ser un trabajo excelente, me conmovió mucho, me di cuenta, ¡uf!, qué obra ha hecho mi padre. Me despertó curiosidad.

¿Qué te pasa al leerlos? ¿Cómo los lees? ¿Lo buscas a él o lees sus historias?
Lo veo a él, veo que aparecen rasgos de él o rasgos de mi madre. Veo a mi padre en su estudio cuando yo estaba a veces escribiendo chorradas o molestándole, me aparecen esas imágenes cuando lo leo.

¿Te ha gustado?
Sí, sí, pero iré poco a poco.

¿Qué recuerdo tienes de tu padre mientras escribía?
Lo único que se parece a lo que me has preguntado es yo con él en su estudio, desordenadísimo, con un lápiz de color pintando mi nombre en las paredes, sin que él se diera cuenta, y luego irle a ver, y él escuchando con el walkman y escribiendo. Veía tantas letras, y me dije, bueno, vale, no me interesa.

¿Lo veías escribir?
Sí, a veces. Lo iba a visitar a su estudio o lo esperaba abajo.

¿Cómo era su estudio?
Muy desordenado, tengo en mente eso. Una mesa llena de libros y papeles y un ordenador con Windows 95 o anterior, y él escribiendo.

Se ve que tu papá se pasaba buenos ratos en los juegos de estrategia. ¿En qué momentos leía?
Recuerdo pocas veces verle leer. Lo que sí tengo en mente es él estando en la biblioteca, en las estanterías, y coger libros, hojearlos y volverlos a poner. Cogía cinco o cuatro, miraba en global la estantería y los recolocaba.

¿Según qué criterio los ordenaba?
Nunca me dijo, según mi madre los tenía por afinidad. Por lo que me dice Carolina, mi madre, tenían un orden increíble; por nacionalidad, por época, por nombres y apellidos y por afinidades. Tenía su pequeña estantería de favoritos. Es curioso, debe haber pensado: si me caen bien, los pongo juntos.

¿Eres bueno para leer?
Depende. Roberto tenía muy claro conmigo que a un niño pequeño no hay que obligarle a leer, tiene que leer por sí solo.

A propósito, tu papá una vez dijo que a esos padres que obligaban a leer, sus hijos debían responderle que Hitler leyó mucho.
Sí, sí. Buena respuesta. A mí de pequeño no me gustaba leer, prefería estar en una consola jugando con él. También tuvimos una época de jugar al Mario Bros. Y a veces me decía que leyese pero yo no leía tanto. Aunque dentro de mi clase era de los que leía más. Leía cuentos de niños, me compraba cuentos de miedo, historias de éstas que me gustaban. Pero a partir de ahí no me obligaba. Recuerdo una pelea muy fuerte que tuvimos a propósito de la lectura. Me dijo de los libros: “tú no te ríes de ellos, ellos se ríen de ti. Cuando no lees un libro no te ríes del libro por no leértelo, te pierdes la cultura que te da el libro”. Ahí empecé a meterme un poco.

Supo conducir lo que podía ser una rebeldía de tu parte frente a un padre hiper lector, ¿no?
Sí, además es eso. Que mi padre fuese lector es algo que me ha causado problemas en catalán y en castellano. Claro, las profesoras de catalán y castellano dicen, oh, el hijo de Roberto Bolaño, y yo de pequeño sufría realmente el bilingüismo, mis padres hablaban en castellano y en el cole en catalán. Normalmente tienes de lengua materna el catalán, y el castellano en el colegio. Y yo hablaba un catalán-castellano.

¿Tú con tu padre hablabas en castellano?
Sí, y con mi madre también.

¿Y con Alexandra, tu hermana?
En catalán, mi madre habla con ella en catalán, yo con mi madre en castellano, ella nos habla en catalán a los dos, y en una conversación hablamos en los dos idiomas. Yo ortográficamente tengo faltas de tamaño titánico. Ponerme a estudiar la gramática me parece aburridísimo.

¿Y tus profesoras te exigían más por ser hijo de Roberto Bolaño?
¡Estaban indignadas de que yo cometiese faltas! Me acuerdo, en primero, el primer día de clases, tuve un cabreo increíble con la profesora de catalán. Yo me fui de la clase, ella también.

¿Por qué?
Porque no hacía los deberes y tenía muchas faltas. No hacía los deberes porque ella me exigía que no tuviese faltas. Yo le decía, las faltas las intentaré corregir pero no me pongas el nivel aquí si todos lo tienen acá. Pero en contraposición de eso, escribir se me da mínimamente bien, en el colegio mis profes siempre me decían que escribía bien, que gramaticalmente era un desastre pero que escribía bien.

¿Qué te parece que a tu padre se le haya reconocido más bien tarde dentro de su carrera?
Yo, de pequeño, no me daba cuenta. Para mí era mi padre, un escritor que estaba doce horas escribiendo, y tenía fama o no tenía fama. Era mi padre que estaba en un ordenador haciendo cosas.

Hoy eres el heredero, junto a Alexandra, de una obra que cada vez cobra mayor importancia…
Sí, pero hay diferentes maneras de verlo. Es muy bonito ser el hijo de… cuando se está en la fama, pero creo que él hubiera preferido mil veces más no estar en la fama y estar aquí ahora. Yo sinceramente preferiría no ser el hijo de… sino que estar con mi padre. Y él con mi hermana. No todo son flores ni rosas cuando pasan estas cosas.


Asfalto blanco

¿Tienes un grupo de música?
Fui yo el creador, hace ya unos cuatro años, cuando vi a unos amigos del cole que se iban a hacer el bachillerato. Hicieron un concierto de lo más simplón, y yo lo vi y dije, ¡quiero tocar la guitarra!, ni se me había pasado la idea de la guitarra pero cuando los vi quise una, quería tocar, estar ahí. Fui muy raro con la guitarra, la compré y toqué muy poco, estuve un año con el profe del cole, muy light, luego ya fui a un profe que se dedicaba a hacer clases, a partir de ahí fui recaptando gente. Me acuerdo de lo primero: coger a cuatro amigos y decirles hacemos un grupo, tú eres el batería, tú el bajo, tú el cantante, yo el guitarra y tú el otro guitarra. Habían dos instrumentos y bueno, se acabó en dos meses. Luego fui conociendo amigos, y a partir de ahí la cosa fue en serio.

¿Cómo se llama el grupo?
Asfalto blanco.

¿Y el estilo?
Rock. Hoy día los grupos o son punk o pop, y me dije ¿dónde está el rock? ¿Dónde están las letras que impactan y todo eso? Y me decepcioné, entonces, dije, “me monto un grupo, un grupo de rock, y tocaré para Blanes”. He estado pensando musicalizar poemas de Roberto.

¿Le gustaba escuchar música a él? Parece que el rock era su predilección.
Sí, mi recuerdo es de él con el walkman escuchando música. Coincidíamos en algunos estilos, cuando escuchaba su música me gustaba. Bob Dylan…

¿The Doors?
Sí, también. Y Pink Floyd puede ser….

¿Y de música chilena escuchaba algo?
¿Qué es música chilena? Lo único que recuerdo es un CD de poemas de Nicanor Parra, y estuve escuchando uno mayormente porque tenía mi nombre, Lautaro, y estuve días y días, semanas y meses escuchándolo mientras jugaba en el ordenador, estaban acompañados de música. Eso es lo único que recuerdo de música chilena.

¿Te preguntan por tu nombre acá?
Lo primero que me preguntan es “Lau… ¿qué?” o “Lauto ¿qué?”, o cómo se escribe… Incluso me preguntan: “¿es chino tu nombre?”. Explico y me dicen “ah, bonito nombre”.

Al menos eres el único Lautaro en Blanes, ¿Conoces la historia del indio?
Sí, sí, el araucano…

¿Qué piensan tus amigos de tu papá escritor, lo conocen, lo han leído?
Pocos amigos te preguntan por tu padre fallecido. Es un tema para un amigo de mucha confianza, y que además le guste leer: pasa poquísimo. Uno se salva quizás, es muy difícil que te pregunten de tu padre fallecido. Dentro de lo que cabe, saben que en el ámbito literario es importante.


“Pienso estudiar criminología”

¿Qué te gustaría hacer después de la escuela?
Yo qué sé, soy de lo más indeciso. Hay algo que no me parece nada justo, que a los dieciséis años te hagan decidir ya cuatro modalidades que definirán tu carrera profesional, y finalmente tu vida. Yo quería ser cocinero, pero no me dejaron. Tengo pensado hacer sicología y luego criminología.

¿Criminología?
Supongo que eso también vendrá por leer algún cuento de mi padre, las historias que en su mayoría son de crímenes.

¿Y leíste la parte de los crímenes de “2666”?
No, mi madre me dijo que es fuerte, todavía me quedan cosas por leer antes. Bueno, aparte de la criminología, hacer música, hacerme la carrera musical. Las dos cosas me interesan.

¿Qué es lo que extrañas de tu papá hoy en día?

A ver… Nunca tuve un amor, no me enamoré estando él vivo. Ahora le tengo que contar a mi madre todo, pero con las mujeres, tú sabes, cuesta más. Me gustaría haber tenido una conversa sobre mis relaciones, las mujeres, la música, me gustaría saber qué idea él tendría de lo que toco, qué opinaría él de que tocase la guitarra, cualquier cosa. Pero sobre todo en el tema del amor. Además, a mí me dijeron que no la primera vez y quedé bastante resentido.

¿Cómo te declaraste?
La declaración más tonta que he visto. Porque yo soy una persona muy tímida, pero muy tímida. Como él.

¿Tu papá era tímido?
Sí, bueno, eso me decían. Era la primera vez que me enamoraba y decírselo a ella, puajjjjjjj…

¿Cuántos años tenías?
En segundo fue eso, unos catorce. Y además escogí el peor día. Las dos clases estaban fuera en el patio, en una fila mirando el cole y a un amigo se le ocurre la idea de decirle a la chica que me gustaba que viniese en medio de todos, y que yo apareciera de sorpresa detrás de unas ventanas. No sabía el plan, tuve que improvisar, quizá el plan es aún peor. Además, me acuerdo muy bien de ese momento, coincidió con la muerte del padre de un amigo mío. Mi amigo es una persona muy lista, muy inteligente, me miró y me dijo, así que ya somos iguales. Luego fuimos a una cena que tendré siempre en mente. Esas historias de amor me hubiese gustado compartirlas con mi padre, que me diera consejos.

Cuando tu papa leyó el “Pregón” acá en Blanes, ¿subiste para llevarlo a casa?
No me acuerdo. Lo único que me acuerdo del pregón era que teníamos la casa frente a la plaza del ayuntamiento. Me acuerdo que se puso a llover y mi padre me decía, se están ahogando las palabras. Es lo único que me acuerdo.

¿Cuál era el lugar predilecto de tu papá en Blanes?
Él dice que la patria somos sus hijos. Yo me miro en el espejo ahora mismo y le veo. Supongo que lo que más le gustaría son sus libros, sus libros son su segundo hogar. El siempre estaba ahí junto a sus libros.

Da la impresión de que te trataba como un adulto.
Sí, éramos muy amigos, nos lo decían mucho. Además teníamos muchos temas en común. La ciencia ficción a mí me apasionaba mucho y a él también. Me acuerdo que me interesé por libros de terror y recuerdo ir a buscarlos a la biblioteca y estar encima suyo buscando por el autor y tal. Nos reíamos mucho juntos.

A tu papá, ¿le gustaba el fútbol o nada?
A mí no me gusta, soy anti-deportivo. A él le gustaba, seguía la Eurocopa, la liga que tenemos aquí; él hacía sus predicciones. Estaba en la mesa, con una lista y hacía todas las posibles predicciones. Y me acuerdo que me explicó que con un grupo de personas hizo un juego de estrategia, de fútbol, por turnos, complicadísimo, por correo postal.

¿Pero jugaban fútbol en la playa, con pelota real?
No, no. Pero nadar le encantaba. Hizo natación durante dos años. Si alguien decía voy hasta aquí nadando, él se apuntaba. Nadar nos encantaba.


La ingratitud de Blanes

Te has dado cuenta de que Blanes se ha hecho conocido en gran parte gracias a tu papá.
Eso es lo que contrasta con la política, con el aprecio de Blanes a la figura de Roberto. Él ha dado a conocer Blanes. Que se discuta sobre una sala en la biblioteca, que se llame Roberto o no, es una tontería. Sería mínimo que se llamase Roberto. Es lo lógico. Blanes no devuelve lo que le ha a dado Roberto. A él le gustaba mucho Blanes.

¿En qué está tu grupo ahora?
Lo que estamos haciendo me gusta bastante. Tenemos mucho cambio de influencias. Yo, por ejemplo, soy rock and roll, estilo Van Halen, el batería es un metalero que escucha Slayer. El bajista es un thrash metal y el guitarra es un rock diferente al que escucho yo. Hay un choque de influencias que se nota. Yo, por ejemplo, hice una canción para una chica. Es la cosa más tonta, hollywoodense. Típico chico que cortan y luego él hace la canción y acaban bien, pero no vino al concierto, ni me felicitó en mi cumpleaños tampoco. Y bueno la hice, es una balada rock, pero en la que se escuchan las notas, sin tanto ruido.

A tu papá le preguntaron: ¿John Lennon, Lady Di o Elvis Presley?
¿Cuál sobra?, bueno, Lady Di.

No, no, con cuál te quedas. Tu papá dijo con Bob Dylan y agregó: “Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro.
Ahhh, sí. Yo también me quedo con Bob Dylan, me gusta mucho.

¿A tu papá lo tratabas de Roberto?
Voy cambiando, según para qué cosa le digo papá, según para qué cosa Roberto. Yo he sido más de llamar siempre por el nombre, Carolina y Roberto.











sábado, 19 de julio de 2008

“Bolaño denuncia esa manera de ser de los humanos: evitar mirar lo que pasa fuera de nuestros muros”. Entrevista a Alex Rigola, director de "2666"

por Andrés Mancini
www.guiadeactores.cl
2008








A pocas horas del estreno en Chile de la obra teatral “2666", basada en la novela póstuma del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003), Alex Rigola, el director encargado de llevar a escena el texto de 1.119 páginas, se da tiempo para conversar y fumar un cigarrillo durante un intermedio del arduo ensayo general, durante el cual parte de los 11 actores que interpretan 40 personajes se comen unos sandwich en los patios de Matucana 100. “Hoy me enteré en el hotel que me han dado la misma habitación donde alojó Bolaño la última vez que estuvo en Chile con su hijo”, comenta Rigola amablemente mientras se cala unas fumadas y observa a los integrantes de su compañía.


¿Te refieres a Lautaro?

Me dijeron que Lautaro no había leído nada de Bolaño hasta que vio el espectáculo que montamos y ahora ha empezado a leer a su padre. Es un chaval, un adolescente.

¿Qué crees que habría dicho Roberto Bolaño si hubiera estado vivo y le hubieras dicho: “Voy a hacer tu obra, el libro, 2666”, que él no alcanzó a ver publicado?
Por la manera como él era de exigente, creo que se hubiera cagado en mí y en mi familia. La obra mantiene mucho el espíritu de la pieza y te digo, su mujer que vio el espectáculo quedó entusiasmada, los editores que han visto la obra y conocieron a Bolaño están contentos con la pieza. A priori, decían que iba a ser un suicidio y en cambio, después de verla, están contentos. No sé cómo habría reaccionado Bolaño, era muy exigente. Pensar que era un hombre capaz de dedicarse a cualquier cosa, antes que prostituirse en el mundo de la literatura o la poesía. Si escribir o leer le suponía trabajar de guardia de seguridad en un camping o en una tienda vendiendo caramelos, pues lo hacía.

¿De las cinco secciones del libro cuál fue la más complicada de montar?
La cuarta parte, la de los crímenes, respira muy bien el espíritu de Bolaño. Si hubiéramos escogido una sola por hacer, habría sido aquella. Sola nos habría llevado a un espectáculo de tres horas, hay mucha síntesis, lo que provoca es el momento de catarsis de la obra. En cambio faltan muchas de las historias. En la quinta parte de Archimboldi, tal como explicamos su época Nazi, por una cuestión de extensión y que no podíamos hacerla más larga, tuvimos que eliminar la parte de purgas comunistas que se cuentan en ese trozo de la novela.





Un año de trabajo le tomó a Alex Rigola adaptar la novela “2666” y llevarla a las tablas mediante una co producción de Teatro de Lliure y el Teatro Cuyás del Cabildo de Gran Canaria. “El trabajo fue duro, normalmente realizo todas mis adaptaciones solo, pero en este caso la extensión era tal que decidí compartir el trabajo con Pablo Ley, ex crítico de teatro de El País y dramaturgo de Barcelona. El resultado es más positivo que si lo hubiera hecho solo, pero en cambio tienes que trabajar el doble, el trabajo final está muy fusionado. No puedes decir esta parte es mío o suya. Lo hice para trabajar menos, vimos el texto cada uno por su lado y luego debatíamos con qué nos quedábamos y qué sacábamos. Esas decisiones dependen mucho de cómo quieres hacer el espectáculo, de la tensión dramática que se quiere crear. Aquí sabes que el espectador va a tener que entrar y ver todo de seguido, no como en la novela que puede leer una o diez páginas y detenerse. Hay diferentes capas, diferentes trabajos”.



¿Está preparado el público para ver una obra de cinco horas?
Al público no le debe asustar esta adaptación ni su largo, porque es como ver cinco espectáculos cortos. Son mil historias o una historia y están contadas con formas de narración muy similares a la novela, donde una parte es más una novela negra y otra una novela romántica o histórica. La primera parte de la obra es básicamente una conferencia sobre Benno von Archimboldi, hecha por los cuatro críticos, lo que pasa es que en medio de la conferencia comenzarán a contar sus propias vidas, los rollos amorosos que tienen entre ellos. La parte de los críticos es básicamente una instalación donde más que la palabra, lo visual y el sonido entran por la piel. La segunda parte no es un monólogo, sino una serie de comentarios hechos al público.

¿En qué espacios se trabajó la obra debido a su extensión?
Acá el espacio escénico va marcando el lenguaje narrativo que se usa, o viceversa. Cuando el público entra a la primera parte ve un espacio escénico y en la segunda es totalmente diferente. La tercera parte que estábamos ensayando recién es una caja pequeñita, los cincuenta minutos que dura esta parte se pasan en ese cuadro. La cuarta es una instalación, un desierto completo. Fuimos a Ciudad Juárez y fotografiamos la desolación.

¿Qué pasa en México con la recepción de la obra que muestra una realidad que los golpea duramente: la muerte de mujeres en Ciudad Juárez que en la novela es nombrada como Santa Teresa?
No la presentamos, a lo mejor no les gustó de forma. En Ciudad Juárez sigue muriendo gente. Una de las denuncias máximas de esta pieza y la novela es sobre los hechos de esa ciudad, es el tema más importante del libro. Bolaño denuncia esa manera de ser de los humanos: evitar mirar lo que pasa fuera de nuestros muros. Ciudad Juárez se crea a través del sistema global, sobretodo con una cultura introducida a la fuerza, donde el poder económico capitalista se desarrolla de una forma explosiva. Esa ciudad es la única línea de frontera donde hay más diferencias de clase social, se puede cruzar caminando desde Juárez, una ciudad de un millón de habitantes en medio del desierto a un paso de El Paso, y se pasa al país más devorador en cuanto a capitalismo se refiere. Esta frontera produce varias cosas, hay instaladas una serie de fábricas con mano de obra muy barata de empresas americanas que esclavizan a los trabajadores mexicanos de la zona; la segunda tiene que ver con economía, un negocio oscuro que es el paso de inmigrantes. Los que atraviesan el desierto y se están jugando la vida son gente que no tiene trabajo sino cogerían un avión, dirían que van a pasar un fin de semana a Las Vegas y no volverían. Es gente que tiene que ofrecer los servicios sexuales de su mujer o su hija para que alguien los cruce el desierto. El tercer polo es un gran cartel de drogas, esto supone mafias y pandillas, todo el mundo va por las calles con pistolas debajo de la cazadora, hay todo un sistema de lumpen y prostitución que genera un movimiento económico que hace que el valor de la vida en Ciudad Juárez sea casi nulo.

¿Quiénes son los asesinos que gobiernan en Ciudad Juárez?
A diferencia de la dictadura en Argentina o Chile, donde uno sabe perfectamente quiénes son los culpables, aquí no hay un asesino, a lo mejor hay cuatrocientos o quinientos asesinos, que son la propia gente del pueblo. Le dan poco valor a la vida y la vida de la persona de adelante tiene poco valor. ¿Quién ha creado todo esto? No creo que haya aparecido por ellos mismos, lo hemos inducido seguramente los países más capitalistas del mundo, esa es la gran desgracia y lo que está sucediendo allá y hay que observar para tratar de evitar. El teatro es esto, no es dar soluciones sino intentar reflejar lo que vemos de la sociedad y cada uno después debe asumirlo, cómo quiere cambiar y hasta dónde puede ayudar o no.










miércoles, 16 de julio de 2008

Familiares de Roberto Bolaño despidieron sus restos en el Mar Mediterráneo

www.cooperativa.cl
16.07.2003











Luego de una ceremonia laica sus restos fueron arrojados a las aguas por su hijo Lautaro.

Sólo familiares cercanos al escritor chileno Roberto Bolaño se reunieron en la localidad española de Blanes, en las cercanías de la ciudad de Barcelona, para despedir sus restos, lo que fueron esparcidos a las aguas del Mar Mediterráneo por su hijo Lautaro, de 13 años de edad. El autor de “Los perros románticos” falleció el lunes a causa de una insuficiencia hepática.

Blanes, lugar donde vivía Bolaño desde 1981, es fundamentalmente una ciudad turística que en la temporada veraniega duplica su población, estimada en sólo 30.000 personas.

Previo a este acto privado en Blanes, un centenar de personas, entre familiares y amigos del escritor, participaron en una ceremonia laica en el tanatorio Les Corts de Barcelona. En la oportunidad, el escritor argentino Rodrigo Fresán, el español Ignacio Echevarría y el editor de Bolaño, Jorge Herralde, leyeron textos en homenaje al autor chileno. Fresán recordó algunos momentos de la vida y personalidad del escritor, un hombre a quien "le intrigaba y apasionaba Argentina", país en el que, decía Bolaño, "hasta los escritores más pésimos saben escribir".

El escritor argentino leyó también uno de los mensajes que Bolaño le envió por correo electrónico, en el que el chileno decía: “No sé cómo hay escritores que todavía creen en la inmortalidad literaria. Me dan ganas de abofetearlos para que reaccionen y salven su vida”.

Por su parte, Echevarría aseguró que la muerte de su amigo Bolaño representa una "pérdida irreparable para Chile" y remarcó sus palabras con una cita del escritor fallecido, que aseguraba que “todo lo que empieza como comedia, acaba como tragedia”.

Durante la misma ceremonia, el editor Jorge Herralde relató que “en el último semestre de su vida ya aparecían indicios de una despedida implícita”, razón por la cual canceló gran parte de sus obligaciones fuera de España para pasar más tiempo con el escritor.

El editor, que no pudo acabar su discurso a causa de la emoción, definió a Bolaño como una “persona condenada al fracaso, un trapecista sin red”.










lunes, 14 de julio de 2008

El mundo literario recuerda a Roberto Bolaño

EMOL. 14.07.2008












Diarios hispanoamericanos recuerdan al escritor chileno, que sigue generando debate por su obra. Mientras, la adaptación al cine de “Los detectives salvajes” sigue su curso.



SANTIAGO.- Mientras lograba reconocimiento internacional, Roberto Bolaño fallecía un 14 de julio de 2003 esperando un transplante de hígado en un hospital de Barcelona. El transplante no llegó, pero el escritor chileno alcanzó a terminar su ambiciosa novela “2666”, que obligó a los críticos y escritores a releer el conjunto de su trabajo, reducido por largos años al deleite casi exclusivo de sus amigos. No por nada Jorge Herralde, editor de Anagrama, reconoció en el diario argentino Página/12 que los dos primeros libros del chileno afincado en México no vendieron más de dos mil ejemplares. Sin embargo, hasta ahora “Los detectives salvajes” llegan a los 100 mil y, de acuerdo a Herralde, se transformará en un “long seller”.

Éstos son algunos de los datos que se remarcan en el quinto aniversario de la muerte del autor de “Estrella Distante”, la historia de un poeta asesino y para muchos, su mejor obra, eclipsada por la fama de “Los detectives...”.

El escritor ha sido motivo hoy lunes de varias reseñas en importantes diarios como “El Mundo” y “El País”, precedida por más artículos en los días previos al aniversario de su fallecimiento en periódicos mexicanos y argentinos.

“Adn.es” lo recuerda como un antihéroe latinoamericano. “Ya se sabía que su estado de salud era muy delicado, que estaba primero en la lista de trasplantes y que batallaba a contrarreloj para terminar 2666, sin duda, su proyecto más ambicioso. Todos sus seguidores esperaban que cayera el bendito hígado pero Bolaño cayó primero”, dice el medio español, destacando su precaria existencia antes de la fama, su paso por un campo de prisioneros en Chile, su batalla contra vacas sagradas de la literatura como Octavio paz e Isabel Allende.

"El Mundo", en tanto, dice que fue un “Heredero de Jorge Luis Borges, fue un heraldo de humor negro, un tributario azul de la locura y voracidad de una sociedad atiborrada de traficantes, mirabilia y sincretismo, que como sus obras deambula al borde de sí misma, por desiertos mexicanos, callejuelas chilenas y esquinas prostibularias de España”.

Jorge Edwards, por su parte, no duda en calificar que "Bolaño es la culminación de un movimiento de vanguardia, que tuvo sus antecedentes en Juan Emar y Vicente Huidobro" y que tenía "la idea de llevar la literatura lo más lejos posible".


Vida y obras esenciales


El escritor nació en Santiago de Chile el 28 de abril de 1953 y murió el 14 de julio de 2003 en Barcelona, España, tras agonizar diez días a causa de una falla hepática.

Su infancia fue un tránsito permanente entre las ciudades de Los Ángeles, Valparaíso, Quilpué, Viña del Mar y Cauquenes. Luego vino su primera estancia en México, país que marcó su vida y obra.

En 1973, volvió a Chile para apoyar al gobierno socialista de Salvador Allende. Llegó después del golpe militar, fue detenido y encarcelado. Años más tarde, tras ejercer todo tipo de oficios menores, fijó residencia en Barcelona.

Sus obras principales son: "La literatura nazi en América" (1996), novela. "Estrella distante" (1996), novela corta. "Los detectives salvajes" (1998). "Nocturno de Chile" (2000), novela corta. "Tres" (2000), poesía. "Putas asesinas" (2001), cuentos. "El gaucho insufrible" (2003), relatos cortos. "2666" (2004), novela (obra póstuma). "La universidad desconocida" (2007), poesía (obra póstuma).

El cine también saldará sus cuentas con el chileno. "Los detectives salvajes", considerada por el diario "New York Times" una de las diez mejores novelas editadas en 2007, será llevada a la pantalla el próximo año por el director mexicano Carlos Sama. El papel principal, del poeta Arturo Belano, sería interpretado por Gael García Bernal. A su vez, la cineasta chilena Alicia Scherson llevará también al cine "El futuro", basada en el libro de Bolaño, "Una novelita lumpen".









domingo, 13 de julio de 2008

Saldando una deuda

por Patricio Tapia
El Mercurio. 13.07.2008




Candaya es el reino al cual, en algún momento, Don Quijote no duda en ir para luchar contra el malvado gigante Malambruno. Candaya es también el nombre de una pequeña editorial española, nacida a fines del año 2003, dirigida por un matrimonio de profesores: Francisco Robles Ortega y Olga Martínez Dasi.















La vocación, evidentemente quijotesca, de su empresa es también de marcada orientación latinoamericana, según se aprecia en su catálogo, poblado de autores paraguayos, venezolanos, argentinos, bolivianos, y también por un chileno, con el conjunto de estudios recogidos en Bolaño salvaje.




¿Es cierto que vendieron una casa para crear esta editorial y que ustedes hacen casi todo en ella?
Así fue. Era una vieja casa de pescadores, a la que llamábamos familiarmente "La Ruina", en Canet de Mar, un pueblo de la costa de Barcelona, a sólo veinte kilómetros de Blanes, donde vivió Bolaño los últimos diecisiete años. Queríamos rehabilitarla y construir allí "la casa de nuestros sueños". Pero nos ofrecieron comprarla y optamos por el riesgo: la editorial era un viejo proyecto, que hasta ese momento parecía imposible. De repente (y eso produce un cierto vértigo) podíamos elegir. Y es cierto, en Candaya trabajamos sólo nosotros (que además compaginamos el trabajo editorial con la enseñanza) y Francesc Fernández, nuestro diseñador, quien, por cierto, tiene mucho talento. Nosotros dos nos ocupamos un poco de todo: la selección de autores, la maquetación y corrección de libros, la promoción y los contactos con la prensa, la contabilidad... Pero Candaya es, sobre todo, una gran red de complicidades de los amigos que nos acompañan en todos nuestros actos, sin la que no dejaría de ser una quimera.

¿A qué se debe la debilidad por autores latinoamericanos?
A Candaya la precedió nuestra vinculación afectiva con el continente americano, que se ha alimentado de lecturas y viajes. Lecturas que, desde muy jóvenes, nos dejaron huellas profundas (Onetti, Cortázar, Alejandra Pizarnik, Borges, Nicanor Parra...) y casi veinte años de viajes americanos: Guatemala, Nicaragua, Cuba, México, Argentina, Paraguay, Venezuela... En esos viajes empezamos a descubrir a grandes escritores, algunos de ellos verdaderos clásicos o escritores de culto en sus países, que eran prácticamente desconocidos en España. Fue el caso de Elvio Romero y Ednodio Quintero, con los que iniciamos nuestras colecciones de poesía y narrativa. Descubrir a estos autores nos convenció de que -pese a la superproducción de libros que hay en España- había todavía un espacio sin cubrir. Crear una editorial que apostase, sobre todo, por introducir en España autores latinoamericanos era nuestra manera de intentar romper esos maleficios de Malambruno que hacen que haya tan poca comunicación entre las literaturas de una misma lengua. Y es que nosotros pensamos que la única patria del escritor es, en todo caso, la lengua.

¿Qué significado tiene para ustedes la publicación del libro sobre Bolaño?
No nos cabe ninguna duda que Roberto Bolaño es un clásico contemporáneo. Los detectives salvajes y 2666 representan una inflexión en la historia de la literatura, sólo comparable a lo que significó en los sesentas, Cien años de soledad o Rayuela. Por eso las nuevas generaciones de escritores lo han convertido en maestro e ícono. Pero tan importantes como estas razones literarias, el libro Bolaño salvaje y la película "Bolaño cercano" han sido nuestra manera de saldar una deuda personal con el escritor que seguramente más nos ha sobrecogido en los últimos años. Descubrimos a Bolaño con Los detectives salvajes en el año 2000 y ya no hubo vuelta atrás: Bolaño es seriamente adictivo. La apuesta por este libro tenía, pues, algo de homenaje a un escritor que habíamos leído con pasión compartida y que, como sucede sólo con los "escritores que escriben con sangre" (Kafka, Onetti, Bernhard, Sebald...), había de alguna manera alterado y ampliado nuestra relación con el mundo. No hemos saldado esa vieja deuda. Después del privilegio de conocer a la familia y amigos de Bolaño en Blanes..., nos sentimos, más aún, en deuda con Roberto Bolaño.

La colección de ensayo hasta ahora contempla a Vila-Matas, Bolaño y Piglia. ¿Se sumarán otras figuras?
La colección nació para reivindicar a aquellos autores que, a nuestro parecer, abren fértiles e insólitos caminos en la literatura: permiten una nueva manera de leer la tradición literaria e invitan a una nueva manera de escribir, que en el fondo es una nueva manera de entender el mundo. Y en este sentido, los autores que están en la colección son toda una declaración de intenciones: Enrique Vila-Matas, Roberto Bolaño y Ricardo Piglia. Juan Marsé será nuestra próxima apuesta. Ojalá Ronda Marsé (que aparecerá en octubre próximo), coordinado por una de las grandes conocedoras de su obra, Ana Rodríguez Fischer, profesora en la Universidad de Barcelona, contribuya a su reconocimiento fuera de nuestras fronteras, donde el Marsé de la última época, de obras tan deliciosas como El embrujo de Shanghai o tan complejas y turbadoras como Rabos de lagartija, no es del todo conocido.

Bolaño es el primer chileno vinculado a su catálogo. ¿Hay algún otro en perspectiva?
En una ocasión, Eugenio Montejo, el extraordinario poeta venezolano recientemente fallecido, nos dijo que algo que le gustaba de nosotros es que no sólo editábamos buenos libros, sino que teníamos auténtica pasión por conocer todo lo relacionado con los autores que publicábamos: su geografía sentimental, los paisajes en los que habían crecido, las librerías que frecuentaban, sus amigos... Para nosotros resulta fundamental visitar, conocer, entender primero el país de nuestros autores. Así que el viaje a Chile se está haciendo ya impostergable. Y seguro que volvemos con un montón de proyectos literarios. De momento, sólo hay algunos nombres a los que no dejamos de dar vueltas: Álvaro Bisama, Alejandro Zambra, Enrique Lihn, cuya obra narrativa apenas es conocida en España...










sábado, 12 de julio de 2008

Roberto Bolaño: una pasión helada

por Carlos Franz
Letras Libres. 11.2003












Presenté el primer libro que Bolaño editó en Chile. Fue en 1997, en Santiago, en la Plaza del Mulato Gil —una placita chueca, medio escondida, donde trastabilla la bohemia chilena sin esperanzas—. Era una tarde primaveral, un poco fría, las sillas frente a la tribuna no se llenaron. Bolaño apareció con su aire abstraído, nebuloso, como si se viniera levantando. Y así escuchó los elogios que le prodigamos, no como si no fueran para él —lo que dice casi todo escritor en estos casos— sino como si le tuvieran sin cuidado. El acto languidecía, los borrosos bohemios del Mulato conversaban y reían sus cervecitas en la periferia. Luego, el editor, Carlos Orellana, sacó una revista vieja, medio descuadernada, y empezó a leer un poema desde el podio. De reojo noté que, por primera vez en la desangelada palidez de ese lanzamiento, Bolaño se animaba, una sonrisa oblicua asomaba a sus labios: "No hagas eso, hombre", protestó sin convicción. Y sin embargo, era evidente que "eso" era lo mejor que el editor podía haber hecho: rescatar y leer un poema viejo, que no venía al caso, perdido en una revista descontinuada, que Bolaño había publicado cuando era un poeta desconocido, sin futuro, ni editores, ni lanzamientos. Como uno de sus personajes: un poeta salvaje y desesperado.

Creo que a Bolaño le sentaba mal la fama. Le caía pesada al hígado, ese hígado delicadísimo que lo mató. Se encontraba a disgusto en los podios, aun más, sospecho que se encontraba a disgusto en la literatura "real" —o sea lo que no es la literatura—: sus prestigios de contratapa y solapa, sus honores de cartulina, sus tardíos reconocimientos. "Me llegó tarde" —me dijo al día siguiente, comiendo en el restaurante Venecia, al pie del cerro San Cristóbal, mientras bebía un agüita amarga, de manzanilla—, "la fama me llegó tarde". Y era como si la fama —no él— fuera una vieja fea, a la que se soñó bonita cuando uno era joven, y vino a entregarse cuando ya no podríamos, ni querríamos, enamorarnos. Y de allí, la anticipada desilusión, la rabia, la "extraña pasión helada" de Bolaño (como lo describe Javier Cercas en su novela Soldados de Salamina).

Vladimir Nabokov decía que la literatura debe leerse, no con el cerebro, ni con el corazón, sino con la espina dorsal. Un buen escritor se reconoce por un cierto escalofrío que recorre la espina del lector al descubrirlo. Ese escalofrío fue lo que sentí a comienzos de los noventa, cuando leí el primer libro de Bolaño que cayó en mis manos. ¿O debiera decir que lo "escuché"? Porque su prosa es casi puro ritmo, música, entonación; el argumento apenas un pretexto para el fraseo melódico. El estilo bolañesco (qué mejor elogio se puede hacer de un escritor que convertir su apellido en adjetivo) se pega al oído, se cuela en la propia dicción. Ya hay autores jóvenes —y no tanto—, por todo el idioma, repercutiendo a lo Bolaño, sacudidos por su escalofrío, chicoteados por la envidia creativa. Y descubriendo, me temo, que para escribir una prosa como esa tendrían que trasladarse a vivir a un planeta distinto, digamos Júpiter, donde hay otra gravedad, donde las palabras que en la tierra de nosotros pesan un kilo, allá pesan una tonelada...

Exagero, claro. Pero es que el planeta de la obra de Bolaño es desmesurado, exagerado, habitado por personajes iracundos y a la vez exangües, vampirizados por la lectura (en sus venas traslúcidas corre más tinta que sangre). En el planeta Bolaño no hay psicologías sino sicopatías, no hay clases sociales sino sectas literarias, no hay terrícolas, en suma, sino tripulantes de una astronave a la deriva en una galaxia al borde de la extinción. La astronave es la poesía —el núcleo poético y no narrativo de su estilo— y la galaxia en extinción es la literatura. La obra de Bolaño viaja por ese universo literario colapsado, amenazado por el agujero negro de la falta de lectores. Un universo cada vez más frío, y más grave, donde el único refugio sería escribir para otros escritores (que serían los últimos lectores), y lanzar libros al vacío desde la astronave de los poetas jupiterinos, cada vez más furiosos, más seguros del fracaso y la extinción final.

Con esa ideología apocalíptica, milenarista, de la literatura en extinción, no es extraño que el fracaso y la rabia ("un deseo de quemar el mundo") hayan sido los grandes temas de Bolaño... Y el poder literario, su obsesión. El Bolaño que conocí fue un escritor con una desolada ambición de poder literario. Tan intensa que llegaba a ser ingenua (como si se hubiera creído los cuentos de guerrillas poéticas que él mismo escribió). Creía que la literatura es un sistema de poder —que también lo es— y una batalla —que también lo es— y en definitiva una mierda —todo lo que no es escribir—. "No me sumergiré nunca más en el mar de mierda de la literatura", jura el narrador, el doble de Bolaño, en Estrella Distante. Sin embargo, viene la fama y no queda más que sumergirse, hasta el hígado, hasta el cuello. Y chapotear. Supongo que, por eso, casi su primer reflejo al volver a Chile, después de veinte años, con esa pasión helada suya, fue atacar a José Donoso. Indudablemente, si uno concibe la literatura "real" como una batalla, los escritores consagrados antes son el bando enemigo. Y lo primero es atacar al cuello del general contrario, descabezar al monstruo del prestigio literario establecido. Tuve mi momento de ingenuidad (quién me manda a mí a defender a Donoso, que debiera defenderse solo) y le contesté. Un correveidile de los que abundan en la plaza chueca de la literatura chilena vino a decirme que Bolaño decía: "Franz me traicionó". Y como soy leso, en vez de reírme de su desorbitado belicismo, me piqué y quedamos distanciados. Con lo que él vino a tener razón: la literatura puede ser una guerra (lo que sinceramente es una mierda). Todo esto ya no importa nada. Importa su obra y que escribía como los dioses. Como un dios martillándose el dedo en el planeta Júpiter. Y que ahora estará enfrentándose a ese "japonés luchador de sumo"; que eso dijo una vez que era la muerte para él.










miércoles, 9 de julio de 2008

2666 de Bolaño

por Cristina Rioseco
www.indie.cl; 07.2008














La avenida Guerrero, a esa hora, se parece sobre todas las cosas a un cementerio, pero no a un cementerio de 1974, ni a un cementerio de 1968, ni a un cementerio de 1975, sino a un cementerio de 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo.

Roberto Bolaño, Amuleto




La última función de “2666″ realizada en la sala Matucana 100, refleja el intento de llevar a escena la novela de publicación póstuma del escritor chileno Roberto Bolaño. La adaptación de ésta dio como resultado un montaje de cinco horas -con varias omisiones del escrito original- pero fiel a la división realizada por Bolaño; quien creó la obra como cinco novelas independientes, las cuales, finalmente, formaron un solo volumen. El lugar de la historia, que vincula los relatos entre sí, es Santa Teresa: ciudad industrial y fronteriza ubicada en México. En este espacio convergen los cinco relatos y además es el centro de una serie de inexplicables asesinatos de mujeres. Pero, a pesar del espacio en común, cada parte de la novela construye una estructura del relato distinta con la inserción de personajes disímiles.

La compañía española de Teatro Lluire, que es conocida por la re-lectura de los clásicos, la exploración alternada entre actuación, danza y música; percibe la creación teatral como un reflejo de las problemáticas modernas, en la cual prima el texto como portador de significado. Ésta compañía con la dirección de Álex Rigola es la encargada de colocar en escena la versión reducida y filtrada de “2666″. La selección del texto mantiene la percepción de la realidad como una elaboración que es sitio de creación y destrucción: espacio ilusorio, en el cual son arrojados los personajes que visitan el abismo de las emociones humanas. De este modo, los espejismos formados por Benno von Archimboldi y los asesinatos de mujeres en Santa Teresa establecen la relación entre creación/destrucción como dos polos opuestos de una misma realidad.

La puesta en escena marcada por la proyección del título de cada parte de la novela y precedida de un intermedio, es el código utilizado para recordar la independencia de cada sección y necesario para cada cambio escenográfico. El primer acto de iluminación tenue que intenta recrear el espacio de conferencias y estudios literarios, muestra a los cuatro críticos de diversas nacionalidades inmersos en el estudio de la obra de Archimboldi, situación que se amplia a la búsqueda del misterioso escritor alemán, momento en el cual el relato se torna detectivesco. Luego de un intermedio de diez minutos, en escena aparece Amalfitano, profesor de filosofía que vive entre la realidad y los recuerdos confundiendo ambos umbrales. Nuevamente un intermedio de diez minutos, después del cual en el escenario existe un cuadrado verde que aglomera una serie de personajes encargados de subvertir la noción de sujeto unido a la visión de la realidad como un reflejo invertido, transformando en una pulsión latente el concepto de infrarrealismo. Otra vez un intermedio -pero ahora de veinte minutos- acto seguido un cementerio de cruces rosadas con un cadáver de mujer, es la parte de los crímenes que utiliza un lenguaje forense junto a algunos personajes y sus historias, además de especular sobre las posibles causas de los asesinatos. Finalmente un intermedio de alrededor de diez minutos, a continuación del cual se revela el origen del escritor alemán Benno von Archimboldi mostrando su muerte como Hans Reiter, alemán de entre guerras, y su nacimiento casi casual como escritor.

La adaptación efectuada por la compañía teatral utiliza la proyección audiovisual en todos los actos, además del uso de micrófonos que se convierten en instrumentos indispensables para la realización de la obra. Entre las actuaciones, algunas de mejor calidad que otras, destaca Ferran Carvajal, quien despliega un manejo corporal sorprendente tanto en la exploración de nuevos códigos como en la relación con el resto de los personajes. Por otra parte, el mundo sonoro conectado con el audiovisual consigue situarse como un soporte autónomo dentro de la obra realzando el sentido de ésta.

En conclusión, preferible es realizar la lectura de la novela “2666″, ya que permite elaborar conjeturas posteriores enriquecidas -por las propias palabras de Bolaño- sin privaciones de un teatro que intenta capturar la densidad del texto, pero no logra mantener el ritmo narrativo propio del autor y trunca la posibilidad de que la novela hable en toda su complejidad.




Ficha técnica: “2666″


Dirección: Álex Rigola.
Autor: Roberto Bolaño.
Adaptación: Pablo Ley y Álex Rigola.
Elenco por orden de aparición:

1. La parte de los críticos: Manuel Espinoza: Julio Manrique/ Piero Morini: Andreu Benito/ Jean Claude Pelletier: Joan Carreras/ Liz Norton: Chantal Aimáe/ Sra. Bubis: Alícia Pérez / Amalfitano: Andreu Benito.

2. La parte de Amalfitano: Amalfitano: Andreu Benito/ Rosa Amalfitano: Cristina Brondo / Lola: Alícia Pérez/ Decano Guerra: Manuel Carlos Lillo/ Joven Guerra: Ferran Carvajal/ Boris Yeltsin: Félix Pons.

3. La parte de Fate: Fate: Julio Manrique/ Barry Seaman: Pere Arquillué (video)/ Charly Cruz: Xavier Ruano/ Rosita Méndez: Alba Pujol/ Chucho Flores: Félix Pons/ Joven Guerra: Ferran Carvajal/ Guadalupe Roncal: Chantal Aimáe/ Rosa Amalfitano: Cristina Brondo/ Omar Abdul: Joan Carreras/ Jefe de Sección, Amalfitano: Andreu Benito/ Albert Kessler: Manuel Carlos Lillo

4. La parte de los crímenes: Rosita Méndez: Alba Pujol/ Epifanio Galindo: Andreu Benito/ Lalo Cura: Ferran Carvajal/ Pedro Negrete: Manuel Carlos Lillo/ Juan Dios Martínez: Julio Manrique/ Lino Rivera: Félix Pons/ Klaus Haas: Joan Carreras.

5. La parte de Archimboldi: Sra. Bubis: Alícia Pérez/ Hans Reiter: Joan Carreras/ Lotte Reiter: Cristina Brondo/ Hugo Halder: Félix Pons/ Soldado alemán: Julio Manrique/ SS: Ferran Carvajal/ Leo Summer: Manuel Carlos Lillo/ Ingeborg: Chantal Aimáe/ Adivina: Alba Pujol/ Jacob Bubis: Andreu Benito/ Alexander Fírst Pékler: Xavier Ruano.Compañía: Co producción Teatro de Lliure, Festival de Barcelona Grec 2007 y Teatro Cuyés del Cabildo Canaria.

Duración: 5 horas (con cuatro intermedios: tres de 10 minutos y uno de 20 minutos).










martes, 8 de julio de 2008

lunes, 7 de julio de 2008

domingo, 6 de julio de 2008

jueves, 3 de julio de 2008

Exitoso debut tuvo el montaje español de la obra "2666" de Roberto Bolaño

por Ilona Goyeneche
EMOL. 25.01.2008





SANTIAGO. Con casi una hora de retraso, por problemas técnicos, comenzó la obra “2666”, una co-producción Teatro de Lliure, Festival de Barcelona Grec 2007 y Teatro Cuyás del Cabildo de Gran Canaria, y que es uno de los últimos estrenos internacionales de Santiago a Mil.

Un detalle no menor si se considera que la duración del montaje, una adaptación del último libro del fallecido escritor chileno Roberto Bolaño, es de cinco horas. Sin embargo, pese a que terminó pasada la una de la mañana, la cantidad de público asistente era prácticamente la misma del principio. El elenco fue premiado con fuertes aplausos, algunos asistentes incluso se pusieron de pie.

“Yo leí el libro y es impresionante cómo lo adaptaron, es prácticamente igual”, comentaba uno de los asistentes durante uno de los cuatro intermedios que se hicieron entre cada hora de este montaje que se presenta por primera vez fuera de España, tras su estreno en junio pasado en Barcelona.

La obra se divide en cinco bloques que se pueden entender por sí solos pero que, sin embargo, están ligados entre ellos. Mientras que la primera escena parece una suerte de introducción al personaje principal que será el hilo conductor de toda la historia, los siguientes capítulos comienzan a desarrollarse en Santa Teresa, lugar que representa la ciudad mexicana Juárez conocida por los más de 400 femicidios no resueltos.

El largo de la obra se ve compensado por un montaje que no se hace pesado y que se va desarrollando in crescendo. De bloque en bloque la puesta en escena comienza a complejizarse con diálogos más dinámicos, mayor uso del movimiento corporal y con una escenografía que va variando incorporando cada vez más elementos como video y micrófono.A lo largo de la obra los 11 actores, que representan a los 40 personajes de este proyecto inacabado de Bolaño transformado en un libreto por el director Alex Rigola y el adaptador teatral Pablo Ley, van narrando los sucesos como si estuvieran leyendo el libro. Mientras que los primeros tres bloques cuentan una cierta estética y adaptación similar al ritmo de la prosa de Bolaño haciendo referencias sutiles a la historia en torno a los femicidios, las últimas dos horas se desmarcan por un tono de denuncia a veces recargado. La última hora incluso abusa de recursos como imágenes de video y una narración recargada que llega a extenderse en exceso.

Sin embargo, cada una de las cinco escenas de este montaje se diferencian suficientemente como para que puedan encontrar los más diversos adeptos y, pese a que se trata de una adaptación de un libro de más de mil páginas resumidas en cinco horas, el montaje se hace más liviano de lo que se podría imaginar. Amerita una visita, especialmente si se considera que se trata del último y comentado libro de Roberto Bolaño.




Obra: “2666”


Autor: Roberto Bolaño.
Dirección: Alex Rigola.
Elenco: Chantal Aimée, Andreu Benito, Cristina Brondo, Joan Carreras, Ferran Carvajal, Manuel Carlos Lillo, Julio Manrique, Alícia Pérez, Víctor Pi, Fèlix Pons, Alba Pujol.
Compañía: Co producción Teatro de Lliure, Festival de Barcelona Grec 2007 y Teatro Cuyás del Cabildo de Gran Canaria.
Duración: 5 horas en total (con 4 intermedios de 10-10-20-20 minutos respectivamente).



Fotografías: Romero y Campbell





Más información

Matucana 100, Avenida Matucana 100, Santiago.
Funciones: del 24 al 27 de enero.
Horario: 24, 25, 26 de enero a las 19:00 horas y 27 de enero a las 17:00 horas.
Precios: $15.000 entrada general; $5.000 estudiantes y tercera edad.









martes, 1 de julio de 2008

Roberto Bolaño, a Chilean realist and lyricist

by James Wood
International Herald Tribune. 13.04.2007













Over the last few years, Roberto Bolaño's reputation, in English at least, has been spreading in a quiet contagion; the loud arrival of a long novel, "The Savage Detectives," will ensure that few are now untouched. Until recently there was even something a little Masonic about the way Bolaño's name was passed along between readers in this country; I owe my awareness of him to a friend who excitedly lent me a now never-to-be-returned copy of Bolaño's extraordinary novella "By Night in Chile." This wonderfully strange Chilean imaginer, at once a grounded realist and a lyricist of the speculative, who died in 2003 at the age of 50, has been acknowledged for a few years now in the Spanish-speaking world as one of the greatest and most influential modern writers.

The best way to offer a sense of this writer might be to take a scene, and a sentence, from "By Night in Chile," still his greatest work. The book is narrated by Father Urrutia, a dying priest and conservative literary critic, a member of Opus Dei, who comes to emblematize, by the novella's end, the silent complicity of the Chilean literary establishment with the murderous Pinochet regime. In one episode, Father Urrutia is sent to Europe, by Opus Dei agents, to report on the preservation of the churches there. This is where Bolaño's imagination suddenly expands into a magical diorama. Father Urrutia discovers that the chief threat to the churches comes from pigeon excrement, and that all over Europe churches have been using falcons to kill the pests. In Turin, Father Angelo has a fearsome falcon called Othello; in Strasbourg, Father Joseph has one named Xenophon; in Avignon, the murderous falcon is named Ta Gueule, and the narrator watches it in action:

"Ta Gueule appeared again like a lightning bolt, or the abstract idea of a lightning bolt, and stooped on the huge flocks of starlings coming out of the west like swarms of flies, darkening the sky with their erratic fluttering, and after a few minutes the fluttering of the starlings was bloodied, scattered and bloodied, and afternoon on the outskirts of Avignon took on a deep red hue, like the color of sunsets seen from an airplane, or the color of dawns, when the passenger is woken gently by the engines whistling in his ears and lifts up the little blind and sees the horizon marked with a red line, like the planet's femoral artery, or the planet's aorta, gradually swelling, and I saw that swelling blood vessel in the sky over Avignon, the blood-stained flight of the starlings, Ta Gueule splashing color like an Abstract Expressionist painter."

Much of the most successfully daring postwar fiction has been by writers committed to the long dramatic sentence (Bohumil Hrabal, Thomas Bernhard, W.G. Sebald, José Saramago). Bolaño is in their company. That long sentence is a poem, really. It will not surprise you to learn that Bolaño wrote poetry before he wrote fiction. He was born in Chile in 1953, but came of age in Mexico City, where his family had moved in 1968. Returning to Chile in 1973 to help with the socialist revolution as he saw it, he was caught in the Pinochet coup and briefly arrested. He went back to Mexico, where he published two books of verse, and then began a long period of displacement and travel and drug-taking and odd jobs in France and Spain. He died of liver failure in Barcelona. He knew time was short: the fiction that is currently being translated - there are more novellas to come, and a huge novel, "2666," will appear in English next year - was written in a spasm of activity in his last years.

"The Savage Detectives" was published in 1998, but its heart belongs to the Mexico City of the mid-1970s, when Bolaño was an avant-garde poet bristling with mad agendas. Like much of his work, the novel is craftily autobiographical. Its first section is narrated in the form of a diary, by a 17-year-old poet named Juan García Madero who is on the make, erotically and poetically, and who has been asked to join a gang of literary guerrillas who have named themselves the "visceral realists." The group is led by two young poets, Arturo Belano and Ulises Lima, a wild duo who appear elsewhere in Bolaño's work. Lima is based on one of Bolaño's friends, the poet Mario Santiago, and Belano is based on . . . Bolaño.










jueves, 26 de junio de 2008

Review of El secreto del mal, by Roberto Bolaño

por Fermín Rodríguez
San Francisco State University, 2007













No sería del todo justo decir que a Roberto Bolaño (Chile 1953-Barcelona 2003) lo sorprendió la muerte. Y no sólo por la enfermedad crónica que arrastró durante mucho tiempo. Para alguien que, como escritor, tuvo un trato anticipado con la muerte bajo la forma desplazada del problema del final y de los límites del lenguaje, para alguien que exploró las muchas relaciones posibles entre literatura y ausencia (los personajes de Bolaño persiguen la literatura como un sentido que se les escapa), la muerte no pudo haberlo tomado desprevenido. Puede que lo haya encontrado escribiendo, con los ojos bien abiertos, pero nunca sorprenderlo.

Casi simultáneamente, acaban de publicarse en español dos textos póstumos de Roberto Bolaño: La universidad desconocida y El secreto del mal. Los fragmentos de El secreto del mal son restos narrativos dispersos que la muerte prematura de Roberto Bolaño dejó abandonados en esa tierra de nadie que son los papeles no publicados por un autor. Mientas que La universidad desconocida reúne textos poéticos de sus años de formación en Barcelona, dispuestos por el propio Bolaño para su publicación (textos concluidos de un poeta en formación), El secreto del mal es una reunión de notas, esbozos, tanteos, comienzos en falso, de escrituras interrumpidas (textos inconclusos de un narrador consumado).

Con esos archivos sueltos, Ignacio Echeverría –uno de los editores a cargo del prólogo– hizo algo más que poner una veintena de bonus-tracks más o menos trabajados a disposición del lector de los relatos de amor, de locura, de muerte y destierro publicados por Bolaño en Llamadas telefónicas (1997), Putas asesinas (2001) y El gaucho insufrible (2003). Sin fetichizar su material (el plus de valor que la muerte le agrega a un manuscrito), Echeverría hace lo que hacen los críticos –no los glosadores de novedades culturales, alborotados últimamente por la traducción de Los detectives salvajes al inglés: producirle un problema a la literatura a partir de una obra, mirarla bajo una nueva luz, ponerla en perspectiva. En lugar de usar la “obra visible” de Bolaño como parámetro de todo lo que a estos fragmentos le faltan, Echeverría invierte la ecuación: después de todo, propone en el prólogo, el problema de toda la obra de Bolaño fue la inconclusión, de manera que es difícil, si no imposible, distinguir de entre esta “obra invisible” cuáles textos estaban listos para ser publicados y cuáles eran apenas un borrador prematuro o un comienzo en falso.

El problema podría plantearse de otra manera. Bolaño pone en marcha a partir de un título, una anécdota, una palabra. ¿Qué es lo que decide la duración de un relato? ¿Por qué los textos de El secreto del mal eran el germen de cuentos y no de novelas? Los editores vuelven a acertar cuando optan por usar como título El secreto del mal –uno de los cuentos de la serie– en lugar de Nuevos cuentos –el título de la carpeta de Bolaño, porque se trata siempre de historias tramadas como se traman los secretos, donde lo más importante o bien no se quiere decir (como en la “teoría del iceberg” de Hemingway) o bien no se puede decir porque está más allá del lenguaje (las epifanías suburbanas del minimalismo o las iluminaciones profanas del surrealismo). “El secreto del mal”, dice el narrador, “es un cuento inconcluso porque este tipo de historias no tiene un final”. Podrían seguir, pero se interrumpen –como si el terror de la página en blanco estuviera al final y no en el comienzo de la escritura. Así, que lo principal no esté contado porque fue una decisión del escritor, porque el sentido es inefable (un lugar común fatigado por Bolaño) o porque Bolaño se murió se convierte en un problema secundario: se trata siempre de contraer, de cifrar el sentido de la historia sin dar explicaciones, de congelar el final en una imagen cargada de ambigüedad que tira del hilo del relato y lo tensiona emocionalmente. A diferencia de los sorprendentes cierres de Borges, que dejan brillando al texto como una esfera narrativamente pulida y cerrada, sin resquicios, Bolaño deja siempre un hilo narrativo suelto que lleva siempre a una realidad deshilachada.

Como en tantos cuentos de Cortázar (Bolaño no deja de acumular referencias y homenajes), el final es una puerta entreabierta a lo siniestro, a una totalidad entrevista a la que solo puede aludirse un silencio o un vacío de sentido que amenaza al poeta, donde resuena la violencia política del “infierno latinoamericano” y sus provincias mexicana, chilena, colombiana y argentina. Así, la violencia de un cierre abrupto se conecta con la violencia política latente, nunca expuesta directamente –la “estática del infierno” que el escritor capta, como presiente V.S. Naipul en una visita a Buenos Aires en el año 1972 narrada en “Sabios de Sodoma”. En otro de esos textos sobre la vida literaria (“Derivas de la pesada”) donde se necesita nombrar la literatura (sus pasillos, sus agentes, sus guardianes, sus mezquinas tramas) para diferenciarse mejor de ella, Bolaño repasa tradiciones de la literatura argentina que van de los sueños del fantástico hasta las pesadillas “literariamente suicidas, literariamente callejón sin salida” de autores que en los años setenta intentaron hacer volar la literatura en pedazos. A diferencia de Osvaldo Lamborghini –otro exiliado en Barcelona– Bolaño nunca dejó de creer y de confiar en ella. “La literatura es una máquina acorazada”, escribe. “No se preocupa de los escritores. A veces ni siquiera se da cuenta de que éstos están vivos”. Tampoco debería darse cuenta de que están muertos.










domingo, 22 de junio de 2008

Bolaño esencial

por José Ángel Cuevashttp://www.lanzallamas.com/
06.2006





Bolaño nació en Cauquenes
su padre era un camionero / un duro boxeador
peleaba mucho con su madre. Bolaño quería mucho a sus hijos,
su mujer vivía un poco más allá. En otra casa.
Bolaño dice que la literatura chilena es una mierda / que vale hongo seco /
que los obligaría a todos a parar un año entero/
y que leyeran a Parra, desde los Antipoemas al Cristo de Elqui.
Que Neruda tiene sólo Las Residencias. Lo demás es malo.
Que Huidobro es mucho trululú tralalí tralalá, mucho paracaídas.

Bolaño quiso mucho a su amigo Mario Santiago que murió el ‘98
y él murió el 2003.
Que lo que importa en la novela es la estructura /
que el contenido Solo No vale nada.
Bolaño dice que estuvo en la casa de Jaime Quezada para el 11/9/73
y que quiso ir a pelear / pero Quezada estaba muy asustado
Bolaño fue trotskista / pero después se hizo anarquista.

Dice que los escritores de izquierda son malos malos malos
que desprecia a Luis Sepúlveda / Rivera Letelier / a la “Pobre Diamela”
que Zurita es mesiánico, que a Donoso le falla su línea de flotación
y se nota que odia al Chile político, al Chile literario
y sólo le gusta el Chile gastronómico.
Bolaño escribe en las mañanas / con un auricular en la oreja /
a todo volumen.

Su escritura es autobiográfica
trabajó cargando barcos / trabajó vendiendo vírgenes de yeso /
cuidando unos albergues.
Su única patria fueron sus dos hijos.
No pescó a Antonio Skarmeta que mandó a su mucama a invitarlo a su programa /
pero él le dijo que estaba ocupado.
Algo que le aburre a Bolaño es EL DISCURSO VACIO DE LA IZQUIERDA.
Esos jóvenes latinoamericanos que fueron al sacrificio /
dice que su valor es tan grande como su inocencia y su estupidez /
que escribiría una novela sobre detenidos-desaparecidos /
pero que para terminar en una obra de denuncia: mejor no escribe Nada…
El trabaja literatura del Individuo /
sus preferidos son Joyce / Faulkner / Pound y Kafka
el resto: literatura del individuo / La literatura aburrida es la que no asume riegos /
la revolución del Arte
la revolución de la gente
la revolución interior.

Latinoamérica es el manicomio de Europa.
Chile es la metáfora de un País Infernal / en Nocturno de Chile.
Dice que la chatura de Chile va acompañada de una desesperación infinita
500 años de analfabetismo por el lado del Padre
300 años de desidia por el lado de la Madre.
Nada más.







Fotografía: Marcel.Lí Sáenz, 2001